jueves, 29 de agosto de 2019

Volar incandescentes con todo

Y en medio de la muchedumbre, el polvo, unos cuantos gritos de socorro y el aullido de un lobo perdido, estabas tú.

Estaba ahí tu aliento, tu elocuencia, esos ojos verdes como la selva de la que creo que emana mi alma. Una fuerza poderosa desde la garganta, donde crece tu risa hasta volverse carga de vida.
Unos labios a los que doy gracias por no haber besado; para que sean descubrimiento. Sobretodo alas. Principalmente viento. Finalmente vuelo.

¿Qué es lo que pasa cuando se mezcla la atracción con la inteligencia? ¿Qué sucede cuando cada vez que te miro me enamoro más y lucho con la melancolía de lo que está bien y lo que está mal? Que se pierde y se gana. El búmeran que corta lo que se pone delante pero siempre vuelve para demostrarte que lo establecido se puede truncar.

Y es que hemos ingerido la situación conforme venía. Hemos renunciado al momento para salvar el futuro. La rima en la punta de un rascacielos en cada una de las ciudades que hemos visitado. Con M de Marasmo; agotada y convencida; parando cualquier actividad física y mental pero a la vez sin dejar de bailar y pensar. Madrid no nos ha matado, nos ha hecho más fuertes y ojalá pudiera verte esta noche por sus calles o en los bares donde me quedo como una tonta pensando lo mal que elegí. 

Contigo he aprendido a escoger el perdón al permiso. Un universo de arrepentimiento es un universo ahogado en su propio agujero negro. Sin embargo, está siendo un agujero negro muy divertido y si la alternativa hubiera sido la existencia de vacío, me quedo con que seamos estrellas errantes. De esas que vuelan incandescentes con todo o reciben apagones muy oportunos.

martes, 27 de agosto de 2019

Mirar atrás

Solía mirar hacia atrás, como cogida por un mundo que la torturaba amarrada a unas cadenas largas. Despacito, ahogando poco a poco los atisbos de personalidad. Esa vida que se le salía por los poros y pedía cada vez más y más vida. 

La risa, los objetivos, el sudor...que acaban derrotando las cuerdas de la imposición. Bum.

Una brisa y tres tonos menos después volvió a mirar hacia atrás, sabedora de todo aquello con lo que había roto; arreglando en cada pausa los pedacitos que habían arañado de su espíritu. Y era hermoso saber que no iba a volver a mirar atrás, que todo lo que se llevaba en la mochila era lo bueno.

martes, 2 de julio de 2019

Marca de agua

Cuando a veces solo ves bandazos que te impulsan a tomar caminos decisivos. Respuesta rápidas. Cabreos materializados en distancia. Y sin embargo solo tienes una opción para coger el aire que te falta y tomar impulso hacia una única oportunidad. 
En ese momento puede que te quede recordar que en el menú se puede escoger la templanza, la esperanza. Puede que hay que tomar un vuelo hacia el interior y apagar las llamas. Puede que haya que asesinar el sol un poco y frenar para decir lo que realmente quieres decir y no solo cambiarle a la ira el as bajo la manga.
No quiero pasarme la vida hablando de un amor que no llega ni ser la chica que se cambió mil veces de ropa para estar perfecta una noche que no vivió. No quiero ser la que no mantiene amistades, ni la que estalla para olvidarse cada dos años de dónde vienen sus raíces. No quiero renunciar a la vida por el dolor de la caída. Ni quiero ser de esas que despiden el barco desde el muelle.
Espero ser de las que no encontró a su persona desde el principio porque sabe que lo de la media naranja se lo inventó quien no supo lo que era la naranginasa. Soy la que puede mirar atrás y agarrar una mano amiga que seguirá estando ahí. Por Dios...si soy la chica que tiene un árbol que le dice que siga creciendo en sus ramas y penetrando las raíces. Si quiero disparar desde arriba y caer cuando haga falta pegar el salto tras un gran suspirar. Seré el timón y la vela, el ancla y la bocanada de aire.
Resulta que además de imprudencia, podemos ver la realidad, suspirar y olvidar el dolor para seguir avanzando sin que duela, sin que la vida pese tanto que nos impida andar. Arrastrarse por la bondad y no negarnos a nuestra naturaleza, a nuestra razón de ser que está a punto de estallar cuando haces del paseo un sitio auténtico.

lunes, 24 de junio de 2019

5 años después

Siempre digo que a las personas buenas les pasan cosas buenas y, a veces, eso no es cierto. Ni siempre somos buenos ni siempre uno recoge lo que siembra. Ayer me gradué. Un paso más en el camino que se ha pasado volando, cinco años después estas fotos reflejan gente que estuvo ahí desde antes de la Universidad Europea. Papá, no hay palabras para describir lo orgullosa que estoy de ti, para agradecerte todo lo que me has dado: "libertad y educación". Que esta es mi vida y me dejas ir escogiendo decisiones a mi criterio pero estando a mi lado. Gracias, también, no solo por darme alas, sino por dejarme mi tiempo cuando se me rompen y necesito que se me curen; no quiero que me asegures cielos despejados, me basta con saber en mitad de la tormenta que tú estás ahí, a 400 o 9000 kilómetros pensando en que esta tía puede conseguir todo lo que se proponga.

También hay gente que sonríe a mi lado y estuvo desde el principio. Pablo, Víctor, Ander, Andrea, Cristian, Paco y todos los que habéis hecho que Villaviciosa de Odón sea mi casa. No se me olvidan las "noches de chándal" y TGB, la de veces que he visto al señor De Olives llorar de risa, arreglar el mundo hasta las tantas hablando con Ander. Andrea, tú sabes lo mucho que supusiste para mí en un momento de cambio difícil y me encanta ir contigo a Ikea y perdernos con el GPS. Cristian, eres "Hakuna Matata" y tener a alguien así es un tesoro. Paco, que de ti he aprendido a perseguir lo que uno lleva por dentro y la fuerza de la fe.

Otros, habéis llegado más tarde y me demostráis cuantísima falta hace rodearse de personas que son humildes, que están ahí cuando descuelgas el teléfono. Tenéis el poder de escucharme y decirme las cosas a la cara, sin filtros, con cariño. Las lobitas, sois ejemplo personificado de ello: sois faro, sois luz.

Mis compis de biotec, al pie del cañón. Javi Charlie que nos vamos a descubrir el verdadero significado de "american size", tengo muchas ganas de compartir el viaje contigo. Rafa, buena caza y largas lunas, una cabeza brillante y un corazón que luce aún más. 

Sergi, ¿qué te puedo decir que no te haya dicho? Desde hacer la prueba de acceso conmigo, ese chico monover me conquistó el corazón. Con su transparencia, sus defectos y virtudes, su compromiso con las causas justas. Eres tolerancia con los hechos y curioso por naturaleza. Ya no es solo lo que hemos hecho para botánica, salud pública o tecnología farmacéutica...eres esa vez que necesitaba hablar y me dijiste que no perdiese la perspectiva de la situación. Eres ese abrazo que necesitaba cuando perdí a mi amiga. Eres mucho y muy grande.

No me puedo olvidar de La Rioja ni de El Pilar. Sé que quizá no tengan cabida en este espacio pero es que estoy agradecida de lo bueno y de lo malo. De haber crecido tanto, de haber sido así.

Me falta mucha gente de la que puedo decir cosas buenas, pero esto ya es suficientemente largo y me lo llevo guardado en mi maleta. No a todas las personas buenas les pasan cosas buenas, pero qué maravilloso es que me hayáis pasado.








lunes, 17 de junio de 2019

Graduada, enseñarme sin más

Me acuerdo de levantarme aquella mañana el 27 de septiembre de 2014. Me había despedido de todos mis amigos, de mi casa, de mi bici, de los helados de la Masiá. Fue bonito cerrar la maleta, poner el despertador pronto y despedirme rodeada de besos y cariño.

Llegué a Madrid y llovía. Y hacía frío y no conocía a nadie. No me quise volver en ningún momento y menos cuando conocí a Mercedes en la cafetería. Mucho menos, incluso, cuando volví a ver a Sergi en clase. Entre el humo de una cachimba en la habitación de la residencia reímos mucho y empezamos a darnos cuenta de lo que era vivir solos y lejos de casa. Turboembudos, mucho cine.

Tiempo después de haber aprendido a que el hogar es el sitio donde pasas la mayor parte de tu semana, me di cuenta de que aquello que creía que dejaba atrás en Alicante solo quedaba en otro plano. No se puede mantener contacto diario con tanta gente y aún así siguen estando ahí, formando parte de ti.

Los siguientes años han sido una locura. He viajado, he perdido mucho, he ganado todavía más. Me encanta pensar en el día que Pablo perdió el vuelo, en la anécdota que tengo con Santi yendo a Portugal, en las veces que me he quedado dormida en el 518. La primera entrevista, el último susto. La de veces que el Supercor nos ha salvado la noche y cuantísimas hemos cerrado "los bares" para callarles la boca a todos los que dicen que "no hay nada en Villaviciosa". Sus fiestas, su gente, haberme enamorado en sus calles, haber trabajado tanto por ser farmacéutica.

Lo que diferencia esto de lo del resto puede que sea muy poco, excepto que es mío y lo he vivido lo mejor que sé. Renací en Colombia y me recorrí muchos kilómetros también por aquí y por allá. Nos hemos apuntado a un bombardeo, la verdad es que ha sido continuo movimiento. Y aunque aún queda tiempo para volar a California, seguro que recordaré dentro de un tiempo que el 15 de septiembre de 2019 aterricé allí; el tiempo que hará ese día y cómo conocí a gente a la que querré.

De momento, ha sido un placer Madrid. Gracias a todos, por enseñarme a base de palos y de alegrías. Por enseñarme sin más.

domingo, 9 de junio de 2019

Sociopatía en un café

Soy consciente, plenamente, de que a veces solo buscamos sentirnos bien con nosotros mismos. Lo necesitamos: un perdón, una palmada en la espalda que nos diga que "has tomado el camino adecuado". Aprobación, amistad, recrearse en un objetivo. Cerrar capítulos.

Todo sentimientos que requieren de algo fuera en vez de mirar en el interior. Es tan fácil hacer listas de lo que hicieron mal, buscar reprimendas, decir que ya no estás orgulloso. Es tan fácil (y necesario). Pero hay que coger las situaciones con un marco teórico (gracias TFG) y dejarse de acertijos con uno mismo. La diferencia entre complicado y sencillo es darle la importancia que merece. Y no la merece cuando tú ya has saltado de página.

Palabras que se dicen traicionando o las que no se dicen. Pasará el tiempo y quedan ahí. Sin futuros reproches, lo prometo, pero grabadas y desmerecidas. Aún así, la filosofía de subir y no hacer búmerans de historias acabadas sigue siendo la acertada.

Sin excusas, sabiendo qué eres, sin calificativos que deploren ni enturbien intenciones que no había. Sin remordimientos. Ni sabes amargo, ni escueces, ni quiero seducirte, ni volver a ti. Ni quiero fumar, ni quiero tropezar. No tengo recetas para semanas de mierda, pero me estoy quedando con quien me las salve. 

lunes, 27 de mayo de 2019

Ser faro, ser luz

Todo el mundo sabe que a veces, me da por escribir. Muchas veces es por aburrimiento o por inercia; en los momentos malos y en los buenos; e incluso en aquellos en los que no hay blancos ni negros, solo grises (muy bonitos) mientras disfruto el paseo.

Por seguir con el color, está el naranja de los atardeceres. Cada vez duele menos pensar en los que vimos juntos y que siguen allí, cada día un poco más tarde y que vivirán más que nosotros.

Está el verde. El verde en muchos tonos distintos pero el más bonito es el verde esperanza. Y hablando de esperanza, hay personas que son como velas, o velas que son como personas (no estoy muy segura). Pero la luz que desprenden va mucho más allá de la llama y el calor tintineante. La luz de una vela encendida (y de una persona) puedes verla en la oscuridad aun cuando estás muy lejos de ella; porque hay gente que no necesita ni siquiera abrir la boca para demostrar su fuerza y, sobretodo, su bondad. 

Obcecándonos, a veces demasiado, en reprimir algunos sentimientos cuando es complicadísimo. Cuando no es necesario. Cuando lo que importa está más en lo que se dice que en lo que se calla; y se encallan en el alma el dolor y la tristeza. Y es que los faros no están hechos para estar apagados, ni las personas que son como faros y tienen la desgracia (y la suerte) de intentar hacer volver a barcos que están en realidad perdidos.


Ser faro, ser luz.

miércoles, 22 de mayo de 2019

La felicidad también se entrena

La felicidad también se entrena. Lo puedes hacer escuchando esos tacones en los que hacía demasiado tiempo que no te subías, poniendo andamios de personas que te quieren y te cuidan de verdad, esos que de tenerlos siempre tan cerca dejas de ver pero sin los que te caerías. 

Podrías, por ejemplo, recordar tu rutina de frases matutinas; la retahíla de versos que cantas desde hace años, aquellos incluso que has aprendido hace poco y no tienen sentido; ya lo tendrán. Porque avanzas, porque no te caes. E

Ser luz, entre tanta niebla, para quien acabas de conocer y aprender a recibir brillo de fósforos incandescentes. Cada uno en su universo, en uno tan oscuro que nadie entiende. Los nervios en la piel; una dermis que, gracias a ti, te acarician y te cuidan cuando necesites esconderte. B

La felicidad seguro que se entrena aprendiendo. 

Descubriendo la obra de arte en la que te mueves y caminas, gritando en silencio que estás aquí y que no te vas a ir. La ausencia de ti mismo es un castigo inmerecido; lo saben hasta los enanos. Esforzarse y reírse de lo malo, que es mucho menos que lo bueno siempre. M

Necesitamos invertir en experiencias, atrevernos a ir un concierto solos y que se nos suba el corazón a la boca invirtiendo en Pecados. Que es mentira eso de que la medicina es el remedio para las Cicarices; sobretodo cuando a las rosas les salen capullos, es mejor cortarlos de raíz. S

Aunque no seamos expertos en felicidad, la entrenamos cada día sin darnos cuenta y eso, poco a poco, da resultados.

jueves, 16 de mayo de 2019

Otro calo más

Algo que sea de verdad, una rubia entre mis manos, otra entre mis brazos. Fumar un calo y mirar al sol, que calienta mientras se esconde, usando el cielo de lienzo y marcando el camino hacia el fin de un día.

La risa sincera, de la que es estridente y genera más voces, contagio, tu flujo incansable de luz y vida. Unos amigos, la hierba fresca, unas cartas y saber que aún quedan horas hasta acostarse. La incertidumbre de volver acompañado a casa y que sean tus curvas las que alinean mi mente en el rooftop más cercano que veamos.

Comprarte ropa interior que me vuelva loco y te elogio, eres el momento vivo y duradero que se acabará en cuanto parpadeé. Y te alargarás, y me dolerá. Pero qué bien sienta estar. Esto es de verdad, las burbujas de una rubia que atraviesa mi garganta y la mirada malvada de la otra que quiere que la bese sin cesar.

Un nombre que coleccionar, historias que contar, otro calo más.

sábado, 4 de mayo de 2019

Los 10 caminos del boicot

Hablando con un buen amigo que está lejos me ha inspirado para escribir un par de cosas que me hacía falta poner sobre el papel. ¿Por qué nos boicoteamos? ¿Cuál es el buen camino? Esto te lo dedico a ti, por todas las cosas que aún nos quedan por vivir y por todas las veces que el corazón se romperá (y las que estaremos para reconstruirlo).

Los problemas o tienen 10 soluciones mínimo o no tienen ninguna y en el transcurso de estar ciego y buscar fuera de uno mismo, es bueno echar un vistazo dentro y recoger esa energía que realmente llevas y te pertenece.

Puede que, al menos en mi caso, la palabra no sea boicotear. O sí. Pero puede que haya que quitarle esa connotación negativa y cambiarla para decir "proteger". Puede que me boicoteé ruinmente pero que sea una forma de no dañarme más. Puede que sea porque me conozco de forma subconsciente (no del todo, ni de lejísimos) y ponga el freno de mano cuando la cosa se acelera y siento que aún no me he curado de mi anterior caída.

El buen camino es el del amor. "Cuanto más amor das, mejor estás y así to' el rato bro". Lo diga quien lo diga: alguien a quien admires, que te inspire, que no te caiga bien, quien sea; hazle caso. El mejor camino es aquel en el que amas a quien te ama, perdonas a quien te daña y sigues buscando tu senda sin esperar que, quienes te acompañan en ella, se comporten como tú crees que deberían comportarse. Eso se llaman expectativas y fomentan los prejuicios y las infelicidades. 

Cuando algo te moleste, dilo y quítate la piedra del zapato; pero anda. 
Cuando pierdas a alguien, llórale; pero no permites que te entierre a ti también. 
Cuando descubras verdades que duelan agradece haberlas visto porque aunque vivamos mejor en la ignorancia, no se puede comparar a la libertad de tomar decisiones sobre cómo tomarnos las cosas.

Mientras des amor, aunque te boicotees las veces que necesites para curarte, tu camino se irá abriendo; "y así to' el rato bro".

jueves, 2 de mayo de 2019

Maleta amarilla

Aquí hay dolor; muy poco. Una gota de rencor, inequívocamente intoxicándote, muy poquito a poquito, calando hondo dentro de tu ser y pesando como una losa enorme. 

Ya te has ido quitando de dentro un montón de carga: liberación de algo que ni sabías que llevabas a cuestas, siendo lo menos liviano el hecho de que tú mismo ya ni estabas. Eso es lo que más amarga.
Has ido encajonando en rincones del alma eso que estaba esparcido por en medio, que no te dejaba ver con claridad tu objetivos y te ataba de cierta forma. No todo era malo, de hecho era muy bueno y si no, no sería tan letal ese último remanente.

Poco a poco has dado la cara, quitándote el perfil y buscando dentro eso que creías que estaba fuera. Los pulmones se han ido desprendiendo de humo y sabes que el precipicio está cogiendo una altura estupenda para saltar y caer de pie. Ni diez años y un día, ni el círculo, ni la mezcla de una base en un tocadiscos o la maleta amarilla que me encanta llevar a mi lado. Eso estará y será un reflejo vago cuando en primavera recuerde las rosas y los libros el 23 de abril. 

Vas sacando, como una oleada de fuerza y tristeza en función de cómo sople el viento, motivos por los que comprender que te atreves con todo, sin escaparte, sin esperarte, sin disimular. Es un proceso curioso, lento y motivador: quitar las telarañas, mirar al lado y ver un hueco que llenar, o dejar así. I'll be OK, not just today pintado en una carretera, el calor, tu mirada, una foto, una risa, el asfalto, el olor a sal, volar, gritar, un beso, un sollozo, un mareo, una llamada, un corazón, dos razones, tres discusiones, cuatro abrazos, cinco días.

Cómo me gusta esta mochila vacía, el horizonte despejado, las miles de flores que me encontraré, las veces que me recordaré, cantar Outro y darle mi sentido para que Verte amanecer me sepa aún mejor. Qué bien este salto, qué bien mi maleta amarilla.

lunes, 1 de abril de 2019

No se puede encontrar paz evitando la vida. VW

Te escribo de nuevo, hoy no es ácido, hoy te doy las gracias. 
Gracias por haber sido valiente. Gracias por ser quien tú querías ser y enseñarme quién podía ser yo. Gracias por cada lección, desde aquella en la que me dijiste la palabra "élite" hasta en la que comentaste que tú debías ser conmigo libertad y cariño, que no ibas a controlar mi vida pero sí estar ahí acompañándome.

Se me ha roto el corazón varias veces, y no de amor, y has estado. Y se ha caído el cielo pero tú has hecho sin saberlo que se ampliara porque, aún con las alas rotas, no querías reparármelas sino darme el espacio suficiente para que me curase y echase a volar cuando estuviera preparada. 

Has sido la tormenta que te enseña que uno no puede encontrar la paz si no es capaz de enfrentarse a la vida. Uno no puede encontrarse a sí mismo y quedarse parado, porque todo cambia, porque nada es estático. Que la felicidad no es algo que llega, es algo por lo que tienes que pelear y que, el que no la veas no implica que no esté; solo tienes que buscarla buceando o con un Coibas mirando una puesta de sol.

¿Cuántas veces hablo de ti? ¿Cuántas veces pienso en ti? En cómo todo podría mejorar, en como empeoró, en qué hacer, próximos pasos, anteriores fracasos, futuras alegrías, las pérdidas no conocidas. Claro que soy rebelde. Y soy una loca; "las cuerdas atan". Y no voy a hacer caso porque tiro de la cuerda en dirección contraria a lo que me digan muchas veces, queriendo la razón. Pero jamás me olvido del corazón; puede que sea precisamente eso lo que me empuja a llevar la contraria. 

Voy a seguir provocando explosiones, voy a hacer que las cosas ardan tanto en lo bueno como en lo malo. Voy a estar hasta las trancas toda la vida porque reboso vida, porque hay que enfrentarse a esta para encontrar paz y una vez encuentres paz puede que todo haya acabado.

Gracias de nuevo.

domingo, 31 de marzo de 2019

Esto no se llama FINalizado

"7 versos, ni una rima. 
Repitiéndote incansable que todo pasa,
verbalizando en desagües 
que quieres marcharte.
Dejando de escucharte,
FINalmente: 
silenciándo. T."

¿Te das cuenta de la tontería que estás escribiendo? 
¿Cómo te has atrevido a decir esas tres letras?
Nunca se acaba porque esto no para, 
no deja de girar nunca. 
Aunque te empeñes y dramatices, 
no va a ser hoy cuando se acabe el mundo,
ni si quiera se terminará tu día. 

Es absurdo, 
ponerse clavos por las decisiones que otros han tomado.
Poco a poco lo irás viendo claro 
y claro que te liberarás de ese peso, 
que pasa despacio a tu lado y te recuerda lo malo. 
Déjalo que se quede quieto. 
Inquietante.

Vamos sumando ladrillos construyendo un muro 
y cuando se derrumba, asustado: 
intentas reconstruirlo rápido para no perder el norte. 
Pero se ha acabado. 
Tendrás que volver a empezar y será maravilloso 
porque pasarás tiempo contigo mismo, 
construyendo; acabar mirando un nuevo horizonte.

Y por eso esto no se llama "FINalizado",
porque aún no te has marchado, 
aún no te has culpado,
aún no te has abandonado,
aún no te has alejado.
Y aun cuando todo eso suceda, 
no podrás escribir un punto.

Bienvenido a un nuevo capítulo,
tan solo has EMPezado.

jueves, 28 de marzo de 2019

Hoy estoy aquí

Hoy estoy preparada para volver aquí. Hoy puedo hacer muchas cosas: puedo hablar de ti y lo puedo hacer acordándome de lo mejor. Puedo criticar lo peor. Puede describir en hipérboles nuestra relación.

Hoy estoy aquí, frente al ordenador; ordenando las cualidades de mí que tanto me gustaban. Se me eriza el bello de los brazos y me sienta la bestia que abraza a bella. No me desconozco pero tampoco puedo aminorar el dolor.

Sé que todo esto es bueno. Que hoy es hoy y estar es el 80% de la vida. Sé que no es por cifras pero tengo en mente el número de planes que teníamos y me desgarran los hilos de las oportunidades que perdimos. Pero da igual, porque hoy estoy aquí.

Esa frase que siempre será cierto hasta el día que deje de respirar. Una realidad que me ata a la realidad: que el mundo sigue girando a la misma velocidad y que mañana será otro día.

Hoy puedo teclear que me duele pensarte, pero que eso es bueno porque significa que mereciste la pena, que ese capítulo no lo escribí en vano. El dolor, junto a la pena, son sentimientos que al principio abruman y luego te recuerdan cómo de importante es crecer, transicionar. 

El dolor por dolor se encarna, duele, se vuelve sufrimiento y este en odio. El dolor que te promociona a un estado de mayor energía, de liberación aprendida, ese es el dolor útil: el que te hace sentarte enfrente del papel y te permite escribir "hoy estoy aquí".


lunes, 18 de marzo de 2019

Puntos de inflexión


Esa noche hablamos de puntos de inflexión. Estuvimos hablando de faros en la distancia, de la fuerza de la tormenta, del carisma de la responsabilidad y la picardía que tienen las decisiones emocionales.

Hablamos como lo hacen las olas del mar: tocando un tema y luego otro, acariciando a veces las palabras, otras con fuertes embestidas que nos hacían darnos cuenta de lo peligroso que es tirarse al mar con dudas.

Esa noche…qué larga fue. Nos miramos y nos sonreíamos como si fuera la primera vez. No descubrimos nada que no supiéramos, o más bien fue todo lo que sabíamos que estaba escondido y salió para que dejásemos de fingir.

Fue lento, húmedo; como tus besos y tu calor. Ritmo herido en la piel, sangrando el alma con pequeños beats, como nuestra canción agotándose.

Esa  noche supe, otra vez, que no estoy sola, solo estoy conmigo misma. Estúpidos recuerdos y apretones de mano que se convirtieron en cuchillos que me acariciaban y no quería dejar marchar.

Marchita. Mustia. Melancólica. Con “M de Marasmo” no leíste y desde entonces espero que visites el orgullo de mi vida, mis letras, mi rima. Bailando con la poesía y rompiendo el silencio; porque grité, esa noche grité y me quedé a oscuras pensando en lo poco que ganaría y todo lo que había perdido. Pensé en el arrepentimiento, en cuántas veces debí haber parado y solo podía seguir hacia delante.

Cualidad difusa que a veces me empuja y otras me devuelve una parte de mí que no quiero, una parte de ella que he heredado y de la que no puedo despojarme. Sería como quitarme la piel, es inherente a mí. La locura que a veces te besa y satisface y otras te abruma y deshace.

De nuevo, puntos de inflexión. Fue buen momento para recordar cuánto había detrás de nosotros en cada gesto, cuáles de esos gestos nos gustaban realmente. Por último, esa noche hablamos de volver juntos a casa. Qué triste fue cuando me di cuenta de que esa ola acabaría rompiendo en el mar y nunca llegó a la orilla. 

Continuaré sola hasta el puerto más cercano.

lunes, 11 de marzo de 2019

Simplemente estar

El problema que tengo es que, de repente un día, esto deja de importarme. Y entonces, ya no lo llamaré "esto" si no "aquello" porque, sin darme cuenta, interpondré distancia para que no me duela. Cuando ese día llega, pierdo la sonrisa y lo peor es que ya no tengo brillo en los ojos cuando lo pienso. Simplemente, se ha esfumado la magia y todo lo que era capaz de aguantar y pelear ya no está. 

Suele pasar con las decepciones. Pero las decepciones grandes, esas que notas cómo te han hecho un corte por dentro y parece que no hay paso atrás que te lo cure. Es en parte como nos vamos haciendo mayores, y desencantados, y decepcionados, y deprimidos. 

No tiene que ver con no saber perdonar. Hay veces que no tienes nada que perdonar porque simplemente alguien haya tomado un camino que te haga daño. Todos somos dueños de nuestros actos, todos sabemos lo que duelen las cosas, todos podemos tenernos o no en cuenta. Hay que dejar de esperar de la gente que actúe como tú quieres; pero desde luego que también hay que saber soltar a aquellos que nos hieren sin razones de peso, para "que aprendamos" o porque "les apetece".

Mi casa es mi templo. Mi cuerpo es mi vehículo. Mi mente usofructo de mi vitalidad. Y en ese triángulo de las bermudas sobre el que baso mi vida quiero dejar fuera lo tóxico. Los colores de las sombras de quienes no supieron estar ahí. Gran parte del éxito consiste simplemente en "estar ahí".

Lo bueno de todo esto es, que sin lugar a duda, soy capaz de verle el lado positivo. Si me he levantado cuando me he caído, ya recuperaré la ilusión con nuevos retos. Ya pintaré nuevos paisajes. Ya cantaré nuevas canciones. Ya respiraré aire de otros lugares.

jueves, 28 de febrero de 2019

Las golondrinas de Bécquer

Te quiero recordar cómo de importante eres. Que el calor dentro de ti me ha provocado alejarme de las golondrinas de Bécquer. Hace tiempo que no sé mirar el horizonte en los colores del espectro visible; y más bien me muevo como el espectro de aquello en lo que pensé que nunca me convertiría. Y sigue una parte que no se apaga, y vuelve de vez en cuando la tarde a tornarse rosa y naranja y el viento grita mi nombre mientras me ilumina desnuda por los huecos que deja la persiana.

Se oye un orgasmo matutino al morder las tostadas y como la melodía crece para morir antes de que podamos tan siquiera pensar en el sonido. Así de rápido mueren mis ganas. Así de brusco se vuelve el tiempo. Como tecleando un instrumento lleno de notas inexploradas, voy probando hasta que acierto y eso vale por todos los estruendos que he ido dejando atrás. Porque sí, lo dejo atrás y eso me sirve para volver al título: "cómo de importante eres".

El reflejo de las tres veces que he conjugado el verbo "volver" y las tres uves de esta frase, fue en vano la búsqueda de fe; de donde no hay, se saca rascando. Saco las uñas y me muestro, llena de encontronazos, llena de fe. Saco las uñas y me desgarro cuando no llego a verme desde dentro. 

Pero de momento no lo necesito demasiado; no hay conclusión tras estos párrafos, solo una gran ola en la que me estoy moviendo y no encuentro dónde romperá, dónde iré a parar. Tal vez lejos de aquí, probablemente fuera de ti. Cómo de importante soy ya me lo recordará la espuma de esta ola, el crujido de la tostada, las golondrinas de Bécquer. 

viernes, 1 de febrero de 2019

Y por eso hago la cama

Hacer la cama. Empezar el día. Apoyar un pie y luego el otro. Estirar un brazo y luego el otro. Ordenar un pensamiento y luego el otro. No ha salido el sol y siento que es temprano para salir de la cama, para dar al mundo un poco de mí. Es temprano, incluso, para aquellos que siempre están despiertos. 

Y, sin embargo, es tarde para los que siempre duermen. No les queda tiempo, ni ganas, ni alma, ni refugio a aquellos que no dicen nada, que no se mueven, que no han despertado y siguen soñando en una burbuja de profecías autocumplidas. Seguirán sin decir nada.

Me lavo la cara y no veo los años, veo lo que ayer me perturbó, lo que me hizo daño. Y entonces siento agonía y quiero meterme en la cama. Pero, aunque sea agonía, por lo menos siento. Y pienso que sentir es mucho mejor que la asepsia de quien no sufre porque no ha encontrado motivos para ignorar la ignorancia. 

Desayuno una tostada monótona y encuentro comfort en los sabores salados, dulces y tiernos. También lo hago en el café amargo y en un yogurt insulso. Encuentro amabilidad en el hecho de poder llevarme algo a la boca, en nutrirme con energía. 

Me pongo la ropa interior, me abrigo con la exterior. Y antes de salir por la puerta, ya he debido encontrar cómo vestirme de piel para adentro. 

Resulta que desde que me he levantado he entrenado muchas cosas: mi capacidad para mirar la mañana oscura y decir que yo llevaré luz a las calles vacías. Que siento y eso es bueno porque sigo en movimiento. Que me declaro ignorante porque no sé de nada pero no quiero vivir en la felicidad del ignorante, sino decidir por mí misma. Que agradezco cada bocado, sabor y olor de la comida y agradezco a quienes han hecho que yo tenga la seguridad de que comeré al día siguiente. 

Y todo ha empezado por hacer la cama; un ritual que parece inútil porque la desharé esa misma noche al acostarme pero que refleja en mí la satisfacción de que, si el día ha ido mal, podré llegar a mi casa y tumbarme en una cama bien hecha. Porque si en la vida no se empieza por lograr pequeñas cosas o disciplinas, las grandes serán más complicadas. 

martes, 29 de enero de 2019

Ilógicamente humano


Es totalmente ilógico. Como la forma en la que uno se arrastra por el amor de un hijo; como las cenefas de lágrimas que uno dibuja incluso cuando ya es tarde para todo.

Porque si fuera coherente, no sería verdadero. Si no te levantases con el pecho ardiendo, no sería auténtico. Porque si duele tanto que hasta es placentero, puede que haya un atisbo de realidad.
Porque no tiene ningún sentido; y esa es la aseveración más sincera. No podemos buscar orden en el amor. No se pueden encontrar justificaciones que expliquen los actos que haces por amor. Ni se puede expresar a veces cuánto cansa el sentir que mueres por amor.
Porque la base del amor, la primerísima cosa que se ha de hacer, es respetar. Y antes ni siquiera de plantearnos el amar, debemos: querernos, cuidarnos y protegernos, a nosotros mismos.

No se debe prometer amor. No. Si amas, prometes respeto, sinceridad, cariño, flexibilidad, sacar el sol en los días grises y ser el sonido ambiente cuando la otra persona solo sea capaz de escuchar vacío. Ser los versos medidos de una historia y crear magia de un bostezo a su lado diciendo “te quiero”.

Y da igual por dónde empieces, pero debes empezar.
Da igual el pánico que te dé, pero debes atreverte.
Da igual cuánta oscuridad rodee una situación, debes ser quien ponga luz.

El momento en el que más bajo estás puede que sea el mejor; no tienes nada que perder, no tienes hacia donde caer. Solo vas hacia arriba. Solo in crescendo. Y es que si no te mueves pero tampoco puedes estar parado, quizá deberíamos cambiar hacia verticalidad y plantearnos qué hacer para que nos salgan alas.

Esas ansias de volar, esa fuerza que tenemos todos dentro, ese propósito de vida, el no poder dejar de respirar voluntariamente; todo eso debe ser amor. Porque no es lógico, no; pero si dejas de amar, si dejas de intentarlo, si permites que te venzan las ganas y desistes, entonces habrás muerto y nada de lo que hagas después podrá ser digno de llamarse humano. Amar, ilógicamente humano.

miércoles, 9 de enero de 2019

Solo aire


Y que no sea solo aire lo que respires.

Que entre en tus pulmones la luz, avocada entre tanto alveolo oscuro y reprimido. 
Que no sean frágiles tus manos, ni pobre la elaboración de tus sueños.
Que disfrutes tanto de las pequeñas cosas que veas belleza en la espuma de un café.
Que no guardes rencor, ni hagas ciegos a tus oídos; cultiva música, y arte, y tiempo.

Que no sea solo aire lo que respires, por favor.
Que la moneda con la que pagues se devalúe y cobre importancia ganar en especias; gastar en sonrisas.
Que no sean solo letras escritas en un poema. 
Que arda en ti la pasión y te atrevas a cometer otro error.
Que me salven esos besos tontos y pueda volver a hacer el amor.

Que no sea solo aire lo que respires, por favor.
Y que bailes, que luches, que te pisen.
Que llores y lluevas, bondad a pesar de tanto mal.
Que no tengas nunca la intención de parar.
Que tengas un propósito nuevo cada año; que te levantes con la idea de construir más rápido y destruir pausado.
Closeup Photo of Withered Flower 

Que no sea solo aire lo que respires, por favor.
Que todo se termina y solo tienes esta vida.
Que si fuera solo aire lo que respiras, acude en busca de nuevas rimas.




viernes, 28 de diciembre de 2018

Inocente inocencia


A veces me pasa, que veo con una sonrisa al cuello, el cambio de colores del paisaje madrileño hasta que torna a dorado y añil; la sequedad del monte, la humedad del mar. Tenía ganas de venir, sentir, compartir, eludir, sonreír, predecir, esculpir.

Venir a fundirme con el árbol de la plaza, sentir la ausencia de frío (sin llamarlo calor), compartir mi casa con todo el que lo quiera, eludir la responsabilidad de la bata unos día, predecir cuánto tiempo tardarán mis amigos en bromear sobre mis ojos y esculpir en plastilina aquello con lo que quieran jugar los peques.

Tenía ganas de librarme de las cadenas de pensamientos negativos que entraña diciembre y que, sin ser demasiados, han profundizado en mi ombligo. Mirar y no reconocer, ir a escribir y que los espacios no funcionen, mezclando emociones y encadenando palabras que al final son disgustos arraigados.

Basta.                   Espacio.                Pausa.

Un ejercicio mental de aceptación de las ideas, de las situaciones, de las patologías de la vida y, exactamente, de la vida. Como la farsa de alguien que se cree su mentira y distorsiona las siluetas de las amigas “sinceridad” y “templanza”, desvaneciéndose y presentando un desajuste interno.

A veces… a veces solo necesito el mar. Y reírme. Gente que nos haga reírnos en silencio porque perdura más que el sonido que se lleva el viento. Comodidad estirada como el sabor del mejor chicle del mundo. Y es que, algo tan sencillo como un chicle a mí me hace feliz. Darte la mano y notar tu piel es un alivio. Escuchar qué piensas de la fuga de Alcatraz me intriga. Que me cuentes qué o a quién te llevarías a una playa desierta. Que me digas que quieres verme y hagas porque eso se cumpla.

A veces es eso, la sencillez de un chicle y todo lo que antecede.
Basta.                   Espacio.                Pausa. 
Ahora nos vamos entendiendo. No es que tenga que pasar algo, es sencillamente que las ideas toca ordenarlas como ese cajón de las medias; no sabes si algunas están ya para tirar, si perdieron sentido porque les falta una mitad, si se agujerearon y no valen para el propósito inicial pero sí para otro, si el color no coincide pero te da igual. Ya no lo sé, cada idea dispar que tiene que volver a su sitio. Por eso reír, por eso eludir, por eso sentir. Alejarse y no mirar el ombligo propio.


Inocente inocencia la de aquellos que anhelan recuerdos que se están borrando y más aún de los ilusos que creen que siempre se borrarán. Inocentes los que no saben porqué se sienten mal pero tienen la espada en la mano preparados para atacar. Inocentes…los que sin miedo rechazan ayuda pero se ahogan en su propio mar de hipocresía inaudita. Yo no soy inocente, más bien bastante culpable en la declaración a gritos que aquí acontece: he abierto un cajón de medias desordenadas que serán medidas bien tomadas al final del día séptimo. Voy a estar prendada de todos mis aciertos, pero sobretodo, de todos mis males.

Inocente inocencia.

miércoles, 12 de diciembre de 2018

Niebla


Tras un largo camino de lluvia de aguacero llegó la niebla a enero.
Demasiado tarde en la noche. Demasiado pronto en la mañana. Los faros del coche iluminaban las partículas suspendidas en aquel aire frío.
Un frío que te espabila va cuando salías a observarlo. Un olor que recorría lo más íntimo de tu espina dorsal. Sinonimia de sinestesias: gusto, olfato, tacto; todo en uno.
Arañazos en el alma con densidad impropia del dolor que uno no deja asomar. Niebla.
Y a pesar de correr tanto que me tragué hasta el aliento, no pude escapar porque era tan solo eso; niebla en mi interior con forma de lobo que va detrás de mí.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Amorcato de Davilina 23 mg, 3 veces/día

Creía saber que no necesitaba un tratamiento crónico ni SPD con rutinas establecidas. Estaba más por la labor de chutes bruscos, áreas bajo la curva de vértigo, escándalos sin receta.

Te vi, solo, delante del mostrador al que llamamos septiembre y me acerqué. Me metí poco a poco en esos ojos de fórmula magistral que me miraban a medida; recomendándome una dosis más baja y pausada, espaciar la vida, respetar posología. Un poco de vino contraindicado me hizo ver medio orgasmo, risas nuevas, retortijones en el epigastrio. No quería más ácido en mi estómago y, de repente, la ilusión comenzó a ser la mejor medicina. 

Pero el seguimiento se perdió y decidimos inyectar un poco de aire entre Madrid y el sur; unos mililitros directos desde la arteria principal. Pretendí que fueras mi bromurio de ipratropio, mi SABA particular, aire que fresco en mis pulmones y acabé encontrando en ti la estatina que me salvó el corazón; la cronicidad que me hace pasar la vida un poco mejor.

Valoramos los factores de riesgo, las interacciones, duplicidades y toxicidad. Hicimos del Dader una herramienta útil, la alianza que determinó el acuerdo entre Londres y "aquí", ya no hay códigos nacionales, solo un enorme "sí".

martes, 20 de noviembre de 2018

Arde


Arde noviembre, arde París.
Arde la lluvia, arde sin ti.

Suenan las teclas del piano confundido por las palabras dichas sin sentido. 
Un recuerdo, dos recuerdos.

¿Es el tiempo relativo? En un segundo volantazo y han pasado cinco años; contando entonces los pasos de gigante que diste sin saber lo que estabas creciendo.

La simplicidad se confunde con unos versos mal rimados, corazón dorado, pensamiento abstracto.
Disfrutando del espejo, de las películas que evocan un futuro que da miedo. Y si el miedo es crear, si el caos fomenta al campeón; lucharé hasta que salga de mí toda la razón.

Porque lo imparable de nada sirve frenar. Porque se puede hacer un complejo vitamínico de unos minutos con la persona adecuada. Porque el egoísmo no entra en esta melodía que no para de crecer.

Y mientras tanto:
Arde noviembre, arde París.
Arde la lluvia, solo de Jimmy Hendrix.

viernes, 9 de noviembre de 2018

1178

Y ahí sigues; el retrato fideligno de que no quieres dejar escapar ninguna oportunidad. Y entonces te das cuenta de que es la oportunidad la que no ha querido que la encontrases, que ha salido de tu círculo para escaparse y que tu vida no fuera el reflejo de quien te decían que debías ser.

¿No se entiende? Lo explicaré dentro de unos años con arrugas en las mejillas y callos en las manos; porque por más oportunidades que se pierdan en la vida, la sonrisa y el trabajo no impiden que te conviertas en quien quieras ser.

Las hojas no dejarán de caer en otoño ni el olor a musgo fresco dejará de emocionarme. No permitiré que se apague la pintura con la que rocío charcos grises ni acabaré atada de pies y manos por quienes se creen con el poder de parar el mundo. Encajaré los golpes como quien enhebra una aguja o tira piedras desde lo alto de una tubería para acabar encontrando, al final del túnel, una moraleja con silencio antes de arrasar con todo.

La moraleja de una historia que extraen los borrachos a verdades. 
El silencio absoluto en el desierto vacío.
La llama que prende la mecha de etapas que no hay que quemar.

viernes, 19 de octubre de 2018

Gracias

Ayer, al salir de la Universidad, experimenté una de esas sensaciones que se tiene algunos días en los que te sientes orgullosa. Fue agradecimiento pleno. Normalmente, al salir de un día largo de biblioteca y encontrarme lluvia, iría corriendo al parking para coger mi coche y salir escopetada. Pero ayer no.

Lo primero que agradecí fue el frío. Un octubre sin lluvia parece que es septiembre y avanzar en el tiempo te da perspectiva siempre. La oscuridad, la acera iluminada solo por las farolas y las luces de dentro de los edificios, los foodtruck proyectando sus sombras.

El olor a tierra mojada y el dolor en el cuello. Esa molestia que te dice que de ti no se ha ido ni un ápice de ímpetu, que quieres seguir mejorando y no tienes miedo a que ese lugar esté lejos de casa porque eres, al fin y al cabo, capaz de hacer tu casa allí donde estés.

El ordenador a 3% de batería y tú, puede que aún a un 23%, porque para mí es mejor creer que soy incombustible, que las personas podemos con todo, que hay pocas cosas que superen un día rodeada de gente a la que admiras. Y aunque luego todo esto sea mentira la mayor parte del tiempo y haya días en las que se me agote la mecha rápido, que me defraude la humanidad o que no me inspire mi entorno, sé que en la balanza lo bueno siempre pesa más.

Pensé en lo que hablé con un amigo hace unas semanas y es que en octubre parece que todo el mundo está un poco de bajón (y yo la primera) pero se trata de saber que no has perdido el norte y que cualquier árbol tiene que perder las hojas en otoño para brotar más fuerte que nunca. Y agradecí su consejo.

Llamé a mi abuelo desde el coche y puse "héroes del sábado". Entonces, agradecí el calor de mi coche, escuchar su voz y la vibración de los bajos de mi yaris. ¿Dónde están los que quieren salvar el mundo? ¿Dónde están los protagonistas? ¿Dónde los que quieren dejar sus cadenas y volar?


domingo, 7 de octubre de 2018

Bajo nuestra araucaria

Y qué me das, letras y romances,
pasatiempos que están lejos de vocear verdades.

Y qué te doy, la reciprocidad del egoísta,
la inquietud de un ateo monoteísta.

Y qué espero,
tener un invierno encima de pinos,
un agosto bajo la araucaria,
una navidad sin acebo.

Pido perdón de antemano por toda la pasión exaltada y apagada, por las contradicciones que a veces ven pasar la tarde sin ningún motivo, los nombres de gente sin rostro que amenazaba el hueco que nos separaba.

Pido - a su vez- respeto por ese instante de valentía que desprendí a tu lado aun cuando sentía miedo, los kilómetros vacíos que llené con tu sonrisa al bajarme de un tren, el olor acre de una discusión frente a los tejados levantinos.

No vendo letras y era lo positivo de entregarte, desde el fondo de cada palabra, la emoción que sentía en ese momento.
No vendo letras, aquí hay autenticidad por los que rompen en llanto y los que llenan el aire con carcajadas.
No vendo letras, bajo la premisa primordial del predicador primerizo que fue capaz de prever el principio del amor privado.

Finalizo esto tras haber escrito con una estructura similar a lo que era lo nuestro: fría como un invierno en la playa sin acebo; repetitiva como la canción que me cantabas bajo la aracuraria.

martes, 18 de septiembre de 2018

A la cara, perla azul.

Dímelo a la cara porque tengo el cerebro estimulado,
quemado, acelerado, incorporando el honor de lo que siempre me decía a oscuras 
y en contra a lo que les decía a los que no te creían. 
Porque juego, porque miento, porque me niego.

No controlo y destrozo lo poco que me han puesto delante me lo como, 
accionando el impulso animal, el hecho de que soy mortal 
y parte de los que se niegan a negar las verdades impuestas de la sociedad.

Alcohólica y anónima, ¿qué más da? Si lanzamos lo atado y mantenemos lo que no tenemos. 
Esto pasa por no haber aprendido a dejarme llevar y, en vez de ver cómo el agua corre,
me recorro los instintos que las leyes físicas me obligan a pensar.

Submit en código rojo y un caballo que se posa sobre un muro. Y sabe que la contraseña es azul. Una perla azul. "Corre" lee en la cerradura y se activa la dopamina.

Silibina. Impulsos motores y nerviosos le recorren hasta la punta de los cascos. Y no corre. Vuela. Siempre supo volar. Siempre pudo volar. Dime que no puedo, dímelo a la cara porque tengo el cerebro estimulado, quemado, acelerado, incorporando el honor de lo que siempre me decía a oscuras y en contra a lo que les decía a los que no te creían. 

sábado, 8 de septiembre de 2018

Brava


Valoré las noches en las que el rocío caía por las flores de tu terraza, la última calada a un cigarro tras decir que jamás probaría otro. Me quedé atónito mirándote; lo hacía una y otra vez: tus piernas morenas cruzadas en un ángulo que no todos los esqueletos podrían imitar, una perfecta armonía entre sencillez y gusto. Dando un poco de esa esencia tan tuya al mundo, regando al universo con picardía propia de quien sabe que gusta, de quien quiere aprender de dónde salen los colores.

Y es que es fácil invadirte, invadirme. Por la falta de tacto que tuve al no saber tratar las curvas de tu inteligencia, las carreteras infinitas de tu extravagancia envolvente. ¿Cómo se puede pretender estar en el centro de tu vida? Si esta es un tornado en constante movimiento que baila al son de tus caprichos.

Llegué a ti atrapado como por el magnetismo de un imán cuya atracción es tan fuerte que cuando lo quieres separa acabas por romper la capa decorativa exterior. Y es que es precisamente eso lo que tú no tienes: no eres un yeso blanco pintado con un mensaje vacío, no tienes escrito el nombre de ninguna ciudad porque el mundo es tu bandera, ni sabes medir la temperatura de tu alrededor pues cuando llegar eres capaz de arrasar y helar a la vez. 

Eres de esos corazones que aguantan viento y marea, sol y salitre, nieve y relámpagos de las circunstancias; pero cuando te hacen un corte superficial a posta, sangras formando un río rojo de tristeza a costa de todos.

Y me gustas: compleja y libre, piernas enredadas, curiosa y con furia. Me gusta que te rebotes por lo que consideras injusticias, por el dolor ajeno aunque no te represente, por el despojo de los que olisquean y te faltan al respeto. Me gusta que sientas tanto. Brava.

martes, 17 de julio de 2018

DDG

Corría, fluía, volaba.
Apuntaba hacia arriba como el viento, atravesando los ritmos fluctuosos que traen los amores de verano.
Miraba perplejo el sonido del latido. Pum, pupum. Pum, pupum. Se repetía constantemente, de forma inalterable, invariable. Si cambiaba, sería para acelerarse o ralentizarse y si paraba, implicaba morir.

Porque los cambios no siempre eran para bien, pero eran y eso entrañaba una importancia tremenda. Quien está preparado para ello, quien sabe que la mayoría del éxito radica en insistir, esperar y atacar un 80%, 19% y 1% respectivamente sería una bala insaciable dispuesta a arrasar con todo.

Probablemente esos porcentajes no se habían ajustado en su interior y era la insultante juventud quien le atacaba en exceso cuando comenzaba una tarea; por ello, representaba un 70% del total la táctica inadecuada. Pero no se cansaría, él resistiría.

Parece que hay mucho incondicionales, qué no haríamos si supiéramos cómo afecta el peso del tiempo, el brotar de las decisiones. Una idea enterrada florecida con fuerza y ganas que acaba siendo un bosque en el que, el día de mañana, uno mira orgulloso por el legado que ha dejado. Eso también es cambio: admitir errores, superarnos cuando el "yo" del pasado fue estúpido y radical.

Admitir que una mujer es capaz de ocupar un puesto sin cuestionarle si es jefa; porque sería absurdo de igual manera cuestionarle si es mujer. Y es que cuando uno tiene claro lo que es no hace falta ni siquiera decirlo. Él lo tenía claro: sus pasos se convertirían en estrellas fotogénicas a las que todo el mundo admiraría y observaría desde abajo.

De nuevo, tampoco hace falta decirlo. Porque los cambios son. La clave es un 80%, 19% y 1%. La clave son las ideas, los ritmos, la fuerza y, especialmente, que el corazón sepa latir.

domingo, 10 de junio de 2018

B&W

Para curarse hay que darle tiempo al tiempo.
Para rendirse, siempre habrá lamento.
Y aquellos que digan una y otra vez un relativo "no puedo" son los que avanzarán sabiendo dónde están sus ganas, dónde arañan sus garras.

Siempre tengo fuerzas para más,
me guardo mis restaurantes favoritos en maps
y aunque no me guste admitirlo, 
tiendo a los blancos y negros.

Escucho metal tumbada en la cama 
y no me molesta lo clásico en álgidos.
Ten cuidado por si te muerdo el brazo,
me derretiré al buscar tu regazo.

Empiezo escribiendo verso y acabo juntando estas líneas, porque no soy poeta ni mujer, ni humana. No soy nada en un mundo que cambia, la definición de una anarquía monarquizada en la que soy la reina de un país desierto. No necesito un reino, no busco súbditos ni palmaditas en la espalda con desaliento.

Lo bonito de lo aleatorio es que siempre se puede seguir tirando del carro, por un camino u otro no marcado. Lo bueno de tener unos valores firmes es que puedes aplicarlos a cualquier cosa que hagas en la vida. Honestidad, respeto, disciplina y un poco de flexibilidad para construirme.

Porque aunque siempre haya tiempo para curarse, para rendirse, para arañar, morder e incluso para derretirnos de amor entre los brazos de desconocidos, vuelvo a la premisa de que todo cambia excepto los valores sólidos que uno tenga. 

Así, cuando todo lo que amas o lo que odias desaparezca y te quedes brillando sola en la inmensidad de un vacío inmenso, te tendrás a ti invariable y con un espíritu puro; llenos de fuerza, llenos de nosotros. Ahí, seguiré buscando mis restaurantes favoritos en google, aplicaré un poco de flexibilidad a mis blancos y negros.