jueves, 29 de octubre de 2015

Un barco de aire

Siempre serás ese misterio encerrado en una puerta sin picaporte, la prisa que tiene el sol por salir cada mañana y la lenta puesta de sol que se despide maleducada.
Siempre serás el pegamento que une la burbuja rota en la que me encuentro y los agujeros de gusano de un universo que sea menos gigante. La aguja de la brújula que señala el sur y no el camino que debo seguir.
Siempre serás ese "quiero y no puedo" en el equilibrio entre morderte o no el labio y el arte de escribir una poesía a la estrella más brillante.
Siempre tendrás el nosequé que me vuelve loca de alegría cuando alguien dice tu nombre; y el impulso necesario para que el corazón se me dispare.

Serás ese crimen sin resolver que me lleva de cabeza al insomnio cuando, en las noches en las que más frío hace, te presentas como el asesino de mis pesadillas.
Puede ser, que nunca deje de pensar en lo que habría sido y de hecho es con alguien que no soy yo. Que el carmín que un día se quede marcado en tu mejilla me haga rabiar de dolor y envidia, que la realidad sea que cuando te llame le hable a tu contestador.

Ni el momento ni el lugar, ni los mejores compañeros nos abrazaron esa noche. Tal vez, y digo como un dubitativo muy aplastante, aún sigues sabiendo todo lo bien que encajaríamos si las cosas no hubieran sido como fueron...aún siendo una canción tan ideal, un número par, una temperatura perfecta entre tus brazos y el balance de alturas mejor planteado. Como el barco de papel más estable que acaba hundiéndose irremediablemente mientras espero sentada a que se vuelva de aire.

domingo, 4 de octubre de 2015

Qué bella es la juventud

Qué bonita es la juventud. Qué regalo tan insultante y excluyente, qué magia encerrada entre dulces sonrisas y tersas figuras. Qué belleza...que nos abandona con los años y nos deforma poco a poco hasta que el recuerdo que nos inunda tiene notas de almizcle amargo.

Qué impotencia, vivir en contra de unas agujas que no se paran y no poder capturar ni los minutos ni los segundos. Experimentamos la esencia del tiempo mientras nos abruma el deseo de explotar más nuestros instintos, eso es la juventud: la revolución que nace de dentro, el fuego que arrasa con todo, la indiscrección hecha persona.

lunes, 31 de agosto de 2015

La necesidad de entender disciplina y libertad

Te pregunto, ¿cómo puedes hablar de "perdón" y a continuación decir que es algo vital pero mirar hacia otro lado cuando se te habla de "respeto"?

Hablamos diariamente de lo que está bien y de lo que está mal y apostillamos continuamente cada comentarios que oímos al respecto. Es muy fácil publicar un artículo, realizar un escrito e incluso grafitear una frase, en todo lo anterior expresando el derecho a ser libres y a tolerar a los demás. Pues bien, más que un derecho, (y haciendo uso de mi propio espacio personal), pienso que es una necesidad. 
¿Cuántas veces he oído aquello de que "tu libertad se acaba donde empieza la mía"? ¿Alguien puede explicármelo? ¿O es que es tan solo uno de esos clichés tontos que se dicen, una filosofía barata que es más fácil de usar que de llevar a cabo? 

Ni mi libertad empieza ni tu libertad acaba. No estamos criados igual, no tenemos las mismas referencias educativas, culturales ni religiosas. Incluso haciendo más hincapié, ni en dos casas vecinas se come de la misma manera. Así que ya nos pueden intentar inculcar las mismas ideas que, si bien esas dos personas seguirán unas directrices más similares que entre otros, cada uno actuará de una manera propia. Hasta aquí todo parece muy lógico, pero lo cierto es que la complejidad humana es tal que no se puede encerrar en los libros que pretenden enseñarnos ni en un "¡cómete toda la sopa o no vas a crecer!". 
Los niños son niños y cuando sea madre comeré huevos, pero hoy quiero dejar aquí constancia de la NECESIDAD que hay de unir el concepto de disciplina con el de educación. 

En esa mezcla tan convencional debería haber más comprensión, más tolerancia, más respeto. Doy las gracias a todos los que intentan dar espacio para que cada uno pueda crear sus propias opiniones, ¿porqué la gente escucha "cristiano" o "musulmán" y parece asustarle pero si alguien practica el budismo es el más snob? La religión, el ser celestial al que cada uno rece no tiene tanta relevancia como el bien que le haga a esa persona consagrarle su fe; "la fe mueve montañas" y yo quiero aportar "sea cual sea esa fe". Y por lo que voy a decir a continuación espero que se haga un esfuerzo por entender lo que pretendo decir:

No creo que alguien que no apoye la homosexualidad sea "ignorante", precisamente ese no sería el adjetivo. De la misma manera que me parece mal la violencia que sufren ambos grupos (tanto a favor como en contra de homosexualidad). Al fin y al cabo son unas ideas que hemos recibido de nuestra educación, experiencia personal, cultura o tiempo en el que nos ha tocado vivir. Me parece normal que a mi abuela de 85 años no le parezca bien esa opción sexual porque ha vivido en un país en el que estaba penado; cuando era joven y construyó sus ideas, las bases iban en contra de que dos mujeres u hombres se besaran en público. 

Espero que no se malinterpreten mis palabras, no por el hecho de que alguien se haya criado en un país en el que el machismo esté a la orden del día me parece que haya de eximirlo de un castigo porque maltrate a una mujer (de la misma manera que no permitiría que mi abuela atacase verbal o físicamente a nadie por el hecho de ser homosexual), pero sí que tengo que respetar que esa persona vea el mundo con unos ojos que no son los míos. 
Puede ser que ahí quede aquello de "tu libertad acaba donde empieza la mía", pero sigue pareciéndome una frase tras la que ocultar un sentimiento de egoísmo en el que refugiarse. Puede que no haya solución posible y que las leyes que hacen los hombres jamás lleguen a satisfacer de manera común a todo el mundo. 
De lo que espero estar segura es de que con los años no quiero volverme tan extrema, ni juzgar tan radicalmente lo que los demás hacen. No caer en los tabús de la sociedad y sobretodo exigir a los demás una coherencia que yo lleve siempre por delante. 

miércoles, 26 de agosto de 2015

Me estropeaba como el viento a los dientes de león

Me estropeaba. Me estropeaba tanto
como quien se tira al vacío cogiendo carrerilla,
como quien grita al oído,
como quien sopla un diente de león.
Era tan destructivo que pasé mis mayos encerrada
sintiéndome el pajarillo que nunca aprendió a volar,
observando que el nido se queda vacío;
soy la última en marchar.

Eras el hielo de mi cerveza, la baldosa levantada,
el tacón torcido en medio de una noche de gala
en la que las estrellas brillan pidiéndote que las agarres. 
Y yo, impotente ante tanta destrucción,
me limitaba a aceptar con normalidad 
que todo aquello que sube tiende a bajar
y que, trade o temprano, se acaba escalando a la cima.

Pero eso no es verdad. 
Quien no se levanta nunca sube,
quien no sonríe no atrae,
quien no se quiere jamás podrá ser querido,
quien no se valora nunca pondrá precio a su libertad.

El nido está vacío, hoy le he dicho adiós.
Hoy ha sido el día en el que la llave ha encajado
y por fin he cerrado una puerta para abrir una ventana.
Pretendo saltar agarrando las estrellas y perseguir los dientes de león,
construir los mayos sólidos que me abriguen en su dulzura primaveral
y escapar al sonido de esa voz chirriante.

Ahora sí que sí, es difícil escapar de la grandeza del fuego
cuando realmente eres tú quien lleva la chispa que hace que todo arda.
¿Alguien tiene frío?


jueves, 30 de julio de 2015

Joder, ¡¿cómo habría sido?!

Me alegro tanto de que seas feliz...pero, joder, ¡¿cómo habría sido?!. Escalar nuestros cuerpos salados al llegar a la cabaña en vacaciones sudando de la playa, aborrecer del olor a hospital dándonos la mano en todo momento, cocinar el día de noche vieja y ponerle nombre a nuestro perro. Coger un avión en nuestra luna de miel con el billete a ninguna parte que tanto deseabas y escuchar su primer llanto.

Nos quedan tantas cosas por hacer... ahora me acuerdo de la foto que no nos hicimos buceando ni en el momento en el que me viste conducir un quad por primera vez. Nos quedan muchas cosas por las que ahorrar a medias y tantas horas trabajando juntos, cada uno en lo suyo, pero rozándonos cuando nos desesperen las tareas. 

Aún tenemos que probar el plato nuevo en la carta de aquel restaurante que todavía no hemos visitado y me tienes que decir lo guapa que estoy cuando sople las velas de mis treinta y comience esa nueva etapa. Me queda hacerte un nudo en la corbata para tu primera entrevista y esperarte en casa con un beso dulce mientras me cuentas cómo te ha ido.

No te olvides de todas las noches de reconciliación en la cama que no vamos a vivir; cuando nos convertimos en bestias que se odian. No cuentes a nadie lo mucho que te hago enloquecer cuando me muerdo el labio, porque jamás lo volveré hacer. Yo procuraré olvidar la manera en la que me haces reír para intentar reírme de la vida aunque no estés en ella. Las noches en una tumbona pasando calor serán más frías por no tenernos y después de fumar expulsaremos el humo al vacío del universo, no en el paladar del otro. 

"Solo somos animales que tienen miedo controlar eso tan grande que tenían, buscando como mortales una excusa para terminar con el instinto que no se puede sofocar" y mientras canto esta canción solo podrás escuchar su eco a lo lejos sin saber si soy yo la que entona. Pero no pasa nada, porque el mundo sigue y la luz siempre apaga la oscuridad; así que estos secretos están a salvo mientras no se vivan. Sin embargo, no puedo evitar decir <Joder, ¡¿cómo habría sido?!>

jueves, 23 de julio de 2015

Toboganes y precipicios

Ojala no doliese. Ojala nada doliese y las verdades no se clavaran como puños en el alma. Siempre es más fácil cerrar los ojos y mirar hacia otro lado, pensando que se puede escapar de la realidad y de lo que sus tormentosos precipicios nos quieren desvelar. Pero lo cierto es que si seguimos andando con los ojos tapados, caeremos irremediablemente por ese barranco. La incertidumbre por el contrario sería mejor vista como un tobogán deslizante y curvo, por el cual cuando te asomas no puedes ver el final y solo escuchas el eco de tu propia voz. Seríamos las víctimas perfectas de la incertidumbre cuando ese miedo en el que reparamos cada día y cada noche nos acompañara y aplastara como lo hacen nuestras preocupaciones.
Todo esto parece enrevesado, sin embargo, es tan fácil como sentarse y disfrutar del camino del tobogán. Olvidarnos del vértigo que nos traerá el destino y quitarnos la venda para divisar el maravilloso paisaje que los precipicios vislumbran.
Es asombroso como nos quedamos anclados en el pasado y desnudos ante el futuro; todo esto mientras negamos el presente y la veracidad de sus hechos. No estamos en este mundo para llorar todas las mañanas la pérdida del ayer y no desear las ganancias del mañana. ¿Para qué entonces? Cada uno para lo suyo, yo desde luego soy partidaria de hacerme gigante, tanto como pueda y olvidarme de las pre-ocupaciones y de los fantasmas del pasado. Ya es hora de encerrarlos y dejar que se pudran ellos, las manzanas más fuertes y bellas del jardín son las que resisten.



sábado, 18 de julio de 2015

Te digo despacito que quiero ir rápido

No se trata de encontrar ningún alma gemela, ni de complementos o de copias. Puede que los tiros vayan más por sentir que alguien te lee como si fueras la carta de su menú perfecto. Que te de igual si los planes siempre salen mal porque sabes que acabar perdiendo un taxi significa que la ropa te la arrancará un poco más tarde. 

Las mejores noches son aquellas en las que te das cuenta de lo valiente que eres y de que necesitas a alguien igual de valiente a tu lado; con sangre en las venas y el corazón caliente. Tal vez sea "que soy del sur" pero decían que ni en Cádiz se acaba el mundo ni en Irún ponen fronteras los gigantes. 

Son los que no se ponen límites, los pacientes, los cuerdos dentro de la locura que te atan con la mirada y te mueven como una peonza las noches de baile, los que saben hablar de política y de deportes, de misterios y verdades. Esos son los buenos.

¿Quién te puede asegurar que te quiere más que ayer y menos que mañana? Puede que no te des cuenta de que malgastarás el tiempo con personas que no te quiten la sed, que sean fungibles. Pero todos sabemos que la magia no se puede crear: la magia te encuentra sin trampa ni cartón, te envuelve elucidando una verdad que antes era falaz e improbable. 



Voy a comenzar, dicho todo esto, a escribir en la piel de quien se merezca todo lo que no supe hacer bien, las injusticias que me queman por dentro, la intensidad que vea en esas personas que son quienes merecen la pena. Por eso, no quiero a alguien que me complete. Quiero a alguien que sepa estar ahí como hay que estar, que te diga despacito que quiere ir rápido, que no tenga miedo a saltar conmigo sin mirar al vacío, que entienda mis tatuajes, mis cicatrices, mis lágrimas que llenan el fondo del mar, el aire que desplazo cuando huyo de lo que me da vértigo. El asfalto raspará y nunca veremos dragones volar, pero el miedo huele mejor con buena compañía y quiero dedicarme a encontrar fragancias excitantes. ¿Te vienes?

martes, 14 de julio de 2015

El azar metabolizado como magia

Hay cosas que funcionan así y no son casualidad, pero el hecho de creer en el azar nos hace más soportable la existencia del caos. Espero que nos demos cuenta algún día (aunque tardemos) de que el caos solo existe en nuestras cabeza y atribuimos esta palabra al desorden con la equívoca certeza de que tenemos la capacidad de anular, en cualquiera de sus numerosos aspectos, el caos.

Fuimos creados gracias a él, toda una raza de mentes que ven la felicidad o la grandeza como algunos de los objetivos a alcanzar. Una principal diferencia con los animales, ciertamente indiscutible. Pero ahí fallamos, engañándonos de nuevo pensando que esa felicidad se puede agarrar y que dura eternamente o que la grandeza se consigue con la ayuda de la "suerte". Hablando de suerte, cuerdas que mantengan la felicidad por siempre y los motivos por los que atribuimos nuestro afán de vivir es, efectivamente, el caos.
Y seguirá con independencia a nuestra vida, al dolor o a todas las súplicas para vivir en un mundo ordenado. En el fondo de nuestras cabezas y en lo más superficial de nuestros corazones.


Por eso, hay cosas que no son casualidad. Pero vamos a llegar más lejos, ¿no? Vamos a intentar ser increíbles y a construir lo que nos haga únicos. Vamos a explotar con esa canción que nos hace superar un trauma y cuando la hayamos usado tanto para limpiarnos que solo esté impregnada de aquel recuerdo será hora de dejarla atrás y cultivar el alma con abono de otra cosa que nos devuelva a la vida sin manchas del pasado.

jueves, 9 de julio de 2015

Las sirenas

Unos días atrás fuimos las tres, como siempre, al apartamento de siempre, con la piscina de siempre, el sofá naranja de siempre, la nevera llena con las mismas cosas, las maletas de  siempre, las asombrosas ganas de siempre.  Al llegar, pudimos notar el característico olor que parecía impregnado ya en aquel lugar. Nos trajo recuerdos maravillosos; hasta se oían las risas de nuestros “yos” pasados en el sofá. Nos sentíamos seguras allí, las unas con las otras, procurando comernos el mundo poco a poco para disfrutar de cada bocado.

Aquella tarde en la playa parecía que sonase de fondo una balada suave que acompañaba al viento. El relente de las noches anteriores se hizo presente de nuevo, atrapándose en tu piel y haciéndonos parecer cansadas. Es lo que tiene la costa y es un problema cuando te desacostumbras a ello. Había ido yo sola, necesitaba estarlo en cierto modo aunque quería con locura a mis compañeras de viaje.

Caminé durante una hora por el paseo marítimo y entré a un bar. Durante mi paseo había estado cantándote, sabiendo que tenía la voz roncar de cantarte. Pedí un tequila con extra de sal. Creí que merecía la pena recordar aquellos besos de mar que me dabas. Tú me llamabas “sirena” y eras testigo de los deliciosos acordes que se escuchan entre la tierra y el mar cuando el sol reflejaba sus rayos en mi piel. Los kilómetros que nos separan comenzaron a ser suficientes para adoptar el valor; quizá solo necesitaba que supieras que el miedo huele bien, que en la carta dejó de haber el plato Esperanza. ¿Cómo podrías saber que estábamos condenados? Tal vez experimentando la huida en la noche y no echándote de menos.

Me tocaron el hombro. Supieron que había ido en esa dirección, que estuve pensando en la vida que me pesaba como plomo en la espalda, que no podía recibir miradas de fuego de nadie más, que no había dejado de fumarte y necesitaba parches de nicotina para desquitarme de ti. Sabían que me había pedido tequila, y que pienso que la mejor manera de curar las heridas es el limón. Ellas querían ser el parche y el azúcar que compensara lo ácido que había estado mi corazón.

Y entonces me acordé de que todas esas canciones que canté ya las había oído antes con ellas, de que no he vivido con nadie más noches de relente que con ellas, que ya nos conocían en aquel bar, que ellas son las sirenas del cuento que llevábamos viviendo desde hacía años. Me acordé, sin duda alguna, que ellas son las que siempre me han dado valor y que me encanta que en nuestra nevera lo que haya sea mayonesa y palitos de cangrejo. Porque cuando veo un sofá naranja, me vienen a la cabeza el melón con ron y unos bizcochos demasiado cocidos. Volvimos juntas a casa, a nuestro apartamento de siempre tras un baño en la piscina de siempre, cenando las mismas cosas y dándole un bocado de amistad al mundo que nos gustaba comernos juntas poquito a poco.



domingo, 5 de julio de 2015

El accidente de los penitentes

Puedo decir que me encanta ser la mala, la que tiene monstruos en el armario y te pide que te quedes una noche más, cargarme de energía con nuestras canciones y pelearme con la almohada hasta el amanecer. Además de mala, no abandono nunca. Puede que me agobie, me canse, me aparte por un tiempo, pero nunca abandono. De todas maneras, y tras haberme confesado innumerables veces que no lo haría, es probable que esta vez sea egoísta y te confiese que me beberé el desayuno en nuestra taza para darme un homenaje de buenos días y que miraré la hora que las agujas marcan en la esfera. 

¿Por qué? ¿Seré la mala? La verdad es que prefiero que el amanecer no rompa cada día contra mi ventana y que esas manecillas no se me claven más veces. Supongo, que todo se reduce a que no quiero perder más lágrimas ni rezar a los guardianes de tus sentidos que sean cómplices de nuestro amor. Y sin pensar que soy más de escribir historias, que no quiero dibujos pintados en nubes grises, te digo que solo quiero besos de hilo. Que vengas y que cambies todo esto, sin monstruos en el armario pero manteniendo las peleas de almohada.

Me voy a arrepentir, sí, pero de no haberme quitado este peso de los hombros hace mucho y de no haber sabido frenar el accidente de sentimientos derrochados. No sé si creerme los te quiero descuartizados sobre la carretera, pero antes de que se vuelva a desgarrar la luna, yo me voy de aquí. No quiero escuchar más tu voz, puertos que no lleve a ninguna parte, ni recorrer descalza los kilómetros andados que ahora solo van a abrir heridas en el alma. Tranquilo, no borraré nuestras fotos del disco duro; pero eso ya lo sabes.

Dragón sin fuego, kyle sin su 23, Dezba que perdió su pluma; haremos para que vuelva el combustible, tus queridos números y la guerrera.

sábado, 4 de julio de 2015

"No anheles tanto la felicidad y disfruta del aquí y ahora".

"No anheles tanto la felicidad y disfruta del aquí y ahora". 
Hola a todos, son las 2:35 de la mañana de un 4 de julio y no puedo dormir. No es gratuito, esto viene de hace un año, en que escribía aquel "ángeles negros" que marcaba un antes y un después en el verano de 2014, MI verano.
Qué maravilloso bajarse a la playa y rozar las olas del mar sabiendo que es algo tan tuyo que casi te pertenece: la arena, el sol y la sal. El brillo con el que viajamos y las risas eran tan potentes que fueron el aliento necesario para pasar mi primer año fuera de casa sin casi descargar del todo las pilas. Un golpe de carga en las baterías.
Hoy, pasado un año y miles de nuevas miradas después, creo que he cambiado el rumbo y que lo que me apetece es no anhelar la felicidad, el amor ni nada por el estilo. Solo quiero disfrutar del café helado, de mis 18 años, de mi levante de nuevo y de los amigos que durante tanto tiempo me rodearon. No quiero preocuparme ni siquiera de saber qué voy a hacer a continuación porque no me quedan páginas del álbum que llenar. Ya pondré un imán en la nevera que me recuerde que tengo que comprar folios para reescribir el 2015, pero de momento, voy a coger el toro por los cuernos y a librarme de todo aquello que me pesa tanto.
Siempre lo he dicho, es preocupante cuando las cosas dejan de importarme y es peor que gire la cara ante una situación a que grite o llore demostrando que me importa. La batería tan potente que había cargado hace unas cuantas estaciones se ha agotado con el paso de la caléndula, el frío invierno, la primavera rosada y de nuevo el calor. 
No espero renovarme ni encontrarme, ni crear una nueva dirección, tan solo ser capaz de escribir de canciones distintas, que no hablen de amor, que no lloren por nadie y que tengan la fuerza de la juventud. Al final, espero que la Lola de las madrugadas que tan claras quiere tener las cosas siga mañana por la mañana sin ninguna duda. 
Buenas noches 4 de julio, ¿tan distinto te veré año tras año?

domingo, 21 de junio de 2015

A mi futura compañera de piso

Estoy pensando, Placentina, ¿qué haría yo si te marchases? ¿Qué te diría si nunca pudiera volver a contarte todas esas cosas que nos contamos al mirarnos? Si no pudiera volver a tumbarme contigo y sentirme como si hubieras estado toda la vida a mi lado y yo al tuyo. Si nuestros enemigos nunca más tuviesen que temer a un equipo tan bueno como el que hacemos.

Qué tacón me faltaría, ¿el izquierdo o el derecho? Si tú no volvieras a ser mi compañera de baile, noches y brillo hasta el amanecer. Me pregunto, a mi yo más profundo, las palabras en valenciano que aún no te he contado y en cómo serán las risas cuando escuche que por tu boca sale de manera natural "de res" o un "che". ¿Cómo podría decir lo de <putoamismo>? 

¿A quién le haría mis experimentos culinarios? ¿Quién me llamaría llorando para que le consolase? ¿A quién le contaré que me han roto el alma para que me ayude a recomponerla? ¿Qué haré con las horas que habría gastado escuchando esa música que le vuelve loca? ¿Dónde quedaría las fotos que aún no nos hemos hecho?
Supongo que a estas alturas hablar de perderte es una locura y por eso se le escapa a mi razón el no imaginarme cultivando tomates contigo en la terraza el año que viene. Es tan bonito que resulta absurdo, casi de enamorados diría, pero es que tengo que recordarle al mundo una vez más que la amistad, la que es pura y sin interés, es más rara y duradera que el amor.
Así que el miércoles por la noche, cuando haga mi hoguera particular de la noche de San Juan y la salte en la playa, tiraré al fuego el deseo que no puedo escribir porque no se cumpliría; confiemos en el poder de la magia y a primeros de septiembre podremos brindar con un poco de ron miel (y a nuestra salud) que somos compañeras de piso y de vida.
Gracias por este año Welcome, eres espectacular.

La pregunta de tots els anys, la resposta de sempre


Sempre als estius em pregunten 
per què m'agrada tant l'hivern. 
Jo els mire indiferent, 
i somric quan em dic la meua poesia 
que no és sinò el dessig de saber 
que no et perdré
abans de que arribe decembre.

I ara que ha arribat l'estiu,
ja no vull altra cosa que la tardor amb tu.
Vore les fulles enredades al cabell
i que et rigues quan hi haja un esquirol.

Trucar-te i aprendre 
que ets preciosa amb els tons del sol.
Despertar-me al teu costat amb un café calent 
i una matinada freda com no hi ha una altra.

I si dic la veritat, trobe a faltar el teu tremolar
què em donava la possibilitat d'abraçar-te fortament,
de sentir el teu respirar,
de tornar-me boig quan m'agafes la mà.

¿Per què m'agrada tant l'hivern?
*mirada indiferent*
pel dessig de saber que no et perdré 
abans que arribe decembre.

miércoles, 17 de junio de 2015

Tomando la Luna y Margarette

Nuevo estado, nuevo plano. Margarette apareció  en escena con su trenza despeinada color castaño, su falda de lunares flotando a cada paso. Las gafas de sol colgadas por la camisa descubrían el camino hacia los senos de la joven y sus sonrojadas mejillas aproximaban las miradas de los desconocidos a su parte dulce. Sin embargo, lo que aquella gente (que tan fijamente la observaba) no sabía era que dentro había una inconformista, fantasiosa, impulsiva, grácil, incansable y luchadora Margarette que aún no había ni siquiera murmurado susurro.

Ella sabía, que el día que hablase, ardería Troya. Pero la mayoría de veces no necesitaba alzar la voz ni utilizar complejas armas de destrucción, simplemente le bastaba con ser ella misma. Analizar y actuar; pensar y movimiento. 

Quedarse callada o quieta era algo insoportable. Podía describir mil saltos cuando estaba nerviosa, alegre o cabreada. Infinitas maneras de hacer ver a los demás solamente lo que ella quería que viesen. Una magia inconfundible que actuaba de filtro a su cabeza y corazón; los dos motores de su existencia. Aún no había llegado a descubrir cuáles eran los combustibles que prendían la llama, pero el sistema era del todo eficaz. Sin duda un mecanismo que no la desproveía de ninguna oportunidad que tuviera delante. 

Cómo eran sus piernas...largas y perfectas. Sin un rasguño. Bronceadas poco a poco, como no podía ser de otra manera. Cuando las cruzaba uno podía perderse en el laberinto celestial que ambas conformaban. Eran sus movimientos, su tono de voz, su naturalidad, todo el conjunto que hacía que te enamoraras. Y digo enamorar como podría decir volverme loco, porque si algo hacía esa chica con su sonrisa era atraparte en un mar de placer cuando hablaba. Parece exagerado, completamente desproporcionado; pero os aseguro, que no había nadie como ella. 

La noche que nos tumbamos en la playa a escuchar las olas del mar mientras tomábamos la luna juntos fue un monólogo con ella misma. Aún me arrepiento de haberme quedado tan callado, pero necesitaba la melodía de sus palabras acariciándome la oreja y sentir la humedad de la arena mojada recorrer su garganta.

domingo, 14 de junio de 2015

Alternativa condescendiente

Que yo no quiero parches que me cierren heridas sin curar. 
Pero que la vida me roce cada día un poco más,
que pueda sentir los aplausos al pasar
y ese jadeo indiscreto cuando te miro
a quemarropa.

¿Cuándo amaneciste princesa?
¿Cuándo surgiste Ave fénix?
Supongo que en los ratos en los que dejé de quererte,
en los 11S de nuestra historia que nadie ha llorado.

Esos rituales en los que tu falda bailaba y me hipnotizaba,
los surcos de tu cabello sobre mi pecho cuando descansabas,
la sonrisa más blanca del mundo que gritaba dulzura y locura
en una amalgama indescriptible de deseo infernal.
Sería alguna alternativa condescendiente al pulso de mi corazón.

No quiero olvidarte ángel negro desde aquel 4 de julio
que ahora se ha perdido entre el infinito
y no conseguimos nombrar como un número concreto.
Y aunque necesites pegamento para el alma rota,
yo no consigo recordar el motivo por el que me fui.

Después de enseñarme que no pude pintar el arco iris
te traigo poesía, tulipanes y un número en las manos
que no hay mejor razón para quererte
que una tarde en aquel sofá "roig com la sang".

miércoles, 10 de junio de 2015

En el corazón de una guerrera

Me he perdido de manera muy peligrosa en las curvas de lo que fueron nuestros recuerdos. Y es que persigo sin saberlo un fantasma que me engaña, creyendo que sé realmente derretir iglúes que nunca pude construir. Y no es por pereza, si no porque ya no puedo saltar más distancia ni recorrer más noches vacías.

No es porque no quiera, es porque me abruma la monotonía, tu ser desgarrante acabó conmigo por hacerme optar, sin temor a lo desconocido, a noches de verano y hamacas de mimbre en las que ya no susurramos lo infinito que es el mundo.

De veras, me he perdido. Que ya ni escribo a conciencia sabiendo que esto fue una leyenda, de esas que te piden que sigas contando el final inesperado. Una rima mal versada que flota tan plácida como la seda entre tus piernas. Pero las leyendas no tienen final inesperado y la seda nunca resistió más de dos bocados. 

Ahora, entre página y página de hielo y escarcha: "aprenderé a calentarme en las tormentas de verano con olor a tierra y almizcle" pienso mientras me congelo. "No dudaré en levantarme", digo como si hiciera falta conmemorar el momento en el que decidí hacerlo sola. "No lloraré", y miento como cuando prometí que no sangraría. Pero "me recuperaré siempre", afirmo con la mano en el corazón de una guerrera.