miércoles, 30 de julio de 2014

Qué bonito es tener algo que perder

A veces no nos damos cuenta de lo inmensamente necesarios que nos volvemos para alguien. Siempre nos resalta más nuestra propia dependencia, nuestros sentimientos, nuestro corazón. ¿Pero y cuando somos nosotros las alas de libertad para algún espíritu inquieto?

Allí, ladeada sobre un sofá mullido y tan cálido que emana calor de manera natural, quizá calentado por el sudor de nuestros cuerpos o tan solo por los rayos de sol que lo cuidaron por la tarde. Y sin embargo, siento frío. Unos labios me dicen que vaya, que no tenga miedo, que los precipicios acaban en caídas alucinantes y que si no fuera así, él me salvaría del abismo. Sea como tenga que ser, allí me encuentro, en plena oscuridad y (como única melodía) el acompasado ritmo de nuestras respiraciones jadeantes. Yo, que me conozco más que nadie, me recuerdo la hora que es, que fuera hacen treinta y dos grados, que la matrícula de mi coche acaba en mi número favorito, 23, todo ello cosas que me aten un poco a la vida real. La locura no perdona y me lleva por unas nubes perdidas.

Siento algo dentro que tengo que decir. He de encontrar una manera para verbalizar lo que siento: que mi único objetivo en ese momento es juntar aún más nuestros cuerpos, hacernos uno, bebernos despacito. Pero las palabras son muy fuertes y ya fue dicho por algún sabio, se las lleva el viento. Eso que necesito decir, que mi alma desea gritar no es más que un atronador "te quiero" en medio de tanto silencio desconcertante.

Comienza a temblar. Los músculos se le tensan y se muerde el labio. Él necesita lo mismo, pero es complicado... siempre es complicado. Y de repente, lo único que quieres es explotar, estallar de felicidad y, sobretodo, hacerlo a su lado. Porque sí, los sueños están bien, pero es mejor estar con él. Arena y sal, ginebra y ron. Verano, calor, nuevas experiencias y el contador con las ganas de besarle a tope. 

Al respirarle solo puedes notar azul, un azul despejado que se refleja en el cielo y en sus ojos. En los tuyos su imagen, que denota una admiración especial, como un juguete nuevo que no quieres soltar y que podrías estar horas redescubriendo. Dale la mano, ¿qué más da que sea raro? Corred y daros prisa, no hay tiempo para tonterías. Y reír, reír hasta que los pulmones no os permitan exhalar más . 


A veces, nos damos cuenta de que hemos perdido tanto el tiempo que cuando algo así está delante, probablemente nos tropecemos. Pero tropezarse es bonito, equivocarse es normal y desembarcar excitante. Me pregunta qué me pasa, que tengo mucho peligro, que no me encuentra fallos...yo me derrito y solo soy capaz de dejarle ver una sonrisa y soltar pequeñas carcajadas, esas que muestran que me encanta, que tengo muchas menos virtudes que defectos, que quiero comerle la boca y decirle que las cosas serias nunca fueron lo mío, a pesar de que me iría a un lugar ocre donde amanecer sin prisas a su lado y firmar donde fuera para no soltarle. ¿Las cosas serias? Serio es no ser capaz de dejar de dar tumbos durante años y que aparezca ese ser para el cual eres también su salvación, para que en menos de lo que dura uno de vuestros besos, te haya apetecido decirle mil veces al odio "te quiero".






domingo, 20 de julio de 2014

La poesía de los valientes

-Y para ti, ¿qué es el amor?

-Es como pisar el suelo caliente y suave después de llevar horas y horas pisando la nieve. Es tragar agua cuando caminabas bajo un desierto seco de esperanza. Es sentir que no hay peligro cerca más allá de parpadear y perder a esa persona durante unas fracciones de segundo. Es recrearse en ese pensamiento de seguridad, sonreír, bajar la mirada y estrechar con fuerza a la belleza personificada.

El amor es esa sensación de tener miedo a perder algo, esa sensación tan maravillosa de que no vas a caer; porque confías. Amar es perder el tiempo de una manera tan tonta que cuando mires a un calendario solo recuerdes haber estado una larga estancia en la cama tumbada, escuchando el silencio y desprendiendo la calidez propia del primer rayo de sol del día.

El amor puede ser aquel relámpago que asusta y hace temblar, pero que asombra hasta puntos tan extremos que queremos ser atravesados de arriba a abajo. Amar es empezar a creer de verdad en las cosas no perecederas, en los futuros planeados y en las navidades juntos.

El amor es volver a casa después de un largo viaje y encontrarlo todo tal cual lo habías dejado cuando saliste por última vez de ahí. Es entrar a la cocina y recordar ese olor tan propio del hogar. El amor es no poder dejar de tensar los músculos cuando escuchas su nombre, y no poder evitar ver en todas partes coincidencias que te recuerdan que, en algún lugar, esa persona también piensa constantemente en ti.

El amor es eso que cada uno celebra todas las noches antes de dormir y que conmemora el día de San Valentín, porque las canciones cobran sentido y la música vibra en tu interior. El amor es algo tan mágico que se puede expresar de muchas maneras y en todas direcciones, con una potencia de la que se desconocen los límites. El amor, es la poesía de los más valientes.

viernes, 18 de julio de 2014

Junto a las inmóviles agujas del reloj

Hay ocasiones en las que, simplemente, nos duele el alma. Nos duele el alma y el corazón y toda la presión que somos capaces de imaginar nos aplasta el pecho, impidiendo que la sangre nos caliente y nos haga recuperar la cordura. Cuando esto pasa, todo comienza a desmoronarse y lo que antes parecía un movimiento mecánico, ahora parece la técnica más difícil del mundo.

Estamos hechos para sentir, para llorar, para pasarlo mal y reír sin que nos corten. Estamos hechos para aprender a volar y a soñar con que nos comemos el mundo a bocados grandes muchas veces y otras a pequeños mordisquitos. Sea como sea, necesitamos ayuda. Ese aire fresco que te eleva, que te hace sentir seguro y cálido, que te hace pasarlo bien y reír sin que, en efecto, nadie ni nada te corte. 

Podemos buscar una medicina que nos desatasque la opresión pero lo más probable es que acabemos más hundidos. Besando labios que no nos importan y tirando de calles que sabes que no quieres volver a pisar. Y claro, sumidos en este pozo en el que por desgracia la oscuridad abruma y hiela, aparece.

¿No sabes que los ángeles existen? ¿No te han demostrado que es posible salvarse del infierno? Claro que sí. Que la tristeza y la soledad explotan y se evaporan en unos segundos cuando brotan de la nada espíritus y se implantan en tu vida. 


Dicen que las revoluciones nunca han salido baratas. Al final solo se trata de esperar, dejarse llevar y obviar las cadenas que nos oprimen. Echar de menos a las personas a las que quise a rabiar y ahora rabio por querer. Seguir soñando que estás ahí, en ese campo de tulipanes amarillos, suaves y frescos sobre los que flotabas junto con las inmóviles agujas del reloj.






martes, 8 de julio de 2014

Ángeles blancos y ángeles negros

Y se moría de ganas de que sus corazones se juntasen, de que las estrellas despuntasen las miradas de aquellas trampas mortales en el juego de los dos. Y sentía en el pecho aquella fuerza redonda, cíclica y magnífica que brotaba de dentro como las olas del mar rompen en los acantilados: furiosa, tremenda y absoluta.

La corrosiva sensación no hacía más que recrearla sobre sí misma, sobre ese pensamiento que la hacía florecer después de tanta oscuridad. Y es que antes de hacerse añicos ella era así de valiente, vivaz y sin miedo. Ahora parecía que el amor era el mejor pegamento para su alma descosida, que se iba bordando a cada beso, a cada caricia. 



Empezaba a ser todo como engancharse a una droga: creía que un poco le haría pasárselo bien, que repitiendo experimentaría una sensación bastante hermosa y a la vez dañina, sabía que le pasaría factura, que acabaría cayendo en un agujero, que sólo las alas negras de los ángeles pícaros le podrían hacer volar de tal manera.

Pero no entendía porqué esta vez era la fragilidad de aquel ángel blanco la que le ataba al suelo. Y le encantaba. Le encantaba aquella forma de mirarse, como comerse el mundo con tan solo desearlo. Un poder digno de otros ángeles como ella, que fueran del color que fueran, también los dañaron y ahora buscan recomponerse.


jueves, 3 de julio de 2014

"Lo mejor fue besarse y esa revolución"

Lo mejor de todo fue besarse sin saber que comenzarían una revolución. La evolución de pequeña oruga a mariposa, la metamorfosis más bella que jamás le pudo ocurrir. 

Se distraían con la suave caída de las hojas en otoño, con cómo se derretían los copos de nieve en invierno. Admiraban el florecer de los almendros y sus tonos rosáceos y vislumbraban con asombro los primeros rayos de sol del verano. 

Todo esto, junto con las sensaciones de sus sentidos más desarrollados, pasó a tener menor relevancia cuando sus ojos se enrolaron en semejante locura. Y fue curioso cómo algo tan precioso fue tan efímero, como el tiempo en que aquellos copos tardaban en fundirse.

Pero para comenzar su historia primero hubieron de cometer muchos errores. Quizá el primero fue creer que el amor era algo barato que comprar en los labios de la primera persona que estuviera de oferta, y que el deseo de sus curvas paliaría la sed de placer inmediato. El segundo, y tal vez más importante, fue pensar que el amor no existía, que era una cosa que muy pocos alcanzaban enajenados por una ilusión transitoria. De esto se perdieron muchos momentos mágicos entrelazados entre los brazos de alguien que les diese calor. Finalmente, obviar que las cosas grandes comienzan con algo tan simple como miradas fugaces o suspiros repentinos en la barra de cualquier bar.


Enloquecieron. En poco tiempo se bebían mutuamente sin descanso. Era tan inexplicable que no merece la pena esforzarse en definir algo tan surrealista y a la vez tan real como que la vida se agota, igual que el amor. Es lo que tienen las primaveras, los sonidos definidos, la fugacidad y los colores de una sombra. Terminó, y fueron felices después de eso, pero nunca de la misma manera, nunca maravillados ante esas tres creencias que desmintieron en el momento de conocerse.



Un poco diablo, un poco perdido

Yo ya no sé si soy un poco diablo 
o soy el diablo que aguarda en tu pecho;
solo sé que perdí todo el derecho
a pedir que aflojaras la soga de mi cuello.


Y no rozo el mar en el que era capitán,
ni surco las aguas de tu boca infinita.
Tan solo rompen las olas torcidas
en lo que ahora son cataratas de hielo.

Un hielo ardiente que abrasa el alma,

unas olas nacidas de tu pelo en llamas,
una boca que ocasiona destellos moribundos
y un capitán que hace tiempo perdió el rumbo.

Mas no temo al deseo de admirarte,

ni odio la fragancia que me recuerda a ti,
tan solo me quemo por dentro 
cada vez que pienso que no te tengo aquí.

Pero diciembre es más sabio y el tiempo le concede

el maravilloso privilegio de llevarse mi memoria,
que enraizada a tus alas se rompió como cristal;
de quererte por las noches y cuidarte en las mañanas
o de amarte por las tardes y fijarse en tu mirada.

sábado, 7 de junio de 2014

Castigo emocional

Somos seres automutilados. Nos hacemos daño constantemente con tan solo la fluidez de nuestros pensamientos. Nos destruimos interiormente creando situaciones que ni por asomo tienen porqué suceder. Nos torturamos con preguntas que nos acaban acechando incluso en nuestros sueños; tan solo por una burda imagen ficticia.


Complejos o no, los seres humanos no aprenderemos a despejar la cabeza. Puedes entrenarte, repetirte una y otra vez que es mentira, intentar dejarte llevar, tener fe, no pensar en los problemas y solucionarlos una vez los tienes delante; pero nadie puede resistir a esa especie de castigo autoimpuesto cuando las cosas nos duelen de verdad.

Vaya, ¿será pesimismo? ¿Un poco de decadencia gratuita y pérdida de esperanza por la sociedad? Es posible. Solo sé que esto no sirve de nada. Así que lo mejor será evitar hacer daño y que te lo hagan, sin imaginar constantemente esas hipótesis torturadoras ante las que nos quedamos paralizados como espantapájaros y fantoches bajo el sol.


viernes, 6 de junio de 2014

Hola, soy tú.

Hola, soy el deseo
Vengo para enseñarte a que te relajes, a que te mires al espejo y te digas lo sexy que eres. Vamos, coge el pintalabios rojo y haz que esos preciosos labios despierten las miradas hasta de los menos curiosos.

Hola, soy el amor.
Llamaba a tu puerta para llevarte a dar largos paseos, remar juntos toda una tarde en algún lago perdido. Para que pasásemos veladas en tu cama con tarrinas de helado como menú y caricias infinitas como postre.

Hola, soy el detalle.
¿Te interesa un ramo de rosas? ¿Tal vez una nota en la que te diga que me muero por volver a verte y que aún sigo en el portal esperando a que salgas a abrazarme?

Hola, soy la esperanza.
Solo me apetecía que supieras que de los peores finales surgen nuevos comienzos. Que por cada pensamiento negativo busques tres positivos. Que te enteres de una vez de que si no estuviesen los días grises no valoraríamos tanto aquellos en los que brilla el sol.

Hola, soy la tristeza.
Espero pasarme poco por aquí, no eres de las que se merecen llorar. No te mereces que te machaquen el corazón y como veo que has aprendido a ser más fuerte y valiente que tus enemigos internos, aquí estoy de más.

Hola, soy el miedo.
Tal vez aún no te hayas dado cuenta, pero me tienes más presente de lo que deberías y tengo otras tareas que cumplir. Sé que a veces vengo bien pero eh, tienes que convertir tu vida en una aventura y estas solo lo son cuando tienen pinceladas de mí; si no, sólo serían una anécdota más.

Hola, soy los nervios.
Me voy a tomar unos días de vacaciones, que no te siente mal, pero es que no puedo soportar ver todos los días a tu Templanza. Ella se pasea pavoneante, exhibiéndose con asombrosa chulería y yo...yo ya no tengo cabida.

Hola, soy la risa.
No te olvides de cogerme cuando salgas de casa y guardarme en la boca o en el alma. Si se te olvida algo, que sean las llaves, pero nunca sonreír.

Hola, soy poesía.
Voy a llover todos los días e intentaré que me veas de colores, brillante, con matices de espeso clamor a la felicidad y losas inmensas de confianza. Créame en cada esquina, estoy hasta en el suelo que pisas, en el compás de los relojes, en cada día y cada noche.

Hola, soy venganza.
No sé ni qué haces planteándome en tu vida. Perdona a quien te haga daño y si es insistente...ya sabes que no te conviene mantener en tu vida a personas que no aportan cosas buenas.

Hola, soy la ignorancia.
Lee, investiga, escucha, calla y habla cuando sea necesario. Opina, ten criterio. No te quedes detrás de un muro de cosas inservibles y aprende a cultivarte.

Hola, soy tu instinto.
No me tengas abandonado en el baúl de los recuerdos. Sácame de vez en cuando y que me de el aire. Es importante entrenarme día a día para que podamos comernos el mundo.

Hola, soy la vergüenza
No te tapes, no te escondas, no huyas. Enfréntate al dolor y a lo que te "joda". Sí, sí, lo puedes decir tan alto como quieras "¡ESTO ME JODE!". Ahora tienes que arreglarlo para que no te moleste. Pero eh, no te ofusques en eso ni te quejes continuamente. Si no cambias las cosas es porque no quieres.

Hola, soy esfuerzo
Solo decirte que creo en ti y que tu fuerza de voluntad y yo estamos orgullosos. El primer paso es la mitad del camino.



martes, 3 de junio de 2014

Se me ha olvidado

Tal vez sea que me he olvidado de cómo es estar tan a gusto con alguien que te apetezca comértelo a besos continuamente. Ese debe de ser el motivo por el cual al caminar por el parque veo personas cogidas de la mano y no corazones palpitantes. También, de que al escuchar una canción no me acuerde del rostro, ni del olor, ni de la mirada de nadie. Puede ser que sea, por otro lado, la razón por la que mi vida es más estática, sin altibajos ni peleas ni discusiones que hacen que te hierva la sangre.

Pero la locura es como el amor, solo necesita de un empujón; y a mí siempre me tomaron por loca. No puede ser de otra forma y sé que me enamoraré. Acabaré ilusionada cuando encuentre a alguien y después de un tiempo a su lado sienta el imparable mismo cosquilleo cada vez que me besa. Creeré que esas palabras de amor que se dicen los personajes de una peli cursi es lo que sentimos el uno por el otro.

Y entonces, la monotonía desaparecerá de mi mundo como quien aniquila un molesto insecto, sin dejar pruebas ni recuerdo.

Y entonces, podré decir que la gravedad nos empuja a todos pero no por igual; pues los enamorados que flotan están sometidos a una presión mayor que el resto de mortales.

Y entonces, lloraré cuando me partan el corazón y no seré yo la culpable de asestar estacadas a palpitantes seres ajenos a mi felicidad.

sábado, 31 de mayo de 2014

You found me

Me encontraste. Me encontraste a punto de asfixiarme, de ahogarme entre combustiones ajenas, de caer en el olvido y ser rodeada por hiedra negra. ¿Dónde estabas cuando mis huesos se rompían? ¿Dónde estabas cuando las primaveras se marchitaban?

No importa, ahora estás aquí. Desperté del gélido hielo y mis pestañas, aún cubiertas por inexorables copos de nieve, se deslizaron entre las notas musicales de tu mirada. Alargaste la mano y esa energía tan propia de los últimos rayos de sol ardió en mí. ¿Dónde estabas cuando me clavaban mil cuchillos? ¿Donde estabas cuando todo era sombrío?

Aparecer en medio de esa gigante pradera verde, solo contigo, con tus ojos azules y tu cabello rizado haciendo caracoles por la frente. ¿Eres real? Corres y pareces esculpido en el bloque marmóreo más perfecto del universo. Sonríes y las estrellas envidian el brillo de tus dientes. ¿Dónde estabas cuando se me olvidó el significado de la palabra "belleza"? ¿Dónde estabas cuando no sabía a dónde ir?

Y cuando me besas, el mundo vuelve a ser como antes, con tiempo que se pasa rápido, buenas noches de caramelo y sábanas blancas. Y cuando me agarras de la cintura parece que volvemos allí, a ese hielo que me tenía encerrada, porque siento tanta seguridad que cuando me sueltas me quedo indefensa. Pero la realidad es que sigues protegiéndome, mi héroe de otoño, mi príncipe de color del arco iris. 


Sabes salvar vidas, sabes hacerme sentir, sabes que podrías seguir incansable hasta encontrarme, sabes que seguiría escondiéndome si fuera tan maravilloso redescubrirte. Hazme el amor como lo haces todo, con paciencia y cariño. Quítame las medias con fuerza y diviértete haciendo carreras en ellas. Hazme esperar. Deslízate por los surcos de mi espalda. Muérdeme flojito las orejas y cuenta los lunares de mi cuerpo. Haz que la noche se acabe con una sonrisa en mi boca y gritos ahogados flotando en el aire. 


Me encontraste. Me encontré.

miércoles, 28 de mayo de 2014

9.9

Los que me conocéis sabéis lo mucho que me gusta esta foto. ¿Por qué? Supongo que será, además de la persona que me lo enseñó que lo quiero muchísimo, porque me ha dado ánimos. Curiosamente, aparecía en mi escritorio o en mi móvil cuando las cosas no iban bien y me ha sacado de ese estado mental de vacío y soledad que, estúpida y frecuentemente, sentimos. 
Libertad. También será que me transmite eso. Ilusión y descanso después del trabajo bien hecho. Incertidumbre por un camino que queda por recorrer.

Hoy, cierro una etapa. Bajo la persiana a Bachillerato para enfrentarme a Selectividad y después...bueno, después empieza la verdadera aventura. Si supierais cómo lo pasé al final de 1º de Bachillerato...con un puñetero bulto en el ovario que no sabía cuándo me iban a operar, con presión por la nota, con un lío en la cabeza y en el corazón imposible de enlazar de forma correcta en mi vida. Empecé 2º con muchas ganas, sin el bulto, con las ideas bien claras y más valiente que nunca. ¿Sabéis qué? Ha pasado muy rápido, más de lo que me hubiera gustado. Porque ha sido más difícil, duro e intenso que 1º Bach, pero me lo he pasado tan bien, he aprendido de verdad valores, he conocido mejor a personas increíbles, he vivido meses alucinantes de estrés y estudio, me he demostrado a mí misma que puedo con lo que me echen y más, que soy una leona, que siempre se puede tensar un poco más la cuerda y que no se va a romper porque soy capaz de eso y más. 

También sé que trabajo mejor bajo presión y que los nervios no me traicionan (al menos por el momento), pero que la vida está para disfrutarla y que detenerte para preguntarte qué narices haces te salva de más de un error. Con una media de 9,9 me voy a despedir hoy del mundo. Siendo feliz, sonriendo, disfrutando de las vistas, pensando en todo lo que el camino tiene por ofrecerme y sobretodo sabiendo que me voy a lanzar sin miedo ninguno.

I'll be OK, not just TODAY, Dezba.



domingo, 25 de mayo de 2014

El bosque del espejo

Un sabor dulce que desconcentre. Un sol ardiente al que duela mirar. Una mañana gris en la que quedarme en la cama. Las ganas de inventar que acaban en explosiones de colores. Que el calendario me recuerde una cita importante y que el viento se lleve mis aspiraciones de ir a donde sea.

Este paseo que no acaba nunca. Las manos tan puras como una azucena naranja que recién ha florecido en medio de un perturbado jardín negro. Sigo caminando, por un camino incierto en el que las espinas brotan del suelo y pretenden atravesarme los pies. La sangre brota y oscurece de rojo carmín este camisón blanco que no recuerdo de donde salió. Solo sé que tengo frío y me duele; hay algo que me duele.
Creo que lo comprendo…estoy en un bosque lleno de niebla. Tal vez esto sea mi interior, mi mundo, la parte de mí que lleva gritando desconsoladamente que le preste atención porque las cosas no van bien y que, ignorada, me ha atrapado para no dejarme salir hasta que no encuentre la paz. Está bien…caminemos.

Empieza a oler a metal. Pronto me doy cuenta de que estoy sangrando realmente. Pero no me duele nada, no. Esto debe de ser todas aquellas veces en las que me callo las cosas, en las que reprimo lo que pienso para que no duela…pero lo cierto es que no se puede ocultar el dolor y acaba brotando descontroladamente para avisarnos de que nos pudrimos.

Este frío empieza a calarme los huesos. No lo soporto. No soporto que las cosas persistan tanto. En efecto, este frío es el que me indica que tengo que ser más tolerante y resistente; fijarme menos en las tonterías para afrontar las cosas duras. No permitir que nadie que quiera pararme lo consiga.

A pesar de todo ello, prosigo y avanzo. Hay árboles gigantes por todas partes. Sus troncos son gruesos y parece que lleven ahí siglos. Las raíces sobresalen del suelo y me hacen tropezar. Me intento levantar pero caigo de nuevo. Será que tengo que aprender a saltar los problemas para no tropezar dos veces y cometer el mismo error. “Levántate” me digo.

Hay a lo lejos una piedra grande y plana. Voy a acercarme. La rodea hiedra e incontables insectos. Me intento alejar porque el hedor es demasiado insoportable. Hay una pequeña inscripción: “Sácame”. Puedo distinguir el mango de una espada, que brilla bajo la tenue luz de este bosque tan sombrío. Pongo las manos en la empuñadura y con toda la fuerza de la que dispongo, tiro de ella. Me cuesta, no es suficiente. No dudo en pedir ayuda, me pido ayuda a mí misma, al dragón que tengo dentro, al león fuerte que ruge cuando lo necesito y que ha estado dormido hasta el momento. Y entonces: luz, fuego, calor. Como una ola de espuma fresca en el desierto se presentó ante mí una espada capaz de vencer a las más terribles fieras. Sí, hay que sacar fuerzas de uno mismo porque somos tan fuertes como queramos aprender a serlo.

Una vez armada ya no tengo miedo. Podría atrapar un corazón, enfrentarme a mil demonios, subir una montaña y dominar a las bestias del infierno. Pero me falta algo. No sé qué es. Hay alguien más en el bosque. Algo me empuja a acercarme, pero no se gira. Grito, con todas mis fuerzas para que me oiga. Sé su nombre, incluso conozco su rostro a pesar de que esté de espaldas. Soy yo. ¿Por qué no me hace caso? ¿Por qué no aprendemos de nuestra parte oscura? ¿Por qué nos damos la espalda? Se vuelve a oscurecer el bosque, desaparece mi espada y el frío me arrincona de nuevo. Aún queda camino por recorrer, aún quedan huellas que hacer.


Nunca es tarde para conocernos, para encontrar un sabor dulce que desconcentre, para admirar un sol ardiente o meterte en la cama una fría mañana de invierno. Nunca es tarde para permitirnos olvidar citas y permitirnos tiempo a nosotros mismos. Nunca es tarde para entrar en nuestro bosque y tratar de encontrarnos.

Iglús sin primavera

Caricias sin escalofríos,
aire sin contaminar,
cafés que no queman,
una aguja sin pajar.

Iglús sin primavera
que hielan al entrar;
pues no tienen ni tejado
y no hay pista de esquimal.

Relojes sin arena
y desiertos sin sol,
coches fúnebres sin muertos,
domingos con despertador.

Libros vacíos de historias,
besos que se tienen que ocultar,
pues no hay nada tras ellos,
solo sexo en un desván.

Miradas no lascivas
que se pierden al entrar
en laberintos directos
a una puerta sin cerrar.

Ascensores sin botones
que llevan al subsuelo.
Calles sin huecos,
funerales sin entierros.

Cigarros sin ceniza,
pisadas sin huella,
borracheras sin resaca,
vida que no es vida.

Tiempo al tiempo hay que dar
para que nos saque de la paradoja
en la que te encuentras a veces,
sin morir por atardeceres
ni iglús en primavera.

domingo, 18 de mayo de 2014

Dame un Octubre que me sepa a Diciembre

Dame un Octubre que me sepa a Diciembre, cuéntame que no hay otra como yo, que las ondas de mi pelo imperfectas caen con sutileza, que las tierras esconden secretos y el espacio misterios. Otórgame el poder de la sinestesia, ese que hace que me enamore de tu boca y me bañe en el mar de tus ojos. Písame los miedos y las dudas; písamelas para desprenderme de lo que me impide tirarme al vacío.

Aráñame como si fuéramos gatos mojados en el sudor del deseo. Tírame del pelo y muérdeme los labios, pues hace tiempo que ambos sabemos que no estamos para perdernos entre excusas de orgullo.


Pídeme que te ame, que seamos "nuestros". Tráeme el desayuno a la cama...advierto que te lo tiraré encima porque me muero de amor al verte despeinado y haciéndome feliz. Cumplamos algunos tópicos, para que no se diga que somos meros experimentos de un amor no consolidado. Pero seamos los que engendren una bola de nieve de locura, creciente e incansable en la caída por la colina del futuro.


Descríbeme el ángel que parezco cuando me pongo ese vestido que te gusta tanto, pero que soy una diosa mil veces más poderosa cuando, desnuda, me atrapas entre tus manos y me amas en lo más profundo. ¿Qué debo decir? ¿Que no me encanta arreglarme para ti? Te mentiría; adoro que me veas el alma bonita y el corazón rebosante. 

Y si hay un último deseo que pudieras cumplir sería de nuevo regalarme Octubres con sabor a Diciembres, tumbados en el sofá sin hacer nada más que respirarnos hasta expirar en la espiración más maravillosa del mundo. Octubre tras Octubre, Diciembre tras Diciembre.

sábado, 10 de mayo de 2014

Iba a decirte algo bonito y se me adelantó una sonrisa

Iba a decirte algo bonito, pero entonces te presentaste y tú misma dijiste la cosa más bella del mundo: tu nombre. Se me escapó en un instante la primera sonrisa que derroché pensando en ti, como la luz más potente que acaba con un destello fugaz en el momento en el que me llamaste la atención porque me quedé embobado mirando las ondas de tu pelo.

Me imaginé todos los escenarios posibles en los que tener un pretexto para abrazarte. Comenté al viento que quería oler siempre tu perfume para que el delirio se hiciera conmigo cada vez que, en pequeñas dosis, tu fragancia llegase a mi. La danza de tu vestido me demostraba que tenías un pacto con el viento, y se me quedó una espina clavada, pensando que no podría respirarte siempre que quisiera. 

Dicen que nunca llega tarde el gran amor; pero también dicen que el primero es el que más marca. Tienen razón, el gran amor tarda en llegar pero llega y entonces el tiempo se torna relativo y te olvidas de la exasperante búsqueda. Es cierto que esa locura tan propia de las primeras tardes, el primer agarre de mano, de cintura, la primera vez haciendo el amor, estrenar estrellas a su lado cada noche, comprar sonrisas al precio de tan solo una mirada, regalar explosiones de felicidad al mundo si está cerca...todo eso es muy propio del primer amor.

Me susurraste que si no aprendía a volar, perdía el tiempo contigo. Tenías razón, eres de esa clase de chicas que les gusta rozar el cielo, hacen disparates y correr, correr tan alto y tan rápido que dejas atrás a la vida y tú misma te elevas. Nunca me extrañó, pues estuve seguro de que eras un ángel que, afortunadamente para mí, había caído desalado en este mundo.

Y entonces, como siempre, una especie de justicia poética decidió irrumpir en esta burbuja de amor clandestino que teníamos. Resulta que hay que tener cuidado con los miedos, porque les encanta robar sueños. Tan rápido como viniste, te marchaste. Dejando tan solo un hilo de tu sujetador bajo mi almohada y algo de repulsión hacia ti en mi alma. Pero cómo te iba a odiar ni aunque me abandonases...porque cada vez que volvieses sabría que tú eres mi primer amor, mi gran y único primer amor.


miércoles, 7 de mayo de 2014

HUGO CAAMAÑO, CAP. 4: Los colores de una sombra pueden ser maravillosos

Las flores comenzaban a brotar; eso alegraba a la encantadora Paula. Llevaban casados dos años y cinco meses, desde el 23 de octubre de 1990. Fue un día bonito, sin incidentes ni lluvia, en la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción, Valladolid. Estaban de viaje en Santander, disfrutando de la recién llegada primavera. La brisa era suave y elevaba el lacio y brillante pelo de Paula. La había conocido en un congreso de patologías mes y medio después de haber regresado a su ciudad natal y, a pesar de no haber sido un flechazo, ella le rescató del caos en que Hugo había convertido su vida.

Ahora se veía junto a ella, con una amplia casa, con menos manías, más feliz y con futuros planes de hijos. Era una buena vida. Tenían tiempo para viajar y descubrir lugares juntos. Sin embargo, en el interior de Hugo, en su esencia más pura, todavía quedaba algo de color rojo.

Decidieron parar en Santillana del Mar a tomar un café. Era media tarde y empezaba a refrescar. Se sentaron en una terraza sobre suelo empedrado y esperaron a que el camarero les tomara nota. Una vez este se encontró frente a ellos y Hugo abría la boca para coger aire y que de ella salieran las palabras “un cortado”, se quedó perplejo mirando hacia una dirección, y estas cuatro sílabas se ahogaron en lo más profundo de su garganta. Hubo un día en el que juró que jamás había conocido a alguien con tanta magia, capaz de brillar incluso rodeada de gente.
-“Cariño, ¿qué pasa?” murmuró Paula, algo avergonzada. No obtuvo respuesta. Hugo se levantó, tirando hacia atrás la silla torpemente y desapareció entre las callejuelas. –“Póngale un cappuccino, él no es de cortados.”

Es un tópico: los hombres casi nunca olvidan, las mujeres un día dicen se acabó y se acabó; lo peligroso de aquello fue que Lucía era la que había puesto tres puntos suspensivos a la historia…Hugo fue quien borró dos.

La observó: llevaba gafas de sol que escondían sus verdes ojos. Esos cinco años le habían sentado bien, estaba más mayor, más madura. Ya no presentaba la fragilidad de una niña, sino que era la leona que siempre llevó dentro, la leona que amaba la libertad por encima de todo y a la que siempre le fue fiel en cada paso, cada aliento, cada calada y cada sueño.

Parecía distraída buscando un libro en una pequeña y antigua librería. ¿Qué hacía allí? ¿Había sido casualidad? ¿Le habría buscado? El doctor estaba hecho un lío y se fue acercando cada vez más a ella. El mundo pareció pararse cuando Lucía leyó en voz alta la introducción del raído libro que sujetaba en las manos: -“Ojalá llueva hoy y el agua fría se lleve el sabor amargo de esta pesadumbre causada por el vacío de tus besos”. Qué adecuado, ¿no crees Hugo?

Puñaladas en el corazón cuando escuchó su nombre de la boca de Lucía.                                       –Para sanar una herida debes dejar de tocarla, te lo dice un médico. ¿Qué haces aquí? -Tranquilo, no te espío. Ni siquiera sabía que estabas con alguien, os he visto cuando he pasado por las cafeterías y he intentado que no me reconocieras poniéndome las gafas. He venido porque necesitaba hacer un viaje, las cosas no han sido fáciles y ya sabes cómo es el pueblo. También sabes que mi vida se basa en ir sobre la marcha.- El viento jugaba con su pelo y Hugo moría de envidia.  –En tu vida puedes hacer de todo un problema o de todo una solución; la elección depende de ti Lucía.

-Venga Hugo, ¿qué estás diciendo? Te fuiste, me dejaste sola en Fornelos. Todos creyeron que me había vuelto loca porque estuve sin salir de casa durante meses. Me apagué Hugo, me morí. Ahora soy de nieve.  - Hugo pensó que sí, que era de fría y hermosa nieve, de esa que corta la respiración, quema al tacto y puede matar en pocas horas. Claro que era de nieve, aunque se creía más fría de lo que en realidad era, pues el doctor siempre tenía presente algo que ella ignoraba: el hielo también quema. Lucía prosiguió, con la furia de una pantera enardecida: -Fui tan fuerte que incluso te amé con el corazón roto. No poder olvidarte, ni a ti ni a todos los momentos que pasamos juntos… ¿sabes lo humillada que me sentí cuando te largaste sin dar explicaciones? ¿Qué se supone que le tenía que decir a la gente cuando me preguntaban? Todos me miraban con pena Hugo, todos. Y ahora el destino me vuelve a poner a prueba…al verte sentado ahí, increíblemente feliz se me ha abierto la herida. Y no es cuestión de tocarla Hugo, las heridas que no cicatrizan no se curan.

-¿Crees que para mí fue fácil? ¿Crees que no me hundí? Me marché porque necesitaba encontrarme. Fornelos no era mi lugar y arrastrarte conmigo me parecía egoísta. Rompí mil relojes porque el tiempo te alejaba de mí. Pensé que lo peor era echarme de menos a mí mismo; pero lo realmente terrible vino al echar de menos a la persona que me había hecho sentir amor y hasta su caminar, su despertar, su forma de mirar, su mal humor, su estar mejor.
-Me costó Hugo. No he vuelto a conocer a ningún hombre. Tampoco tengo interés en hacerlo. Pero ya he aprendido que lo importante no es “tiempo al tiempo”, sino disfrutar en lo que eso ocurre.

-“O pudrirte por dentro o bailar al ritmo de la vida”, una valiosa lección que me diste. –Ambos sonrieron sarcásticamente. Lucía, que ya hacía rato que se había quitado las gafas, lo miró con deseo. Luchaba interiormente para no recordarle, pero el amor es más fuerte. –Sonríe Lucía, es la segunda mejor cosa que puedes hacer con la boca.

Se quedaron perplejos. No era posible que Hugo le hubiera dicho eso. Lo cierto es que le había salido del alma, como la oruga que piensa que el mundo se acaba y sale volando convertida en mariposa. Lucía cerró el libro, lo dejó apresuradamente en el sitio de donde lo había cogido y se fundió en un beso con él. Fue dulce; del tipo de dulzura que hace que algo difícil acabe saliendo bien. No deberían haberlo hecho, ya no era su momento; este pasó cuando, a pesar de que tenían el pincel y los colores, no fueron capaces de pintar un paraíso duradero en el que sumergirse. Pero, ¿cómo no amarla? Si tenía el alma más cálida del mundo y lo elegía a él para guardarle ahí.

En medio de ese pensamiento, fue ella quien alejó los labios primero. Cerró los ojos fuerte, arrepintiéndose. Lo miró durante unos segundos, se mordió el labio y se rio; siempre había creído que la risa era la música del alma. Ocultó en la medida de lo posible su dolor, pero tenía que marcharse y no seguir allí plantada, tampoco pretendía cambiarle la vida de nuevo. Se colocó las gafas de sol, le dio un beso en la mejilla y se despidió con una lágrima que se le escurría por la cara y diciéndole que los colores de una sombra pueden ser maravillosos. Él no la entendió, pero se refería a que procurase disfrutar de las pequeñas cosas que se le presenten, que la belleza no está solo en las cosas hermosas, que el amor existe de muchas maneras aunque no se engendre en una única persona, que creyese en su fuerza interior y que intentara ser susceptible de vivir una aventura cada uno del resto de sus días.

Volvió a la mesa donde le esperaba su esposa, pálido y tembloroso. El cappuccino estaba frío, pero se lo tomó de todas formas. Paula le pasó la mano por la barba y le preguntó si estaba bien. Hugo se sinceró, le contó lo sucedido desde que viajó a A Coruña y conoció a Lucía hasta minutos antes de regresar a su lado; no podía callárselo. Asombrosamente, Paula lo entendió y no se alteró. Ella lo amaba y no podía castigarlo por algo así, en esta vida hay que cerrar capítulos y si ese capítulo tenía que cerrarse en aquella tarde, ella no lo iba a impedir. –Ya no la quiero, es cierto…pero cuando la quise, mi voz buscaba el viento para tocar sus oídos.


La pareja siguió hablando del tema en la terraza hasta que se hizo de noche y decidieron regresar al hotel. Aquella noche llovió y, efectivamente, el agua fría se llevó el sabor amargo de esa pesadumbre que le había causado el vacío de sus besos.

Y que para mí no estás

No sé si escribirte,
si buscarte entre las páginas de algún libro,
si comprar un billete de tren para acercarme a donde estés.

No sé si pensarte,
si dejar que el tiempo pase 
hasta que la vida caprichosa nos deje atados.

He encontrado un zapato
¿seré la cenicienta que encierre tu cuento?
¿seré yo caperucita y tú mi lobo hambriento?

He perdido la cuenta
entre ecuaciones matemáticas y pensares filosóficos,
de esos que dictan que los corazones dejan de ser mágicos.

Ya no sé ni lo que digo,
solo digo lo que ni tan solo hago;
que ojalá fuera el destino quien quisiera ponerme a tu lado.

Pues ni mis pupilas te conocen,
ni mis labios te han rozado;
solo sé que existes y que para mí no estás, amado.

lunes, 5 de mayo de 2014

Al compás de dos te amo. El, ella.

A él le gustaba la vida fácil, aquella en la que el placer se encontraba en el sonido de una cerveza fresca y espumeante abriéndose. Una cómoda rutina en la que uno no podía perderse pero sí salir de vez en cuando. Quizá para ir un fin de semana a un pueblo cercano en donde disfrutar del sol y del ambiente. Ir al bar, tirar unos dardos, ver los partidos con emoción y que ganaran sus colores. Todo eso representaba para él una hedonista idea de lo que quería prolongar, no sabía si por mucho o poco tiempo, pero sí tenía claro que quería disfrutarlo tanto como le fuera posible.


Por otro lado se encontraba ella: risueña, nerviosa, estricta consigo misma y maniática, algo extravagante. Hasta su andar demostraba que era feliz observando la naturaleza, a pequeños saltos, que por las mañanas se acompasaban con el piar de los pájaros. No le gustaba esperar, la impuntualidad y la mediocridad eran cosas que sin duda le molestaban. Era fuerte, y le encantaba demostrarlo; esa seguridad que derrochaba al hablar, esos gestos que se notaba le salían del alma y a la vez estaban tan bien pensados, esas miradas penetrantes que acababan por conseguir sus propósitos, ese perfume configurado a base de su misma esencia. Sin embargo, y de una manera extraña, en la intimidad le gustaba que esa dura corteza se limara y dejar al descubierto a la joven y frágil parte de ella que estaba deseando ser amada con pasión.



Se compenetraban realmente bien. Al verlos, los guionistas de cine y los mejores escritores sentían envidia, pues sabían que no serían capaces de relatar algo tan hermoso como ese amor que ellos sostenían de una manera mágicamente espontánea. Hay que decir que entre ellos algo chirriaba, algo que no debería ser un problema, porque las aspiraciones que cada uno tenía eran personales y en lo que era su presente no era importante. Tal vez él lo viera así, tal vez ella se corrompía por dentro cada vez que llegaba a casa  y veía en el sumidero horas y horas tiradas de mala manera por su amado frente al televisor.


¿Era tan relevante como para que deteriorase una relación? ¿Por qué no podían tan solo evitar ser tan extremos y ayudarse mutuamente? Eso era el camino difícil y el orgullo les pudo. La calma se adueñó de él e histeria la dominaba a ella. Por eso, entre tanto orden desordenado de amor sin frenos, la misma cordura pegó un acelerón y la dignidad de la locura se rompió en mil pedazos, dejando un recuerdo que se les clavó en el corazón.

Años más tarde se volvieron a encontrar. Él caminaba despacio, pensando en cómo solucionar sus deudas y buscar un trabajo. Ella prácticamente corría, alterada y sin un segundo que regalarle al sol para que le calentase, dándose cuenta de que aquello no era vida. Se miraron y el tiempo se les volvió a escapar, pero esta vez no iba por un sumidero, sino que impactó en el suelo junto una lágrima que ambos soltaron al compás de dos "te amo".

sábado, 3 de mayo de 2014

Y ella...bueno, ella movía tus hilos.

Has tenido la gran suerte, o la gran desventaja,
de enamorarte de una mujer que quema,
de una mujer que levanta huracanes,
de una mujer que incendia bibliotecas,
que susurraba a su amigo el viento
que los relojes y el tiempo no podrían con ella.

Has caído en las gigantes telarañas
de una mujer de las que impone mirar a los ojos;
porque son esmeraldas que asustan,
serpientes que petrifican como hijas de Medusa.
De una mujer con la que te pasabas horas tirado en la cama
sin darte cuenta de que te estaba drogando a punta de mirada.

Te has enamorado de su magia, 
de su pensamiento divino,
de su cuerpo frío,
de su andar hipnotizante,
de su hablar tan penetrante,
de su pelo tan brillante. 

Y es que te habías olvidado 
de que el corazón se puede robar,
de lo que significa dejar de ser ser uno más,
de que los suspiros son como gotas de agua en el mar,
que no merecen la pena si no les sigue un beso.
De que su risa derretía desiertos de hielo,
de que su olor helaba la sangre y el fuego.


Habías intentado fusilar esos momentos
tan podridamente inciertos 
en los que tú eras su marioneta
y ella...bueno, ella movía tus hilos.






viernes, 2 de mayo de 2014

Interior, sociedad y política

Todos tenemos una fuerza interior, eso está claro. Pero, además de eso, tenemos una parte algo más oscura que está situada en una zona muy profunda de nuestro ser;  en la mayoría de los casos no hemos conocido ni la nuestra. Sólo en determinadas situaciones extremas la sacamos y es la más fuerte e increíble, aunque es cierto que también la más incontrolable y despiadada. ¿Será que cada uno de nosotros lleva un monstruo dentro que sale cuando las cosas no van bien? ¿Cuándo hay algo que nos desestabiliza al máximo? ¿Cuándo nos morimos de miedo y nos sentimos acorralados? ¿Cuándo la soledad actúa como una lápida sobre nosotros?

Vivimos entre algodones, en un laberinto de comodidad que ha variado la forma del peligro. Ahora no corremos detrás de una presa, somos generaciones de grasa que no quieren esperar más de tres minutos y medio a microondas en tener su comida preparada. Ya no disfrutamos con un atardecer, ahora el tiempo se escapa delante nuestra mientras estamos más ocupados mirando una pantalla que el horizonte. Ya no vivimos en sociedad, la sociedad sobrevive mientras la machacamos y nos hundimos con ella.

Me pregunto si de verdad alguien cree más importante que su hijo lleve ropa de marca y sea el que más “bienes” materiales tenga en vez de que saque buenas notas, sea buena persona, entienda el valor del trabajo,  la recompensa del esfuerzo y que intente ser feliz. Lo peor es que sé la respuesta: mientras sea más importante una cerveza y fútbol en el bar o ver ciertos programas de televisión basura que disfrutar de tu familia y educar a tus hijos en ciertos valores, vamos a un futuro de mierda.

También quiero aclarar una cosa, habrá gente que piense que no es necesario sacar buenas notas o trabajar y que equiparar eso a ser feliz es un error. Bueno, tengo que decir que para mí sacar buenas notas se traslada a felicidad en tanto que veo una recompensa por mi esfuerzo y que tener un trabajo es importante porque da una seguridad económica y, por desgracia solo en algunos casos, te realiza como persona. ¿No es importante el factor económico? No estoy de acuerdo. Tener una “seguridad económica” (como he dicho) para cubrir ciertas necesidades básicas sí me parece muy necesario. E intentar vivir al margen de la sociedad sin contribuir económicamente me parece un poco hipócrita, porque todos vamos al médico y queremos que se nos pague una operación que nos puede salvar la vida; todos vamos por calles asfaltadas y nos llega a casa luz y agua por unas instalaciones que todos hemos pagado. Es que hasta para encender la luz del semáforo, que permite que la circulación sea lo más “segura”, es necesario que todos paguemos. Y bueno, me estoy desviando del tema, pero tenía que decirlo, esa gente que quiere vivir al margen, antisistema que van de progres, creo que tenéis que enteraros de que hay muchas cosas además de la corrupción en política y que sí, es necesario que haya políticos, nos gusten más o menos.

Ese es otro tema del que quería hablar. La gente roba las toallas de los hoteles (por las cuales no, no pagáis, se paga la estancia o comida), lo que son muestras de algo cogen en cantidades industriales porque, total, es “gratis”, y hasta las tizas o los caramelos que se ponen en los centros de salud. Estoy segurísima de que la mayoría de personas que hacen esas cosas, si tuvieran delante 7 millones de euros y alguien les asegurara que no le van a pillar, se quedaría con un dinero que es de todos y que no le pertenece. ¿Qué estáis exigiendo de respeto si para empezar no respetáis las cosas más básicas? Alguien dirá que estoy exagerando, y sí, estoy exagerando porque no es lo mismo robar veinte caramelos que tal cantidad de dinero. Pero entended qué quiero decir, perdemos el derecho a exigir en el momento en que nos comportamos como ellos pero de forma aún más rastrera.


Y para finalizar quiero decir que deberíamos de sacar una parte más humana, más natural, más salvaje. Aunque puede que sea difícil, hay que compaginarlo con educación y respeto. ¿Llegará un día en que eso ocurra? Mal lo veo…

martes, 29 de abril de 2014

Así, pensando un poco en todo

Qué ganas tengo. La verdad es que lo he tenido tan claro siempre, que hasta me asusta pensar el poco apego que le tengo a mi pueblo, familia o amigos; aunque yo sé que realmente no se trata de poco apego, pues los quiero a todos infinitamente y si hay algo que me siento es san vicentera. Lo que realmente me pasa es sencillo: siempre he sido ese potrillo alado difícil de domar, abogada del diablo, defensora de las causas perdidas, etérea y soñadora. Creer en la magia del mundo, que es posible cambiarlo y que estamos aquí para ser felices son factores que también han influido para que no me sienta en casa de nadie y a la vez pueda hacer de casi cualquier sitio mi hogar.

Y eso es así, no tardo en acostumbrarme a los sitios, ni a los cambios, ni siquiera a las personas. Recuerdo una noche de hace dos años en la que me bajé del coche pensando en qué suerte tenía mi hermana mayor por hacer selectividad, tener 18 y desaparecer, pudiendo encontrar nuevas gentes y comerse el mundo. Ahora soy yo quien está en esa situación pero no me siento tan fuerte ni valiente, es más bien como estar a punto de saltar a un precipicio en el que abajo hay colocado un buen colchón que evita el fuerte impacto, pero que no quita el miedo. Es ese miedo, esa sensación de caer, de sentirte pluma y plomo a la vez la que voy a tener que vivir sí o sí. Y me muero de ganas como ya he dicho, aunque no me vaya a sacar el carné de conducir nada más ser mayor de edad ni salga a estudiar fuera de España, las posibilidades que se me ofrecen son enormes; y pienso subirme a todos los trenes que sea y aprovecharlo. ¿Va a ser duro? No lo dudo. ¿Voy a tener ganas de abandonar? Ya lo creo. ¿Voy a llorar? Como la que más. Pero también sé que si no lo hago, si no salto, me quedaré anclada y me preguntaré constantemente cómo fui tan cobarde de permitir que algo así se me fuera de las manos.


Qué asombroso me parece que haya personas que, teniendo la oportunidad de marcharse, decidan quedarse por el novio/a, los amigos, porque no se ven capaces de vivir solos…¿en qué piensan? Hay gente que sacrificaría muchísimo por lo mismo que ellos rechazan sin reparo ni vergüenza a decir que “vivir en casa es muy cómodo”. ¿CÓMODO? Dios, claro que es más cómodo, pero creo que es este año el punto de inflexión en el que hemos de arriesgarnos y suplantar comodidad por sacrificio y pasividad por valentía. Al fin y al cabo, se trata de echarle un par, sonreír y superar.