Cuando la vi.
Cuando la vi, me estremecí.
Como se estremecen las amapolas con el viento del norte;
Como esa lluvia que pegaba en el cristal de tu casa mientras nos ahogábamos de risa.
Una incertidumbre pasajera que se moría por hacer que descubriéramos el mundo, un par de bonitas sonrisas que acarician su veintena.
Y, pasado aquel momento, no se borrarán las noches que hemos perseguido bailando, las lágrimas que se han evaporado, las horas clavadas en papel.
Por eso te he querido siempre tanto, porque contigo parece que las cosas salen bien, porque crees en los finales felices y contigo son trayectos emocionantes.
Ahora sopla viento norte y no sé qué pasará con las horas, las sorpresas, los secretos, los finales. Y ojalá eso fuera una duda sólida, dicen que es bonito sentir miedo por perder algo pues es entonces cuando verdaderamente lo tienes.
domingo, 21 de agosto de 2016
domingo, 15 de mayo de 2016
Suite Nº3, Bach
Me mata cuando callas.
Cuando te veo en linea y borras el mensaje,
dejando que esa idea se pierda entre circuitos.
Me ahoga que te cierres.
Que no me pases tu canción preferida
cuando está sonando allá donde sigas.
Me deja helada.
Si te noto vacío, raro, descompasado.
Si no te ríes como siempre.
Noto cómo caigo;
cuando me hundes en la yactura de mis pensamientos;
escuchando al gran Lwidgin mientras tecleo este poema,
como si de su piano se tratase.
Y en el fondo,
cuando comienza a clarear su tormenta de notas,
sé que cuando te tengo delante, me abres el alma.
Y en la superfície,
me erizas cuando te veo disfrutar de mi perfume,
cuando me preguntas cada día mis costumbres.
Me destrozas y me elevas,
me entierras y resucitas,
haces que esa línea recta de objetivos
se torne en una espiral que no te saca de mi cabeza.
Comienza Sebastian Bach su Suite Nº3
armonizando junto al tiempo
que hace que no te siento presente,
que hace que me quede sin aliento.
Cuando te veo en linea y borras el mensaje,
dejando que esa idea se pierda entre circuitos.
Me ahoga que te cierres.
Que no me pases tu canción preferida
cuando está sonando allá donde sigas.
Me deja helada.
Si te noto vacío, raro, descompasado.
Si no te ríes como siempre.
Noto cómo caigo;
cuando me hundes en la yactura de mis pensamientos;
escuchando al gran Lwidgin mientras tecleo este poema,
como si de su piano se tratase.
Y en el fondo,
cuando comienza a clarear su tormenta de notas,
sé que cuando te tengo delante, me abres el alma.
Y en la superfície,
me erizas cuando te veo disfrutar de mi perfume,cuando me preguntas cada día mis costumbres.
Me destrozas y me elevas,
me entierras y resucitas,
haces que esa línea recta de objetivos
se torne en una espiral que no te saca de mi cabeza.
Comienza Sebastian Bach su Suite Nº3
armonizando junto al tiempo
que hace que no te siento presente,
que hace que me quede sin aliento.
jueves, 5 de mayo de 2016
La necesidad de vanalidades
La verdad es que a veces solo necesito contacto. Reir, llorar o sentir son cosas secundarias. Y aunque suene vanal, distinto y absurdo de lo estipulado hoy en día como propio y auténtico, sí, a mí me gusta que subas una foto con un poema. No me importa que no sea tuyo, un copia y pega parece no quedar tan mal entrecomillado. Al igual que unas velas reutilizadas en una cena romántica que esperas que acabe mejor que la anterior.
Y será la tontería más grande del mundo, pero por favor, quítame el pelo de la cara y pónmelo suavemente detrás de la oreja. Cuando se caiga, no dudes en fijarlo fírme y gentil a donde debe estar; porque me encanta que te quedes mirando mientras me hago la dormida sin barreras en forma de mechón.
No pienses que no me doy cuenta de que miras a otras con deseo, me parece normal. Yo también miro a otros. Y a otras. El mundo está para probarlo y descubrirlo. Pero disimúlalo abrazándome cuando te pille mirando de reojo; porque en el fondo los dos sabemos que soy yo quien te tiene loco.
Sería mucho pedir que me hicieras un día la comida, que echaras ese desodorante que tanto me gusta y me recuerda a ti por toda la habitación cuando acabes de recogerla, que vengas conmigo a clases de baile, que me enciendas cuando me apago y me hagas gritar cuando callo.
Sí, hazme el amor descalzo y sin agarre, que la vida son dos días y luego te arrepientes. Pero, por encima de todo eso, haz que me sienta orgullosa de ti. Haz que pueda hablar de ti como una hermana pequeña que te admira desde abajo. Haz que no dude ni un segundo de tus capacidades o palabra, que ponga la mano en el fuego y se me hiele porque seas noble y firme a tus principios. Trabaja como nadie para demostrarme que los barcos solo se hunden cuando no hay un buen capitán.
Entonces, me harás darme cuenta de que esas vanalidades de las que hablaba antes son fruto de algo más puro que la sabiduría popular, que son ciertas y que más que una foto en instagram (y sin desprestigiarlo) lo que necesito es que me hagas sentir que no habrá secretos ni últimas noches sino que los días son verdades eternas a tu lado.
Y será la tontería más grande del mundo, pero por favor, quítame el pelo de la cara y pónmelo suavemente detrás de la oreja. Cuando se caiga, no dudes en fijarlo fírme y gentil a donde debe estar; porque me encanta que te quedes mirando mientras me hago la dormida sin barreras en forma de mechón.
No pienses que no me doy cuenta de que miras a otras con deseo, me parece normal. Yo también miro a otros. Y a otras. El mundo está para probarlo y descubrirlo. Pero disimúlalo abrazándome cuando te pille mirando de reojo; porque en el fondo los dos sabemos que soy yo quien te tiene loco.
Sería mucho pedir que me hicieras un día la comida, que echaras ese desodorante que tanto me gusta y me recuerda a ti por toda la habitación cuando acabes de recogerla, que vengas conmigo a clases de baile, que me enciendas cuando me apago y me hagas gritar cuando callo.
Sí, hazme el amor descalzo y sin agarre, que la vida son dos días y luego te arrepientes. Pero, por encima de todo eso, haz que me sienta orgullosa de ti. Haz que pueda hablar de ti como una hermana pequeña que te admira desde abajo. Haz que no dude ni un segundo de tus capacidades o palabra, que ponga la mano en el fuego y se me hiele porque seas noble y firme a tus principios. Trabaja como nadie para demostrarme que los barcos solo se hunden cuando no hay un buen capitán.
Entonces, me harás darme cuenta de que esas vanalidades de las que hablaba antes son fruto de algo más puro que la sabiduría popular, que son ciertas y que más que una foto en instagram (y sin desprestigiarlo) lo que necesito es que me hagas sentir que no habrá secretos ni últimas noches sino que los días son verdades eternas a tu lado.
jueves, 14 de abril de 2016
Los meses fríos
El aire estaba cargado. Sentía las motas de polvo esparcidas por mi garganta a medida que respiraba. Y cada vez más pesado; cada vez, más yo. La densidad del ambiente se hacía más y más palpable a medida que amanecía. No sentía los minutos, tampoco las horas. Solo un sol que me pegaba en la cara con la suavidad con la que se colaba por entre los espacios de mis persianas.
Es curioso cómo nos adueñamos de las cosas a las que nos acostumbramos. Por ejemplo, "mis" persianas. "Mi" casa. "Mi" sofá. Y sin embargo, no nos damos cuenta de lo volátil que es todo porque últimamente no perdemos nada. La fe, por ejemplo. Qué ambiguo decir "mi" fe. ¿Es tuya porque tú la vives y experimentas a "tu" manera o solo porque es tan única que nadie la siente como tú? Tal vez sea simplemente que el lenguaje es más cómodo así. Y todo este monólogo interior surgía en mi cabeza. Estallaba y se apagaba de la misma manera fugaz de los fuegos artificiales. Con todos esos colores materializando ideas en un baile de luces.
De lo poco que resaltaba en mi habitación era el cenicero lleno de una montaña rancia y gris, el rojo de un bote de Pringles que hacía mucho que estaba vacío y unos apuntes encima de la mesa a medio acabar. El escenario descrito así parece bastante desalentador. Pero, a pesar de estas noches de desidia e insomnio, soy bastante limpio, educado y pulcro. Son las malas épocas. A todos nos dan, ¿no? Es cuestión de adaptarse, de fijar los objetivos, de poner el referente en algún lado y sobrevivir al día a día con la ilusión necesaria.
¿Qué me preocupa? Está claro, lo que a todos, lo que a ti. El futuro (mío, esto sí que con un fuerte posesivo porque todo el mundo me quiere hacer entender que solo depende de mí), quedar con mis amigos, saber si se ha solucionado ya esa noticia del telediario, el hambre en el mundo y una larga lista de etcéteras. Miento.
"Háblame, no quiero quedarme dormido, los sueños están bien, pero es mejor estar contigo". Es un fragmento de su canción favorita. Y todo lo que le sigue son cosas que le encantan. Tomar el sol, arena y sal, ginebra y ron, tumbarse al son de una canción como aquella, respirar. Respirar. Respirarla. Notar cómo me respira. Su oxígeno agotándose en mis labios con esos besos infinitos. No le gustaba que fumase, ni que comiera muchas guarradas, ella es más de verduritas. De hacerme pimiento al horno relleno de arroz, cada día con unas proporciones de especias distintas. Y es que su cocina era tan como ella... tan expresiva y desorganizada dentro de una receta que se animaba a conseguir. Y joder, consiguió que me comiese todo lo verde que me colocaba en el plato. Se puso pocas veces conmigo a estudiar porque en realidad nos poníamos demasiado el uno al otro y aquello acababa como todo lo que empezábamos; con intensidad.
Sí, mi extrema debilidad, mi ángel guardián. La batería de fondo que nos pone de pie cuando suena el principio de la melodía perfecta. La sangre helada cuando la veía alejarse y a la vez ardiendo por dentro sin perdonarme errar porque eso me hacía perderla, perderme. Lleno de ausencia, repleto de emoción. Es lo contradictorio: el silencio gritándome al oído, el salto liviano que te pone los pelos de punta. Y en este estado de incertidumbre hacia cualquier movimiento, se pasaban los días aprendiéndonos el uno al otro.
Llegué, justo en el momento de la desgarradora noticia, a pensar en quitarte la vida que me habías arrebatado. Pero aquello era demasiado duro, formabas en mí el reflejo de lo que quería ser: tuyo. Y preferí regalarte aquellos meses fríos, esas fotos que hace tiempo que no me atrevo ni a mirar y así espero olvidarlas. Aunque no puedo, me sé el día que las tomamos, qué llevabas puesto, cuántos abrazos nos dimos y que ninguno era martes y trece como para condenarme a esta tortura. En el fondo de un cajón sigue tu barra de labios, esa de color rojo que te gustaba tanto y que me jurabas que no manchaba hasta que me veía en el espejo y corría hacia ti para comerte a besos y limpiarme de carmín con el roce en tu cuello. También siguen allí tus braguitas, esas de encaje que tantas veces te he arrancado. Creo recordar que encima de eso dejé el pañuelo malva, con tu perfume impregnado para la eternidad. Y de ese cajón deben venir todas mis pesadillas porque se me nubla la mente si lo pienso.

El otro día lo volví a notar. Un suave aroma que me recordó a ti y al girarme, una chica morena me sonrió. Podría haber sido una buena tarde; un paseo, unas cervezas y más que aprovechado tiempo en la cama. ¿Qué digo? Otra más. Como todas las que han ido después de ti. De todas he esperado tus ganas, tus alegrías, que fueran el estallido de luces, fuegos artificiales, las especias de mi arroz, el fondo nuevo de otro cajón. Sin embargo, nada fluye; no se ríen como tú, no me miran como tú, no me respiran como tú. No me quitan el aliento cuando se retuercen de placer y cuando toca la escena bajo el paraguas en el muelle salgo corriendo y desaparezco. Porque no, mi vida, no son tú.
¿Cómo ponerles la delicadeza y la fuerza a la vez de "mi" extrema debilidad? ¿Cómo les coso las alas y les cuelgo el título de ángel? ¿Cómo tener esperanza en el amor? Si te lo llevaste cuando calculaste el rumbo hacia otro lado. No encajo un verano sin estar tumbado bajo el sol, quitándome la arena al llegar al coche y que me vuelvas a llenar de sal, ron, ginebra, besos, tiempo, lluvia, lágrimas y vida.
Recuérdame qué pasó. El momento. Qué hicimos mal. Dame la dirección en la que tiraste mi corazón para recuperarlo. Grábame tu risa para que en estas noches de insomnio alguien se ría de mis ocurrencias. Mándame una foto de tus manos, las quiero volver a acariciar. No quiero estos colores oscuros en mi habitación, no quiero noches pensando en la fe si no tengo a mi diosa para rezarle.
Es curioso cómo nos adueñamos de las cosas a las que nos acostumbramos. Por ejemplo, "mis" persianas. "Mi" casa. "Mi" sofá. Y sin embargo, no nos damos cuenta de lo volátil que es todo porque últimamente no perdemos nada. La fe, por ejemplo. Qué ambiguo decir "mi" fe. ¿Es tuya porque tú la vives y experimentas a "tu" manera o solo porque es tan única que nadie la siente como tú? Tal vez sea simplemente que el lenguaje es más cómodo así. Y todo este monólogo interior surgía en mi cabeza. Estallaba y se apagaba de la misma manera fugaz de los fuegos artificiales. Con todos esos colores materializando ideas en un baile de luces.
De lo poco que resaltaba en mi habitación era el cenicero lleno de una montaña rancia y gris, el rojo de un bote de Pringles que hacía mucho que estaba vacío y unos apuntes encima de la mesa a medio acabar. El escenario descrito así parece bastante desalentador. Pero, a pesar de estas noches de desidia e insomnio, soy bastante limpio, educado y pulcro. Son las malas épocas. A todos nos dan, ¿no? Es cuestión de adaptarse, de fijar los objetivos, de poner el referente en algún lado y sobrevivir al día a día con la ilusión necesaria.
¿Qué me preocupa? Está claro, lo que a todos, lo que a ti. El futuro (mío, esto sí que con un fuerte posesivo porque todo el mundo me quiere hacer entender que solo depende de mí), quedar con mis amigos, saber si se ha solucionado ya esa noticia del telediario, el hambre en el mundo y una larga lista de etcéteras. Miento.
"Háblame, no quiero quedarme dormido, los sueños están bien, pero es mejor estar contigo". Es un fragmento de su canción favorita. Y todo lo que le sigue son cosas que le encantan. Tomar el sol, arena y sal, ginebra y ron, tumbarse al son de una canción como aquella, respirar. Respirar. Respirarla. Notar cómo me respira. Su oxígeno agotándose en mis labios con esos besos infinitos. No le gustaba que fumase, ni que comiera muchas guarradas, ella es más de verduritas. De hacerme pimiento al horno relleno de arroz, cada día con unas proporciones de especias distintas. Y es que su cocina era tan como ella... tan expresiva y desorganizada dentro de una receta que se animaba a conseguir. Y joder, consiguió que me comiese todo lo verde que me colocaba en el plato. Se puso pocas veces conmigo a estudiar porque en realidad nos poníamos demasiado el uno al otro y aquello acababa como todo lo que empezábamos; con intensidad.
Sí, mi extrema debilidad, mi ángel guardián. La batería de fondo que nos pone de pie cuando suena el principio de la melodía perfecta. La sangre helada cuando la veía alejarse y a la vez ardiendo por dentro sin perdonarme errar porque eso me hacía perderla, perderme. Lleno de ausencia, repleto de emoción. Es lo contradictorio: el silencio gritándome al oído, el salto liviano que te pone los pelos de punta. Y en este estado de incertidumbre hacia cualquier movimiento, se pasaban los días aprendiéndonos el uno al otro.
Llegué, justo en el momento de la desgarradora noticia, a pensar en quitarte la vida que me habías arrebatado. Pero aquello era demasiado duro, formabas en mí el reflejo de lo que quería ser: tuyo. Y preferí regalarte aquellos meses fríos, esas fotos que hace tiempo que no me atrevo ni a mirar y así espero olvidarlas. Aunque no puedo, me sé el día que las tomamos, qué llevabas puesto, cuántos abrazos nos dimos y que ninguno era martes y trece como para condenarme a esta tortura. En el fondo de un cajón sigue tu barra de labios, esa de color rojo que te gustaba tanto y que me jurabas que no manchaba hasta que me veía en el espejo y corría hacia ti para comerte a besos y limpiarme de carmín con el roce en tu cuello. También siguen allí tus braguitas, esas de encaje que tantas veces te he arrancado. Creo recordar que encima de eso dejé el pañuelo malva, con tu perfume impregnado para la eternidad. Y de ese cajón deben venir todas mis pesadillas porque se me nubla la mente si lo pienso.

El otro día lo volví a notar. Un suave aroma que me recordó a ti y al girarme, una chica morena me sonrió. Podría haber sido una buena tarde; un paseo, unas cervezas y más que aprovechado tiempo en la cama. ¿Qué digo? Otra más. Como todas las que han ido después de ti. De todas he esperado tus ganas, tus alegrías, que fueran el estallido de luces, fuegos artificiales, las especias de mi arroz, el fondo nuevo de otro cajón. Sin embargo, nada fluye; no se ríen como tú, no me miran como tú, no me respiran como tú. No me quitan el aliento cuando se retuercen de placer y cuando toca la escena bajo el paraguas en el muelle salgo corriendo y desaparezco. Porque no, mi vida, no son tú.
¿Cómo ponerles la delicadeza y la fuerza a la vez de "mi" extrema debilidad? ¿Cómo les coso las alas y les cuelgo el título de ángel? ¿Cómo tener esperanza en el amor? Si te lo llevaste cuando calculaste el rumbo hacia otro lado. No encajo un verano sin estar tumbado bajo el sol, quitándome la arena al llegar al coche y que me vuelvas a llenar de sal, ron, ginebra, besos, tiempo, lluvia, lágrimas y vida.
Recuérdame qué pasó. El momento. Qué hicimos mal. Dame la dirección en la que tiraste mi corazón para recuperarlo. Grábame tu risa para que en estas noches de insomnio alguien se ría de mis ocurrencias. Mándame una foto de tus manos, las quiero volver a acariciar. No quiero estos colores oscuros en mi habitación, no quiero noches pensando en la fe si no tengo a mi diosa para rezarle.
martes, 22 de marzo de 2016
Tan educada, tan mía, tan gamberra.
Yo soy de las que te dicen las ideas claras, de las que te sugieren que quiere sexo a gritos y que te invita a tostadas calientes que se ponen duras, siendo una ironía del predesayuno. Soy de esas a las que les gusta tanto la poesía que usará la palabra para que se te erice la piel y que te preguntará mil veces de qué tono te gusta el café. Soy, por bien o por mal, de las que se ríe de sus defectos y ridiculiza los de los demás para que sean eso, meras bromas sin complejos. Soy también, de las que se acerca a lo roto, a lo difícil, a lo que sabes que va a explotar pero aún así quieres que duela menos, que se arregle, que parezca fácil. No me gusta la soledad y, sin embargo, a veces me fundiría en la escena para desaparecer tras un chasquido. Y que nadie, ni siquiera tú, me encontrase.
Entiende, que me maravillen los días grises. Porque para mí son los diferentes, son en los que los abrazos son obligados y jugar a escondernos debajo de una manta los dos se hace más interesante. A mí me gusta que me pongan las cosas difíciles, que me miren con ojos de superioridad y me tiendan la mano desde la humildad, que me muerdan el labio y que luego le siga un beso lento. Puedo fingir que no me vuelven loca los colores del paisaje y que no me gusta ensuciarme. Pero mentiría. Ser una señorita no es mi punto fuerte y aunque la cordialidad y el respeto forman parte de mí, me gusta ensuciarme las manos y ponerme una camiseta ancha de mi padre para dormir, nada de camisones de princesas que duermen con corona. A mí se me cae la baba, probablemente ronque, te robaré la manta y te pasaré la pierna por encima, obviamente, despertándote.
Esa parte tan gamberra, tan educada, tan mía, tan pretenciosamente tuya. Esa que a través de tus gafas de sol adquiere un tono brillante, como del filtro que me gustaba ponerle a nuestras fotos. Porque sí, adoro hacerme fotos aunque no sea la chica más fotogénica. Y me gusta aún más hacérsela a las flores y que no por ello me digan que lo hago para aparentar. Lo hago porque amo la naturaleza, las formas irregulares, las mariquitas y los caracoles. A mí no se me van a caer los anillos, cariño.
Quédate con lo importante que te conté en aquellas noches tan lejanas, que ahora no es momento de hablar de ti ni de mí. Recuerda cada letra en sucesión, como lo hago yo; en aquel orden perfecto en el que sugerías, casi implorando, que nunca nos alejásemos el uno del otro.
Y ni un millón de noches frías harían que regalase el tacto de tus dedos con mi pecho ardiendo, peinando cada mechón de cabello con un soplo de aire detrás de la nuca. Cerrar los ojos y que el negativo de tu imagen fuera una estampa repetida.
Créeme, no me importaba que se rompiera el universo, porque lo habría hecho añicos si no estabas cada día en mis sueños y cada noche en mi insomnio. Pero tampoco podía ir detrás de una esperanza sin fundamento, no voy a bailar cuando no haya letra con sentimiento, ese no es mi estilo.
Ya sabes que yo soy de las que no se buscan, más bien de las que te encuentras. De las que te dirán si les dejas la guitarra aunque solo sepan dos acordes y que entonces te secuestren el pensamiento. Querré saber cómo eres, qué te pasa, en qué piensas, cuántas veces me elegirías cada mañana y de las que, aunque vaya de dura, de única y de especial, necesitan besos como la que más. Seré sincera y cuando quieras llorar, aquí tendrás a la que te da consejos como un amigo y que te protege como una madre, a la que, pase lo que pase, le importa la justicia.
Te lo diré todas la veces que lo necesites, aquí estoy, soy tan tuya como mía, tan tuya como del dragón que llevo dentro, tan guerrera que me van las estrategias, tan educada, tan mía, tan gamberra.
jueves, 25 de febrero de 2016
Conecta y crea
“Tu tiempo es limitado, así que no lo pierdas
viviendo la vida de otra persona. No te dejes atrapar por el dogma – que es
vivir con los resultados del pensamiento de otras personas. No permitas que el
ruido de las opiniones ajenas ahogue tu propia voz interior. Y lo más
importante, ten el coraje de seguir a tu corazón e intuición. De algún modo
ellos ya saben lo que realmente quieres llegar a ser. Todo lo demás es
secundario.”
Steve Jobs
Líder nato. Posee los dones del carisma y la
confianza, y proyecta tu autoridad de una manera que aglutine a las multitudes
detrás de un objetivo común. Caracterizado por un nivel despiadado, a veces, de
racionalidad, usando tu unidad, determinación y mente aguda para lograr lo
propuesto. Tal vez lo mejor es que representas sólo el tres por ciento de la
población..
LA FELICIDAD ESTÁ EN LA ALEGRÍA DEL LOGRO
Dominante, implacable y no perdona. Esto no es
crueldad o insensibilidad en sí – es más ver la belleza en el desafío, la
batalla de ingenio, la réplica que viene de este entorno, y si la otra parte no
puede llevarlo adelante, eso no es razón para pliegues en tu propio principio
central de la victoria final.
“No me importa si me llaman insensible
h...d...p, mientras siga siendo un eficiente h...d...p”.
Respeta a quien pueda enfrentarte intelectualmente,
a quien sea capaz de actuar con calidad. Gánate el título de “habilidad
especial para reconocer el talento de los demás”, y esto te ayudará tanto en
formación de equipo (ya que nadie, por brillante que sea, puede hacer todo
solo), como para evitar mostrar arrogancia y condescendencia. Críticas sí, pero
constructivas.
CULTIVAR LA CIENCIA DE LAS RELACIONES HUMANAS
La distancia de tus emociones es especialmente
pública, y se siente directamente por una franja mucho más amplia de personas.
Evita aplastar las sensibilidades de aquellos a quienes consideres
incompetentes o perezosos. Dependes absolutamente de tener un equipo que funcione
para la validación y retroalimentación.
Verdadera potencia. Cultivas una imagen de ser más
grande que la vida – y con bastante frecuencia lo eres. Tienes que recordar,
sin embargo, que tu estatura viene no sólo de tus propias acciones, sino de las
acciones del equipo con sus contribuciones, talentos y necesidades, de tu red
de apoyo. Combina un enfoque emocionalmente saludable con tus numerosos puntos
fuertes y serás recompensado con relaciones profundas y satisfactorias y con
todas las desafiantes victorias que puedan manejar.
lunes, 15 de febrero de 2016
Somos como somos, que no te engañen
Buenos días a todos. Me he levantado con la idea de estudiar farmacognosia y de hecho, después de incluso soñar con isoflavonas, al despejarme con mi café diario me he puesto a pensar en algo que es obvio: cada uno es como es.
Esta frase tan cortita, tan infinitamente interpretable, adopta para mí un significado que no es más que el siguiente: yo soy como soy, está claro. ¿Por qué? Por cómo me han criado, quienes, donde y en la época en que lo han hecho. También mi entorno me ha moldeado y dado un punto de vista u otro y cada uno forma parte, en cierto modo, de mí.
Por lo tanto, aunque se decidan cambiar ciertos aspectos (ej.: si alguien responde mal, el no pensar en los demás, ser poco ordenado o, por el contrario, muy controlador, no dar opciones a nadie... y una larga lista de defectos) en los que siempre es bueno corregirse y mejorar como persona (ya no de cara a los demás sino más bien para uno mismo) hay cosas que va a ser muy complicado cambiar.
Todos habéis oído hablar de los genes, ¿no? Sí hombre, esas cositas que determinan nuestro ser en gran parte y que con un mínimo error provocan consecuencias horribles. Bien, pues toda esta introducción ha sido para centrarnos en los siguiente: yo nunca he sido una chica hiperdelgada. Crecí sin comer chucherías ni demasiada bollería industrial porque mi doctora y madre, que eran la misma, se negaba a darme algo tan "procesado". Una niña "sanota" como aquel que dice y con sobrepeso. Llegó un punto que esto cambió, tanto por el crecimiento como por decisión mía. Y he de decir muy orgullosa que no tengo ni he tenido nunca ningún complejo pero está claro que todos tenemos al típico amigo o amiga que come como un elefante y no sabemos dónde se lo mete.
Hoy en día, aún gustándome a mí misma, he decidido comenzar la típica dieta para lucir un abdomen plano en verano y que los bikinis me queden chulos chulos. Y ahora, poniéndome seria de nuevo, no tendría porqué hacerlo. Tengo 19 años, una 36-38 de pantalón y nunca he sido (ni probablemente nunca lo sea) una chica que se pueda comer una tableta de chocolate día sí día no sin que tenga sus consecuencias. Mi IMC me sitúa dentro de un peso normal y estoy contenta por comer sano, hacer deporte y seguir teniendo mis curvas que oye, me encantan.
Los genes me determinan, a mí y a todos, y me puedo empeñar en no llevar gafas que llevo "miopía" tatuado en mis genes. ¿Por qué hacernos sentir algo que no somos? ¿Por qué si tienes más de una 40 estás "gorda" y si no tienes pecho eres una "tabla de planchar"? En qué momento nos han engañado chicas... Y lo mismo para ellos eh, que a todas nos gusta el moreno de playa con sus abdominales bien marcados, pero es que cuando debajo de esos músculos lo que hay es tontería, que le den al dios griego; que muchos de esos chicos están así de "petados" por hacer trampas y sin la magia de los batidos de proteínas quizá su brazo no tendría el perímetro del de un melón. Volvemos a lo mismo, cumplir un estereotipo impuesto.
Quizá esto os suene a anuncio Vitalinea o de Ligeresa, cosa que me da igual, pero no se trata de hacer dieta los 1 de enero y abandonarla por el camino. Ni de ir al gimnasio solo cuando te ha entrado la vena del deporte. Hay que comer bien (de todo, dándole importancia a fruta, vegetales y menos grasas animales) y practicar deporte en función de cómo sea cada uno. Pero no por ningún cuerpo top ni por gustarle a nadie, qué coño va a ser por eso (pido perdón por la expresión). Hay que hacerlo por la vitalidad, evitar enfermedades, sentirse activo, despejado, dormir bien y una larga lista en la cual se incluye y de manera destacable el verse bien a uno mismo. Ojo, que a quien no le disguste tener sobrepeso me parece estupendo, pero tiene que darse cuenta de que conforme nos hacemos mayores las cosas van a más y por un tema de salud (cardiovascular metabólico, de procesamiento de azúcar, respiratorio, muscular y óseo...) no es bueno.
Y eso señores, somos como somos y no vamos a engañar a nuestros genes, no permitamos que nadie nos engañe a nosotros.
viernes, 5 de febrero de 2016
¿Sabes qué? Me ha dado por escribir poesía
No hablabas, actuabas.
No decías nada, es más, podrías quedarte callada incluso todo el tiempo; pero lo demostrabas todo.
No prometías aquello que no supieras con certeza que ibas a cumplir.
En aquellas cartas que me escribías...aquellas cartas de amor y sufrimiento, de horror en cada letra escrita con coraje...Se me derretía el alma.
Fue como aquel día de madrugada en el que viniste desnuda a mi cama y tímida me enseñaste lo que habías escrito. Ahí, con esa sonrisa pícara que encierra ternura entre las comisuras, me dijiste que te había dado por escribir poesías.
Qué dulce pensando que el cielo se podía dibujar...qué ingenuo yo al no creerte. Desafiaste a todos con esa apuesta por tu libertad, porque tú sabías que no había paredes que te puedan retener; tú eres el viento de la justicia y la prisa de la denuncia social.
Las cosas lejos de ti se turbian, se empañan, se enrancian. Y es que han sido tantas noches de sueños torturados por tu silencio que ahora que te tengo me duele derrumbarme sin tu fuerza. A pesar de que de los dos soy yo quien está fuerte, sin ti no soy más que el miedo materializado.
Me has demostrado que la felicidad antes pasa por la comprensión y el apoyo, porque a tu lado nada de eso me ha faltado. Y no me malinterpretes cuando pongo cara de perro al ver que otros te miran con las mismas ganas que tengo yo de desnudarte, pero es que me diste el regalo de tu voz, de tus caricias en mi espalda, de tu maquillaje en mi toalla y ahora no puedo imaginar que ningún otro aspira a tu mirada.
Sigue adelante pequeña, ilumina el camino de los que se crucen por el tuyo y demuéstrales lo importante que es tener valor para actuar, callar, demostrar y cumplir.
viernes, 29 de enero de 2016
El color que mejor nos queda
Tal vez,
lo que más me guste de la vida a tu lado no eres tú, ni tu sonrisa, ni esa
manera de andar hacia mí cuando tienes la intención de besarme... bueno, tal
vez eso sean tres las cosas que más me vuelvan loca ahora mismo. Pero sin duda
alguna, parece que a tu lado, cambia la perspectiva de todo.
Nos
obsesionamos pensando en un príncipe azul, en una vida de color de rosa, en un
bosque verde y denso. Pero, no sé si es que me haces ser diferente o a mí se me
han ido todos los espectros de luz y ahora le pongo más brillo a todos los
momentos que paso contigo. Suenen notas amarillas cuando haces que estalle mi
risa y me vienen a la cabeza momentos contigo en la playa, en una montaña rusa
o mirando el Duomo a 1600 km de casa. Pones dulces tonos pastel cuando me
colocas el pelo detrás de la oreja, cuando me estoy quedando dormida y me tapas
para después darme un beso y susurrarme "buenas noches mi vida, que
duermas bien" y, sobretodo, cuando sea donde sea me miras con esa cara de
no querer soltarme.
También,
y aunque no sea el mejor color de todos para muchos, mis despertares ahora son
marrones. Tienen ese tono del café cuando me lo tomo a tu lado y parece que la
escena se satura de calor y temperatura cuando nos abrazamos. Otra vez más, sin
ser el más querido, contigo las cosas a veces se vuelven negras; y a mí,
particularmente, me recuerda a cuando tenemos algún problema y a nuestra manera
de saber hacer que las cosas vuelvan a su cauce, por eso me encanta.
¿Qué
puedo decir del violeta? No podías haber estado más guapo que con esa camisa el
día que te conocí. Noches en Madrid tú y yo jugando a ser mayores cuando nos
arreglamos para ir a disfrutarnos. Y el rojo...me encanta verte acalorado ya
sea por sudar, por reírte, por jugar a lucha, por perder el aliento o por hacer
que te mueras de la vergüenza.
Ya te
digo que no hay mejor acierto que una casualidad bien hecha y sin esperar.
Parece que has sido el mejor acierto, el color acertado y el tono adecuado para
mi vida.
lunes, 28 de diciembre de 2015
Día de libros y rosas
Era un 23 de abril, día
del libro y las rosas. Ya de madrugada, despuntaba el cielo un avión a
Barcelona, las primeras aves en desplegar el vuelo y un aire frío como hacía
días que no se sentía. Los ojos verdes de Eduardo se apagaban tras unos
cristales impregnados de vaho y el pijama que el hospital le había
proporcionado. Estaba él solo en la habitación. Él y las máquinas a las que
llevaba unido lo que ya le parecía una eternidad. La habitación se tornaba azul
por las noches cuando la luna impregnaba de soledad sus sueños. La peor
sensación que sentía era la de apagarse. Se apagaba su voz, se apagaban sus
párpados, se apagaban sus mejillas, se apagaba su corazón… Cuando se le había
comenzado a caer el pelo entendió que empezaba la cuenta atrás para la carrera
a fondo más importante a la que se había enfrentado.
Años siendo deportista,
sin fumar, ni una gota de alcohol, sumo cuidado en la dieta para que todo se
resumiera en “carcinoma microcítico” en sus pulmones. Unas letras que
representaban algo para lo que no estaba preparado.
Ese día Andrea no había
ido al cole. Sus días se resumían en lo bien que lo había pasado allí, todo lo
que había ocurrido como que Paula y Javier (los dos chicos más populares de
clase) se habían peleado y que el profe Sergio le había dicho que las
redacciones que ella escribía eran de las mejores. Se sentía orgullosa de sus
amigas, de sí misma, de su familia. Aunque ahora su papá estaba malito y, a
pesar de no entender muy bien cómo un catarro estaba haciendo que lo pasara tan
mal y durmiera en el hospital, imaginó que eran cosas de médicos que entendería
cuando de mayor fuese enfermera.
Dafné había creído
conveniente que Andrea visitara ese día a su padre. Esa noche decidió dormir en
casa con la pequeña para despertarse pronto y poder descansar de tantas noches
del sofá de la habitación. No era la primera vez que estaban en una situación
parecida.
Cuando ella tenía 28
años y estaba haciendo la residencia en Francia, país del que provenía, un
paciente español y maleducado intentaba pronunciar con bastante dificultad “blond” que es “rubia” en nuestro
idioma. Ella se giró con ganas de reírse pero fue bastante intransigente porque
no era ni la sexta vez que la llamaban así ese día y tenía que empezar a
hacerse de respetar si quería que sus propios colegas también lo hiciesen. Leyó
su nombre: Eduardo Gómez de Madrid. Presentaba rotura de ligamento cruzado
anterior, una de las lesiones más frecuentes en el esquí.
Eduardo recuerda
perfectamente lo increíblemente guapa que le pareció su mujer la primera vez
que la vio. Llevaba el primer y segundo botón de la bata desabrochados y unas
gafas que hacían que intimidase aún más por ese aire a mujer independiente que
le daban. Había estado aprendiendo cómo se decían los números, colores y alguna que otra cosa más en francés para
salir del paso en la semana que se fue a esquiar a Avoriaz con los amigos. Al
segundo día de viaje ya le mandaron al hospital con una rotura de ligamento que
lamentó tener hasta que vio los ojos de Dafné cruzarse con los suyos. Pensó que
si se hubieran conocido en un bar ella le habría dado un bofetón por el
atrevimiento, pero por la relación médico-paciente solo lo fulminó con la
mirada y con una dura expresión que adivinaba querer conocerlo más.
No tardaron demasiado en
decidir que se querían casar, que viajarían las Navidades a Francia y que
vivirían en Madrid. Cinco años después tuvieron a la preciosa Andrea, con los ojos
de su padre y una melena rubia que le caía por los hombros en el desorden más
perfecto que podía existir. Cuando toda esta felicidad se vio abrumada por las
toses rojas, las fatigas, los ardores en el pecho y el cansancio continuo, el
mundo se les vino a todos encima.
Dafné se echó a llorar
en silencio, como cada mañana al despertar y ver al amor de su vida sin fuerza
para articular apenas dos palabras seguidas. Intentó incorporarle y Andrea se
acercó a la cama. Su padre, con las manos pálidas como el sobre que le
entregaba, le pidió que solo abriera el sobre cuando papá faltase. La niña, con
poco nivel de entendimiento pero sí todo el sentimiento del mundo, abrazó a su
padre intentando acercarlo un poco más a la vida.
Fue un funeral bonito.
Hubo flores blancas, faldas negras y un cielo despejado. Dafné no le echó jamás
un ojo a la carta de su hija y Andrea no lo hizo hasta haber sido adolescente,
siete años pasados desde la muerte de su padre.
Hola cariño, esta carta es para decirte todo aquello que no podrás
oír de mi boca cuando me haya ido de este mundo.
Lo primero de todo, nunca pierdas esa fe que te hace tan grande.
Lo mejor que tienen los niños es esa curiosidad, las ganas de tocar, ver,
aprender y jugar. Y creen en la Navidad, en los sueños, en los juguetes que
hablan y en que existe el final del arco iris. Creen en la magia que domina el
mundo y, cuando no encuentran explicación a los hechos, se preguntan por qué
una y otra vez.
Procura, hija mía, dejar el mundo mejor de lo que lo encontraste.
Esto es una tarea muy difícil porque te intentarán aplastar y es un puzle al
que le faltan demasiadas piezas. Empieza por tu entorno; haz reír a los demás y
que tengan la seguridad de que pueden confiar en ti. Mantén un corazón noble,
como el de un león.
Y no sientas que te mueres, no te ahogues, no dudes. Mantente
firme y llora cuando lo necesites, pero al acabar de secarte las lágrimas tan
solo levántate y demuéstrales a todos de qué eres capaz.
Siempre habrá alguien mejor que tú, alguien a quien con suma
facilidad le salga a la primera lo que tú, probablemente, lleves intentando con
determinación mucho tiempo. No importa. Son dones. Y tú tienes uno muy
importante: vas a ser todo lo fuerte que te propongas en esta vida y aprenderás
de los errores que tu corazón, palpitante y único, te haga cometer.
Además, las personas que son amantes por naturaleza, van a estar
siempre ligados a la búsqueda de la felicidad porque, de lo contrario, se
intoxicarían del veneno que mucha gente les intentará verter.
¿Cuántos retos serás capaz de alcanzar? ¿Cuántas ilusiones por cumplir?
Sé independiente hija, que nadie te corte las alas ni te diga que no puedes.
Cómete la noche y explórate a ti misma, ponte al límite, cánsate. Procura no
radicalizarte, somos más rojos al salir de la cuna y más tranquilos al morir, o
al menos eso dicen; sea como sea lo que elijas en esta vida entiende que los
argumentos no acompañan banderas de un único color.
Y viaja cariño, viaja sin miedo de explorar cada rincón. Huele,
come y bebe lo más autóctono de la tierra que pises. Ensúciate las manos. ¿Qué
más da? Y da siempre las gracias de regresar a casa sana y salva.
Ese es otro tema. Ahora que vives con nosotros, este es tu nido,
tu hogar. Pero no dudes en soltarte cuando quieras, aquí siempre tendrás las
puertas abiertas y continuarás siendo la mujer de mi vida junto a tu madre.
Sufrirás por amor y, al verte llorar, se me partirá a mí también
el corazón desde donde esté. No te preocupes, por suerte o por desgracia no
será el primero. Que nadie te levante la voz nunca hija, no te dejes llevar por
la locura de los primeros amores. Esos son muy intensos, locos, deliciosos…
pero pasajeros. El día que te enamores y te conviertas en el único mundo de
quien te ame, lo notarás. Y cuando pienses que no puedes querer más a alguien,
me harás abuelo y entenderás que esto que hoy te digo es lo más visceral que
pueda existir.
Cuando lo leas, espero que sientas mis palabras acariciándote el oído,
cada letra como un susurro de esperanza y de credo en la vida que está por
venir.
Esto último le recorría
el cuerpo cuando, esas veces que no sabía por dónde seguir, leía la carta y la
besaba como aquel día de libros y rosas en el hospital.
lunes, 21 de diciembre de 2015
La mejor manera de ser adulto: un niño de 5 años
Posiblemente, es difícil saber definir aquello que siempre digo de "el lado bueno de las cosas".
Puede que sea llegar a la estación y que te recojan tus dos mejores amigas el fin de semana de tu cumpleaños y ponerte a llorar de emoción al verlas. O pensar que queda un día menos para verlo y que me acostaré pensando en él. También reservar un hueco el miércoles y disfrutar de una cena con la familia que elegimos.Y que tus hermanos, a los que adoras con toda tu alma te digan "menos mal que has vuelto, sin ti no somos una familia". Escuchar cómo mamporrean el piano y me preguntan sobre mi vida en Madrid, hacernos fotos y que se queden boquiabiertos pensando en que su hermana mayor tiene 19 años.
Quizá esa sea la verdadera clave; ilusionarse como lo hace un niño. Lo maravilloso que sería asombrarse por las cosas como cuando tenías 5 años mientras mantienes el pensamiento de un adulto, pero por desgracia, son cosas opuestas. No se puede conocer la vida sin entristecer un poco al saber que es dura y que hay obligaciones más allá de pintar una cartulina. Ahí reside la magia de cada uno: mantener la espontaneidad y naturalidad con las que se dirían las verdades pero con conciencia de lo que se dice.
"¿Cuál es tu número favorito tata? Te doy mi bombón del número del calendario que tú quieras", ¿Cómo se quita él algo que es tan genial como un bombón de su calendario de Navidad para dármelo a mí sin importarle más que el hecho de que yo lo disfrute? Y me sería imposible aprovecharlo más de lo que él lo haría porque su mundo se reduce a pocas cosas y ese "premio" es casi lo mejor que podría tomar.
Compartir, asombrarse, echarse una siesta de vez en cuando, no salirse de la raya y jugar. En definitiva, buscar ese equilibrio entre ser un adulto con responsabilidades pero que sabe vivir como lo hace un niño.
martes, 24 de noviembre de 2015
Ridículo
Qué cierto es, me cuesta dormir si no es contigo.
"Ridículo" es como me siento cuando pienso en tu voz
y me doy cuenta de que solo fue el viento llamándote.
Pero te siento. Y favorezco encontrarme con tu mirada
cuando tu perfume persiste en mi cama;
gotas frías sin alterar y ropa interior desordenada.
Intento producirme y seguir caminando pero no me acuerdo:
¿cuándo dejaste de perseguirme? ¿Cuándo dejé de besarte?
¿Cuándo dejé de darme cuenta de que tú eras lo que tenía que encontrar?
"Absurdo". Cuando pienso en todos los abrazos que no nos hemos dado
y en el frío que no te he quitado las noches de invierno, café y amor.
Los kilómetros que he desandado y todas esas risas que nunca sonaron.
Tenía una butaca reservada, era la número 23.
Íbamos al cine a ver un estreno, con ese vestido blanco que te queda tan bien.
Y qué ciego, cuando me preocupaba más por qué ponerme
en vez de por cómo quitártelo. Y ya no me acuerdo.
No me acuerdo de esa película
ni de lo que significa "ridículo".
Ni del viento en la cara o de cómo olía tu cuello,
Tampoco de cómo me mirabas cuando me pedías que te abrazara
o de los lugares que iban sumando distancia.
No me acuerdo de las primeras mariposas que vimos.
Y ahora te llamo. Te observo. Te busco.
Todo en una distancia sencilla y sin gritos que exasperen tus latidos.
Me aguanto.
Sin respuesta espero a convertirme en el aliado
de la rutina absurda en la que ya no estás a mi lado.
"Ridículo" es como me siento cuando pienso en tu voz
y me doy cuenta de que solo fue el viento llamándote.
Pero te siento. Y favorezco encontrarme con tu mirada
cuando tu perfume persiste en mi cama;
gotas frías sin alterar y ropa interior desordenada.
Intento producirme y seguir caminando pero no me acuerdo:
¿cuándo dejaste de perseguirme? ¿Cuándo dejé de besarte?
¿Cuándo dejé de darme cuenta de que tú eras lo que tenía que encontrar?
"Absurdo". Cuando pienso en todos los abrazos que no nos hemos dado
y en el frío que no te he quitado las noches de invierno, café y amor.
Los kilómetros que he desandado y todas esas risas que nunca sonaron.
Tenía una butaca reservada, era la número 23.
Íbamos al cine a ver un estreno, con ese vestido blanco que te queda tan bien.
Y qué ciego, cuando me preocupaba más por qué ponerme
en vez de por cómo quitártelo. Y ya no me acuerdo.
No me acuerdo de esa película
ni de lo que significa "ridículo".
Ni del viento en la cara o de cómo olía tu cuello,
Tampoco de cómo me mirabas cuando me pedías que te abrazara
o de los lugares que iban sumando distancia.
No me acuerdo de las primeras mariposas que vimos.
Y ahora te llamo. Te observo. Te busco.
Todo en una distancia sencilla y sin gritos que exasperen tus latidos.
Me aguanto.
Sin respuesta espero a convertirme en el aliado
de la rutina absurda en la que ya no estás a mi lado.
sábado, 21 de noviembre de 2015
Que la marea no se lleve todo.
No quiero quedarme sin volar, ni sin sentir que el corazón se me ha roto de amor. Tampoco pensar que no soy capaz de que la vida me de igual por un instante, aquel momento en el que me encuentre entre tus brazos. Y a la vez, ¿sería yo sin sentirme libre cuando estoy sola? No. Actitud, predisposición e ilusión.
Dime si vamos a tener que parar esta guerra de sentimientos y me bajo del tren, haré que descarrile para que no quede nada antes de despedirnos por última vez y que, al chasquear los dedos, se olvide todo el mundo de que tuvimos algo. Por suerte o por desgracia, la vida es más grande que todo eso y el universo tan infinito que hasta acojona pensarlo; así que ni por un segundo se me pasaría por la cabeza comparar esa inmensidad con todo lo que llevo dentro. ¿O era al revés?
Nadie parece gritar que necesita una pieza que complemente ese puzle, ni que sea el calor de su vino para disfrutarlo poco a poco en el paladar. Parece que está mal visto aceptar que la vida siempre es mejor cuando el corazón te late más rápido al escuchar su nombre. Recordar una fecha y sentir una punzada es sin duda una de las señales de estar vivo, aunque a veces esa punzada te mate.
Si no paso por debajo de los andamios no es por superstición, es por seguridad. Pero juro que me arriesgaría a bajar al infierno por los que quiero. Un mundo en el que no tuviéramos vergüenza de aceptar lo que sentimos, en el que no tengamos que mentir ni cohibirnos por el mayor de nuestros enemigos: el miedo. Aprende a querer quien eres y, sino, es tan (jodidamente complicado) fácil como cambiar el rumbo. Y corre. Corre tanto como puedas y deja que la vida te sorprenda en esa carrera; pero no te pierdas detalle de lo que sucede a tu alrededor.
Desde la insultante ignorancia de mi juventud os lo pido, ved la realidad y afrontadla, no le echéis más hierro al asunto ni os recreéis en cosas sin importancia, desgastáis a los demás. NO hay que estancarse en una persona, ni en cosas insignificantes. Quitaos las manías, las malas contestaciones, esas maneras que "por ser vuestras" os pensáis con derecho a que los demás os las soporten. ¿Con cuántas personas has tenido conflictos? ¿Cuántas veces te han dado la espalda? Quizá no todas esas veces fueron tu culpa. Pero solo "quizá". Al final, en la sencillez está el gusto. Y eso no significa que las personas simples gusten más; las complicadas tenemos nuestro morbo. Pero por norma general, nos cansamos de las personas conflictivas. Que la marea no se lleve todo.jueves, 29 de octubre de 2015
Un barco de aire
Siempre serás ese misterio encerrado en una puerta sin picaporte, la prisa que tiene el sol por salir cada mañana y la lenta puesta de sol que se despide maleducada.
Siempre serás el pegamento que une la burbuja rota en la que me encuentro y los agujeros de gusano de un universo que sea menos gigante. La aguja de la brújula que señala el sur y no el camino que debo seguir.
Siempre serás ese "quiero y no puedo" en el equilibrio entre morderte o no el labio y el arte de escribir una poesía a la estrella más brillante.
Siempre tendrás el nosequé que me vuelve loca de alegría cuando alguien dice tu nombre; y el impulso necesario para que el corazón se me dispare.
Serás ese crimen sin resolver que me lleva de cabeza al insomnio cuando, en las noches en las que más frío hace, te presentas como el asesino de mis pesadillas.
Puede ser, que nunca deje de pensar en lo que habría sido y de hecho es con alguien que no soy yo. Que el carmín que un día se quede marcado en tu mejilla me haga rabiar de dolor y envidia, que la realidad sea que cuando te llame le hable a tu contestador.
Ni el momento ni el lugar, ni los mejores compañeros nos abrazaron esa noche. Tal vez, y digo como un dubitativo muy aplastante, aún sigues sabiendo todo lo bien que encajaríamos si las cosas no hubieran sido como fueron...aún siendo una canción tan ideal, un número par, una temperatura perfecta entre tus brazos y el balance de alturas mejor planteado. Como el barco de papel más estable que acaba hundiéndose irremediablemente mientras espero sentada a que se vuelva de aire.
domingo, 4 de octubre de 2015
Qué bella es la juventud
Qué bonita es la juventud. Qué regalo tan insultante y excluyente, qué magia encerrada entre dulces sonrisas y tersas figuras. Qué belleza...que nos abandona con los años y nos deforma poco a poco hasta que el recuerdo que nos inunda tiene notas de almizcle amargo.
Qué impotencia, vivir en contra de unas agujas que no se paran y no poder capturar ni los minutos ni los segundos. Experimentamos la esencia del tiempo mientras nos abruma el deseo de explotar más nuestros instintos, eso es la juventud: la revolución que nace de dentro, el fuego que arrasa con todo, la indiscrección hecha persona.
Qué impotencia, vivir en contra de unas agujas que no se paran y no poder capturar ni los minutos ni los segundos. Experimentamos la esencia del tiempo mientras nos abruma el deseo de explotar más nuestros instintos, eso es la juventud: la revolución que nace de dentro, el fuego que arrasa con todo, la indiscrección hecha persona.
lunes, 31 de agosto de 2015
La necesidad de entender disciplina y libertad
Te pregunto, ¿cómo puedes hablar de "perdón" y a continuación decir que es algo vital pero mirar hacia otro lado cuando se te habla de "respeto"?
Hablamos diariamente de lo que está bien y de lo que está mal y apostillamos continuamente cada comentarios que oímos al respecto. Es muy fácil publicar un artículo, realizar un escrito e incluso grafitear una frase, en todo lo anterior expresando el derecho a ser libres y a tolerar a los demás. Pues bien, más que un derecho, (y haciendo uso de mi propio espacio personal), pienso que es una necesidad.
¿Cuántas veces he oído aquello de que "tu libertad se acaba donde empieza la mía"? ¿Alguien puede explicármelo? ¿O es que es tan solo uno de esos clichés tontos que se dicen, una filosofía barata que es más fácil de usar que de llevar a cabo?
Ni mi libertad empieza ni tu libertad acaba. No estamos criados igual, no tenemos las mismas referencias educativas, culturales ni religiosas. Incluso haciendo más hincapié, ni en dos casas vecinas se come de la misma manera. Así que ya nos pueden intentar inculcar las mismas ideas que, si bien esas dos personas seguirán unas directrices más similares que entre otros, cada uno actuará de una manera propia. Hasta aquí todo parece muy lógico, pero lo cierto es que la complejidad humana es tal que no se puede encerrar en los libros que pretenden enseñarnos ni en un "¡cómete toda la sopa o no vas a crecer!".
Los niños son niños y cuando sea madre comeré huevos, pero hoy quiero dejar aquí constancia de la NECESIDAD que hay de unir el concepto de disciplina con el de educación.
En esa mezcla tan convencional debería haber más comprensión, más tolerancia, más respeto. Doy las gracias a todos los que intentan dar espacio para que cada uno pueda crear sus propias opiniones, ¿porqué la gente escucha "cristiano" o "musulmán" y parece asustarle pero si alguien practica el budismo es el más snob? La religión, el ser celestial al que cada uno rece no tiene tanta relevancia como el bien que le haga a esa persona consagrarle su fe; "la fe mueve montañas" y yo quiero aportar "sea cual sea esa fe". Y por lo que voy a decir a continuación espero que se haga un esfuerzo por entender lo que pretendo decir:
No creo que alguien que no apoye la homosexualidad sea "ignorante", precisamente ese no sería el adjetivo. De la misma manera que me parece mal la violencia que sufren ambos grupos (tanto a favor como en contra de homosexualidad). Al fin y al cabo son unas ideas que hemos recibido de nuestra educación, experiencia personal, cultura o tiempo en el que nos ha tocado vivir. Me parece normal que a mi abuela de 85 años no le parezca bien esa opción sexual porque ha vivido en un país en el que estaba penado; cuando era joven y construyó sus ideas, las bases iban en contra de que dos mujeres u hombres se besaran en público.
Espero que no se malinterpreten mis palabras, no por el hecho de que alguien se haya criado en un país en el que el machismo esté a la orden del día me parece que haya de eximirlo de un castigo porque maltrate a una mujer (de la misma manera que no permitiría que mi abuela atacase verbal o físicamente a nadie por el hecho de ser homosexual), pero sí que tengo que respetar que esa persona vea el mundo con unos ojos que no son los míos.
Puede ser que ahí quede aquello de "tu libertad acaba donde empieza la mía", pero sigue pareciéndome una frase tras la que ocultar un sentimiento de egoísmo en el que refugiarse. Puede que no haya solución posible y que las leyes que hacen los hombres jamás lleguen a satisfacer de manera común a todo el mundo.
De lo que espero estar segura es de que con los años no quiero volverme tan extrema, ni juzgar tan radicalmente lo que los demás hacen. No caer en los tabús de la sociedad y sobretodo exigir a los demás una coherencia que yo lleve siempre por delante.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

