sábado, 30 de enero de 2021

En un lugar lejos de Camdem

 Camdem Town Market, un  lunes lluvioso de un enero cualquiera. Hay muchas figuritas de cristal y colores. Hay sombreros. Hay un puesto de falafel que calificaste como el mejor de Londres.

Solías exagerar mucho con tus sentimientos. Una persona de extremos. De felicidad infinita que cuando te tira hacia abajo, te hunde en la miseria. Siempre apasionado. Enojado. Rap en quiebra que celebras con tu camiseta de Rap Solo. Yo fluyo morada junto los canales con mi gorro y un poncho. 

Me acuerdo que estuvimos hablando mucho sobre uno de esos temas que nos apasionan. Como si supiéramos algo de este mundo y tuviéramos más que nuestra opinión y una juventud maltratada. Me compraste un collar y casi lo rompo cuando intentaste ponérmelo por sorpresa.

Eras un manazas. Y yo un torbellino eufórico por estar ahí contigo. Vimos un fotomatón en frente de nosotros y entramos entusiasmados. Me intenté colocar el pelo, pero ya le habías dado al botón. Así que en un segundo intento, nos acercamos y me rodeaste con un brazo. El siguiente disparo fue sobre tu mano y mi mentón. Necesitaba una mordiéndote. Porque muerdo a las personas a las que quiero. 


Pero hoy no ha llovido en California. He ido andando al trabajo en Berkeley (como todos los días desde hace un par de meses). Me encanta vivir al lado de un colegio porque me cruzo a niños y familias que se despiden y se dicen "te quiero". Algunas veces los niños lloran porque no quieren ir al cole y me pongo a recordar cómo me encantaba ponerme el uniforme e ir a ver a mis amigas en clase.

No hay elegantes sombreros en un puesto. Pero me he encontrado una gorra verde con un elefante blanco. Aún no estoy segura de qué es, pero agradezco mucho a quien la haya dejado junto a otros objetos. Esto es común. Es una forma de reutilizar que funciona; una especie de ley no escrita.

He ido en mi descanso a dar un paseo y he podido oler la brisa que entra de la bahía mientras miraba a las montañas. Con unas nubes densas y enormes que parecían algodón. 

Miro la foto que me has enviado de Montana. No sabía bien cómo localizarlo en el mapa. Pero está lejos. Y fuiste con tus colegas de forma repentina. Me gusta que seas así de aventurero y que juegues con tu tiempo para hacer lo que te hace feliz.


Le agradezco a la vida que me haya traído por este camino. Es un placer estar esperándote a que llegues a "casa" después de un par de semanas sin verte. Ayer me dijiste que te inspiro; es un sentimiento recíproco.

Lo bonito de esto es poder exprimir el tiempo con quien te hace feliz, construir tu camino y aprender a mirar el pasado con dulzura.




sábado, 23 de enero de 2021

Es viernes y estoy enamorada.

Es viernes y estoy enamorada.

Estoy enamorada de la forma en la que idealiza los años 20. Con voces que te llevan al momento; incluso mimetiza con sus gestos cada uno de los sonidos de la escena.

Qué bonito poder darte por hecho y saber que estás ahí. Mirándome con orgullo y las ganas de jugar de dos chiquillos con las ganas de comerse el mundo.

Estoy enamorada de esa pequeña mantis religiosa que está de camino al trabajo. Representa cómo la constancia (y no tanto la autoexigencia) te puede llevar a hacer y a apreciar cosas maravillosas. La mantis, de unos 10 cm de larga, refleja los rayos de sol o el rocío de Berkeley cada mañana. Ese paseo que me da espacio para pensar, para respirar, para retarme.

Estoy enamorada de poder señalar siempre el norte en esta ciudad. A la izquierda la bahía; a la derecha la montaña. Es una pequeña concesión que me da la vida en este momento en el que tan inexplicablemente perdida estoy. Y tan adulta tengo que ser. Pero estoy enamorada de asumir la responsabilidad total de la carga que es mi vida.

Me encanta saber que soy mediocre para algunas cosas. Y que no pasa nada. Pero estoy jodidamente enamorada de saber que eso no implica no ser la mejor en lo que tú haces.

Estoy enamorada de darme cuenta de lo mucho que quiero la honestidad que tenemos en la terreta. El contraste cultural es real y -aunque esto no sé si me gusta o lo odio- cada vez formo más parte de esto. Tanto que ya no me doy cuenta de lo que antes era estridente. Porque estoy aprendiendo lo humana que soy y que nadie tiene totalmente la razón; dependerá muchas veces de las gafas que te hayan prestado.

Estoy enamorada de mi casa. Por muchos motivos. El primero es que es mi refugio en esta tormenta. Un oasis en el que me recupero tras haber estado en el ojo del huracán. Y he hecho un templo de ella; que se ha construido solo. Que me ha construido a mí. Estoy descubriendo esta faceta mía y me gusta quien soy. 

Me encanta que muchas cosas me den igual. Me da igual que alguien se enfade conmigo si siento que no está siendo empático. Confío en mi instinto. Me da igual lo que piense la gente. Me da igual tener que reconocer mis errores. Me da igual tener que recordarme que cometo fallos porque sé que soy de naturaleza ansiosa.

Y me da igual. Porque no me culpo por el descontrol que puedo ser a veces. Pero quiero mejorar y encontrar equilibrio.

Me encanta saber un poco más de velocidades. Que no sirve de nada ir a 200km/h si, de repente, aparece un muro en tu vida que te hace bajarte del coche de la hostia. Y duele.

Y te quedas tirado.

Pero sabes que un día volverás al volante y volarás de nuevo a 200km/h. Porque ya lo has hecho antes. Siempre lo haces.

Y también me gusta saber que estoy dispuesta a esforzarme por reducir la velocidad para poder disfrutar más del camino. Porque eso es importante.

Me encanta escribir joder, esto sienta muy bien.

domingo, 3 de enero de 2021

2020

Gracias por venir a leer.  Quiero hacer un resumen de mi 2020.

En enero sería la última vez en visitar con mis amigos el muelle en Santa Mónica. Y San Diego me ofrecía una de mis últimas fiestas.

Un febrero inocente e iluso con ganas de volver a casa. Con un marzo duro en el que se dejaba claro: había una alarma mundial. Familiares y amigos perdiendo el trabajo, la ilusión, el contacto consigo mismos.

Para aquel entonces ya hacía tres meses que tenía mis dos tatuajes "Allow" and "Inspire". No sé cuántas veces me dije en el Yosemite que debía repetirlo cuando algo fuera mal. Esas dos palabras resonaron. Nueva ciudad. San Francisco. Sola. Con Jordan. Un trabajo que no entendía. Una ciudad que sin duda me consumía.

Estaba viva y evolucionaba implacable hacia una península sucia. Inerte. Vacía. A las 9 se repartía el crack en frente de casa.

Una de las noches, vi a un ángel. Mi vecino me salvó de que tres sin techo me robaran. Yo estaba en un portal paralizada de miedo. Estaban cerca. Demasiado cerca.

Abril me sirvió para conectarme con una parte de mí que no conocía. He fumado como una camionera. He llorado todas las noches en aquella azotea. Mirando a través de un mar de dudas en un piso 13. Me seguía doliendo haber sido estafada. Era vergüenza por no saber cuál era mi lugar y cuál era el siguiente paso.

También, aprendí a comunicarme a través de una pantalla. Y qué es posible un nuevo estilo de vida sin tantos desplazamientos. La pandemia demostraba que éramos valientes ante la incertidumbre. En casa ya llevan un mes encerrados. Papá está en el hospital y le duele al respirar. Tengo pesadillas constantemente y trabajo 12 horas diarias.

En mayo decidí volver al sur tras haber perdido el Norte. Tenía que hacer el TFG. Estudiar para la última oportunidad en Ingeniería Genética y Molecular. No tengo seguridad social ni seguro privado. No tengo el permiso de trabajo para ese año. Por supuesto, cancelaron mi vuelo a España.

Llegué a Riverside a 80 mph en Jordan, dejándome atrás el cinturón que me regaló un chico de Tinder al que, a día de hoy, sigo apreciando. Puse La Santa de Bad Bunny y Javi y Gonzalo vinieron corriendo. El aire estaba seco y olía a casa. Papá estaba bien y me llamaba cada día para decirme que me quería.

Junio: TFG. Agobios. Calor. Nada que hacer. Engordo. Me lleno de complejos. Fumo. Me consumo y me avivo al entender que puedo con todo. Lo bordo en mi exposición.

Llega julio y le conozco. Stan Anderson. Un chico que enseña inglés a niños en República Dominicana. ¿Cómo no se me iba a caer la baba? Hablamos del canto de las ballenas. El día 4, nos besamos. Te emborrachaste y acabamos girando la botella. Tenía miedo de que no funcionase algo tan real como lo que notaba contigo.

A principios de agosto conocí al General Sherman. Me bañé en un río desnuda cerca de Fresno. Y rellené una piñata en su cumpleaños. Tengo la foto del momento exacto en el que todos nos agachamos a recoger  caramelos y condones del suelo. Qué alegría poder hacer una paella para tanta gente.

San Diego me quiso enseñar que encajo aquí. Y donde quiera. En el mar, con el pasaporte como escudo en el pecho; tras una reacción por la búsqueda de respuestas.

En septiembre, la dirección cambió a un barrio de casas blancas y blancos en sus casas. Fueron semanas en las que el tiempo y el calor me costaron mucha energía. Dejé de fumar y visite a Stan en Tahoe.

Es tan bonito como me habían contado. Y es gracias a esa espontaneidad por la que empecé a buscar trabajo en Berkeley. Bajo un cielo que iluminaba las llamas en California, me enamoré del alma que tiene este sitio.

Los días pasan en el calendario y puede que nos tengamos que volver a España. Marie viene a vivir a casa y estoy feliz de abrazarla.

La bici me distrae y me mantiene activa. También hemos ido al desierto a pasar la noche dentro del maletero. Al día siguiente pude ver el amanecer más bonito de mi vida en Joshua Tree.

Octubre. El mes de cambios, mudanzas, dejar atrás una etapa y saltar a una piscina a medio llenar. Siempre a medio llenar. Porque me contratan en un laboratorio cosmético y me mudo después de ver 14 casas. Empiezo a tener la filosofía de vivir con lo que tengo. Más humildemente. Escuchandome a mí y a mi entorno más. Stan tiene paciencia cuando lloro porque no encuentro mi tarjeta de la seguridad social. Todo cuesta mucho.

Carnet de conducir. Plantas. Noviembre ha sido un paseo agridulce en el que acabe comiendo pavo por Thanksgiving. Sentirse en familia junto con diciembre. Mis amigos me llaman y eso me hace sentirme bien. Les agradezco su tiempo conmigo, me he dado cuenta de que vale oro.

Es Navidad y ha acabado todo. Me propongo nuevos retos y tener una actitud que me ayude a no hacer de pequeños problemas grandes discusiones. Porque la vida es complicada y se va a poner más jodida.

Pero estoy enamorada de esta aventura y de en quién me estoy convirtiendo.

Quiero abrazar a mi familia. He descubierto valores que pensaba que no tenia y tambien he cerrado capítulos con ayuda de la distancia y todo lo bueno que me rodea. A mis hermanos: cuando os veo en las fotos, algo me aprieta el corazón. Os quiero.

 

 

Gracias.

jueves, 24 de diciembre de 2020

Que a gusto al sol.

Todo está yendo rápido y lento, como el ritmo del agua en aquel río en Mariposa.

Te miro y me fijo en tu piel; rezuma claridad y juventud, justo como la sonrisa que dibujan tus labios.

Puede verte en todo lo que haces sin darte cuenta como narrar tus acciones constantemente, fruncir el ceño cuando te agobias y esa chispa que arde en tus ojos cuando acabas una canción de esas que te llenan el alma.

Y me la llenas a mí. O será que escribo esto muy a gusto al sol. O lo bonito que te queda ese avión en el pecho y que se parece extrañamente al que tengo en la cadera.

---------------------

Everything is going fast and slow, like the rhythm of the water in that river in Mariposa.

I look at you and I notice your skin; it oozes clarity and youth, just like the smile your lips draw.

I see you through everything you do without realizing it: how you narrate your actions constantly, frowning when you are overwhelmed and that spark that burns in your eyes when you finish one of those songs that fill your soul.

And you fill mine too. Or maybe it is just that this sun feels better with you. Or how beautiful that plane looks on your chest and that looks strangely like the one on my hip.


martes, 27 de octubre de 2020

Hoy

Hoy, 
no hace más de 365 días que no te escribo.
Quizá solo haya pasado un suspiro desde que no te pienso,
pero parece una eternidad desde que no te siento.
Y a mí con eso me vale.

Hoy, 
tu nombre no suena a una daga cortando el aire.
Quizá solo haya una posibilidad de que no te mire con deseo,
qué suerte que he estado apostando con el azar.
Y parece que tengo el último as.

Hoy,
espero que mires al cielo y sepas que aún busco tu olor.
Quizá me acuerde de ti cada día,
aunque ya no te lo diga.
Y eso es suficiente.

Hoy,
sigo aprendiendo a bautizar cada emoción que tengo guardada para ti.
Quizá eso sea egoísta para el que ocupe tu lugar;
cálido, o gélido, o marchito, y seco.
Y ahora resueno yo. 

Sin sueños ni risas de en sueño o poesías vacías.
Una última frase que no sigue el compás,
porque mis dedos se aceleran al ritmo de esta canción que suena.

No puedo explicarte lo que daría 
por contarte qué sucede;
y tampoco expresar cuánto pagaría al pasado 
por dejar un hueco en blanco.

Porque hoy es una razón más,
un motivo menos;
otra emoción neutral.

miércoles, 2 de septiembre de 2020

After having met you


I don’t ride a Nimbus 3000,
a mí me dieron un premio por escribir,
Este mensaje dice así:
this is such a good shit.
You say I am praying for Beirut,
but you don’t even understand
how much I respect those roots.
While you’re looking at me on our roof
hablando sobre letras que cuentan quién eres tú.

Si quieres puedes llamarme Hermione,
ya sé que te has subido a este avión.
It is 4th of July and I have just started to drink White Claw
Aw
I don’t need you to be more wild
after all the songs you’ve compiled.
It’s a long time I write 20 degrees below,
but this is not a tie
cause where I come from we use Celsius and kilos.

Just see my mind.
Yeah.
And recognize it,
that plain has a Spanish flag.
You are still a tourist in Madrid.
Hawaii, New York or Bagdag,
Are you ready to start?

Cambia la escala, busca otras palabras,
que si soy independiente, no vas a jugar con mi mente,
tu baby girl está caliente y quiere que le claves los dientes.
The only time I want to fight
is when I got you behind.
Let’s “kayak” at night,
don’t worry, you’ll be right.

I don’t relate to your ex,
Those stormy eyes deserve a mujer.
I am hotter than dragon’s breath
And all I want to do is to sit on that face.

Does your alter ego know how to rhyme?
It seems incredible you think
I don’t know when playing cards
Being in California with you feels so good.

A las siete de la mañana fumando en el desierto
o como cuando me besas y me dejas sin aliento.
Si ese es tu alter ego,
deja que yo le haga un hueco.

Just see my mind.
Yeah.
And recognize it,
that plain has a Spanish flag.
You are still a tourist in Madrid.
Hawaii, New York or Bagdag,
Are you ready to start?

Just see my mind.
Yeah.



sábado, 11 de julio de 2020

Stormy eyes

¿Qué estás haciendo? ¿Por qué tienes que tener una tormenta en las pupilas y un avión en el pecho justo cuando lo único que puedo hacer es seguir volando? Con esa educación que a veces me desespera y me sorprende; como todos esos comentarios tan inteligentes. O como cuando te das cuenta de las cosas más allá; de esas que son imperceptibles para el resto pero en las que tú te fijas. Y me preguntas sobre ello porque eres curioso y porque te interesa saber qué reto tienes delante. 

Por lo menos eso es lo que me evocas: misterio y aventura. Puede ser que ahí recaiga la debilidad que despiertas: un efluvio de naturalidad cuando te recoges el pelo o reproduces unos beats con las manos para que seamos capaces de leer las letras que tienes en la cabeza.

Porque me las devuelves y me atraviesas cuando me miras y cuando no lo haces, hablando sobre la relación entre "¿cómo te explico?" y el color amarillo. Pensaba que era un pensamiento banal que tuve y que conectes ambos puntos es como despertar un día de lluvia en la montaña. 

Dices que he sido lo más interesante que te ha pasado últimamente, que te gustan los munchies que te traigo, los sitios que me vas a enseñar, que disfrutas del tiempo conmigo y que el resto de cosas son un bonus. Y después de eso, te escribo y me contestas siempre con unos "sí" que me desmontan. Y llegas con un acento raro (probablemente el mismo que tengo cuando hablo tu idioma) explicando cómo cantan las ballenas.

Mientras, debo pretender que no se me cae la baba al mirarte. Que no me da miedo empezar este juego. Que no me estoy enamorando de tu parte de artista, del espíritu americano libre pero humilde a la vez que parece que llevas por bandera, de cuando me miras al tirar una lata cerveza. 

Ahora debo frenarme, no dejarlo salir y correr al 1ºA para sentarme en tu puf a mirar como llueve sol afuera, bajo esta Montaña de California, bajo Júpiter o lo que sea que haya allí arriba. Fingir que no me jode que llegues en el peor momento, diciendo "¿cómo te explico?" con tormenta en las pupilas.

jueves, 9 de julio de 2020

De gris a amarillo

Me cansé de escribir rimas que llevaban tu nombre, tu esencia y tu cuerpo. Todas las noches que pasé intentando entender cómo tenerme sin que estuvieras. Y aunque me decían que el tiempo lo cura todo, sigo desmoronada cuando escucho la canción que grabamos ese día de septiembre.

Eso sí, ya no es vacío lo que siento; se han tiznado mis letras de pequeñas motas de esperanza y alivio. Cómo me alegro de que la luna refleje un aroma distinto. Cómo me alegro de que no me cogieras el teléfono cuando te llamé. Cómo me alegro de que no estés en mi galería. Cómo me alegro de haber abierto la caja de Pandora en la que encerré quién era yo antes de nosotros. Liviana, tranquila, con recursos; un enorme "con" en lugar de ese "sin" en el que me encerré. 

¿Cómo se explica que un horizonte gris coja color sin que te des cuenta de que eres tú quien lo pinta? Derramar sangre no es tan malo después de todo siempre que a tu hipotálamo llegue aire fresco de alguna frontera distinta.

miércoles, 1 de julio de 2020

Ballenas

Me encantaba escribir al final del día aquello que me había gustado de ti. O de nosotros. O un recuerdo rápido y banal que evocaba aquel septiembre.

Era bonito. Como cuando hablábamos horas sobre el canto de las ballenas y cómo la canción que llevas por bandera te hace ser de cara a los demás.

A veces la melodía estaba tan vacía de ritmo que acababa muriendo en mis oídos con un portazo. Y es que enturbiar momentos con un veneno tan interno te hunde en el océano. Puede que nunca fuéramos ballenas, sino un par de peces irreconocibles el uno por el otro. O quizá simplemente predicábamos cosas distintas.

Anhelo escribirte cada noche. Pero el dolor que sentía por no nadar libre me ahogaba en una inspiración absoluta. Como un orgasmo que no te deja respirar, o esas cosquillas que rozan lo desagradable y lo placentero a la vez.


viernes, 26 de junio de 2020

Un invierno que no dura tanto

Y si este invierno dura mucho
y me descolocan las ramas sin hojas;
sin un rayo de sol,
sin tenerte sonriendo con las cejas.

Y si cuando me hundo no soy capaz
de mover mis brazos;
porque me dejé las aletas 
en la playa en la que nos despedimos.

Y si cada bocado me sabe amargo desde entonces
y el vacío de otros besos solo me recuerda
que sigue doliendo como si desgarrara el alma.

Pondré música, 
con una letra adaptada a las peores pesadillas.
Pondré tierra de por medio,
hasta que solo quede poner la otra mejilla.

Por eso brilla,
la vida que pasa incluso en eneros largos,
cuando febrero desgarra pero marzo amanece tranquilo,
y un abril fundido con mayo 
en el que me miré hacia dentro.

Junio, un nuevo camino.
En julio puede que deje de estar dormido.
Agosto me hizo perder la memoria
entre sal, sudor y abrazos.

Hasta que septiembre me devolvió a la realidad,
que octubre no tiene porqué ser triste,
ni se me abrirán las carnes en noviembre.
Solo queda el fin de diciembre, 
un año más experta en la dura apuesta
de un invierno que no ha durado tanto.


viernes, 19 de junio de 2020

Accurate mistery

There are no losses. There are mistakes.
There's no evidence. There's forgiveness.
It's not significant. It's essential.

Everything is qualifiers and flowing in the tide between right and wrong decisions, who can say that knows himself?
Who says that nights are unimportant and days expendable?
Who knows how it's to have balls?
Who knows?
Shortening the sentences to simplify what I mean: strength has arrived.

It has always been there, extinguished in embers and trying to show up in the moments of weakness; those in which the air shouts out imperceptible truths to you.

Like when your ankles go around a hole you know you're not going to fall into.
Like the advice of a friend you decide not to scrupulously follow.
Like a love you need to get rid of so that it doesn't keep burning you.

But you are the fire and then you start it all. Plunging those nights into an infinite light that brings you peace. Because nothing was ever more wrong, or forgivable, or essential. Because qualifiers become irrelevant and there is no judge to announce the sentence.

You begin to shape yourself, to open your mind with every "click" that wakes you up when you see that it is not Thursday for everyone; that you will be confused even as the years go by, and that is the best thing that can happen.

I will not think again "I wish every mile I walk would speak", my silences are already there to say it all. And you, like a mass of carbon orchestrations, trying to order a thread of thoughts that can only materialize in one thing: gratitude for how you are discovering that path.

An accurate mystery in which the wind blows again, saying that you may not be so wrong. Saying that there are no losses, just mistakes.
Saying there's no evidence, but forgiveness.

Encouraging you to take essential things in life.

domingo, 14 de junio de 2020

Es más sencillo que todo eso

Quién eres tú viene definido por una infinidad de variables; casi o más complejas que las mías. Por esa red de experiencias, creo en la sinceridad. En la claridad. En no esconderme detrás de una fachada por no saber cómo reaccionar.

Eso lleva a que me planteé varias cosas: 
Puede que esa imagen que me he hecho de ti no sea la acertada y que deba fijarme más en cómo reaccionas; porque sí, se puede hablar de todo por carta, email o código morse. 
Puede que a veces idealicemos a ciertas personas porque necesitamos hacerlo y que sea así cómo, la mayoría de las veces, nos llevamos decepciones.
Puede que te haya dado un voto de confianza demasiado rápido y que te haya superado (recordándome porqué no lo hago normalmente).

No quiero escuchar cosas que no son verdad, el día que eso llegue espero que alguien me de una dosis de realidad. Pero, evidentemente, si estás preguntando es que buscas una respuesta y está feo divagar después de obtener lo que quieres. 

Puede que lo único que te esté comunicando es que quiero saber quién eres de verdad (y sé que esto es pedir mucho de primeras); si quieres conocerme de verdad (esto es aún más todavía).

Y si me voy, no te preocupes, que yo siempre vuelvo cuando algo me interesa. Mientras, seguiré diciendo que yo soy yo (con mis variables) y en ese caso me refiero a estar para los míos cuando necesiten Lolaterapia. No le cuelgo al mundo, le dejo esperando de la forma más adulta que sé, sin dilemas ni preámbulos. ¿O acaso no ha habido suficientes olas de sinceridad como para saber que no huyo?

miércoles, 10 de junio de 2020

Majestic scars

There are people who have been your heaven.
There are dates you remember more than your birthday.
There are scars that are majestic with your skin.
There are memories that are an energy boost when you drink them all at once, after a long time.
There are steps that are the whole way.

But those people could have been hell. It was raining for those days. Those wounds were bleeding. Those moments burned. That journey was dragging your soul.

The minutes passed and you didn't call. It was Christmas and I never sat down to eat with you again. I contacted you and you declined my calls. Everything was cold and lonely, and it kept hurting. The conclusion was that you didn't come back, that you didn't want to know who I was becoming.

With the idea that spring always returns and that flowers grow and wither, it is clear to me which of these two stages we are in.

I didn't plan how I was going to bloom. I didn't imagine where I wanted to be in a few years. I didn't stop punishing myself for your crimes, but that didn't stop me from pleading not guilty.

So even if I don't dedicate this poem to you now,
you are the source of my inspiration.
You are the least important thing in the balance.
I had to take away your importance in order to see the sky, to cheer celebrating these ten years, to tattoo that my wolves were (and are) chasing you, to remember you like caffeine and not as a lack of dopamine, to steal every teaching from the path.

viernes, 5 de junio de 2020

Cicatrices majestuosas

Hay personas que han sido tu cielo.
Hay fechas que recuerdas más que las de tu cumpleaños.
Hay cicatrices que quedan majestuosas con tu piel.
Hay recuerdos que son un chute de energía cuando te los bebes de golpe, tras mucho tiempo.
Hay pasos que son el camino entero.

Pero esa gente pudo ser infierno. Esos días estuvo lloviendo. Esas heridas sangraban. Esos momentos quemaban. Ese recorrido arrastraba tu alma.

Pasaban los minutos y no llamabas. Fue Navidad y no volví a sentarme a comer contigo. Te contactaba y me rechazabas. Todo era frío y soledad; y no dejaba de doler. La conclusión era que no volvías, que no querías saber en quién me estaba(s) convirtiendo.

Con eso de que la primavera siempre vuelve y de que las flores crecen y se marchitan, tengo claro en cuáles de esas dos etapas nos encontramos cada una. 

No planeé cómo iba a florecer. No imaginé dónde quería estar en unos años. No dejé de castigarme por tus delitos, pero eso no hizo que me acabase declarado inocente.

Así que aunque ahora no te dedique este poema a ti,
eres la fuente de mi inspiración.
Eres aquello que menos pesa en la balanza.
Tuve que quitarte importancia para poder ver el cielo, para celebrar estos diez años brindando, para tatuarme que mis lobos te perseguirían, para acordarme de ti como cafeína y no como carencias de dopamina, para robarle al sendero cada enseñanza.

sábado, 30 de mayo de 2020

Bombas de jabón

Y mientras tú te sentabas en el porche, delante de mí con esa sonrisa que meses antes me desmoronaba, encontré un vacío que llenaba con excusas de tiempo. Sí, las "excusas de tiempo" consisten en atribuir que el recuerdo de un momento feliz pasado se debe a una bajada en la relación. Pero tú sabes en el fondo que no es verdad y, por eso, son excusas. 

Me mataba verte bailar pero no ser capaz de escuchar la música, ver cómo llenabas pompas de jabón con tu amor y que me explotaban en la cara como dagas de desencanto. No es culpa tuya. No es culpa mía. No es culpa del tiempo. No hay culpables.

Solo hay un cobarde delante de ti que grita en silencio para que alguien le saque de ahí. Pero estamos aquí, ¿no? Estamos sumergidos en una red de lazos trazados por nuestro entorno y un experiencias que me dicen "eh, aguanta un poco más, por ella". Y permitiendo que el pulso me tiemble lo justo como para no destrozarte, empiezo a ver en tus ojos el desconcierto.

Ya no estoy enamorado. Ya no quiero que seas mi musa de un cuento desquiciado. Mi cuento desquiciado. Mis dudas. Mis (no) decisiones. Quiero volar, escapar, huir. Puede que cambiar el verbo y definir mejor lo que hago a tu parecer te haga esto menos doloroso. Puede que equivocarme no sea tan malo, después de todo esto es una bomba de relojería cuyo estallido aún no tiene hora.

Me entrenaron para sobrevivir al 100% de mis días malos; nadie me enseñó cómo sobrevivir a los nuestros; siempre me resultaron imposibles los tuyos. Supongo que a veces nos aferramos a algo que queremos a través de personas que nos aportan estabilidad, por comodidad. Mientras a fuera existen anclajes menos sólidos que te hacen tambalear y enamorarte de los momentos. ¿Cuándo fue la última vez que caí rendido de amor respirando? 

Quiero vivir en una deliciosa tarde de verano; de esas en las que está anocheciendo en la playa y la arena roba el calor remanente. Con el pelo enredado por la sal, la piel erizada cuando te separas de la toalla, las mejillas sonrosadas reflejan sol y alegría, la cerveza sabe mejor que cuando estaba fría y el horizonte se degrada de tonos rosados al azul de la noche. 

Lo tengo claro. No eres para mí. Nunca lo fuiste. Y no te falta nada, pero yo me sobro de toxicidad encubierta. Me levanto de tu porche, te miro a la cara y lo veo. La desilusión, el terror a mis palabras, tu alma en mil pedazos. No hay nada que decir, tú sola estabas desenredando cada uno de los motivos que nos habían llevado allí. Te miras las manos pálidas, cierras el pompero, cortas la música, pongo punto y final.

Pasará el tiempo y te miraré sonreirle a otro, con nostalgia pero con más sangre en mis venas. Dirás que fui el verdugo de una etapa feliz, pero es el rencor acumulado. Listarás las razones por las que estás mejor sin mí, no te atacaré por ello. Porque aunque probablemente, para entonces estaré más perdido que ahora, seré el dueño de un faro que habrá comenzado a brillar.

domingo, 10 de mayo de 2020

No soy tan "yo"


Parece que tengo una piel pegada. Una que no me pertenece, como en la frontera de un universo distinto. Lleva escrito "culpa" y dice que viene a cobijarme. Pero me pesa y no me calienta, me asfixia y me plantea mirarme a dentro. ¿Qué me atormenta? ¿Soy tan mala por decirle adiós antes de lo previsto a una oportunidad con la que muchos sueñan?

Ese mismo miedo que no me deja perderme por esta ciudad maravillosa. Conocer a un local y tener una aventura. O una local. Y tres aventuras. Quería ver Twin Peaks inundado de parejas que se quieren por una noche. También apostar con un nuevo amigo que el que viera más graffitis de pájaros en la ciudad tenía derecho a una cerveza gratis en el nuevo "bar de siempre" que está en la esquina de Turk con Hyde. Y poder gritarle al Golden Gate desde un barco por la bahía que luego lo recorrería en bici, como cada jueves por la tarde. Quería escuchar una banda tocar a lo lejos y tener que subir una cuesta para disfrutar de las notas.

Y la realidad es que ha sido una sobredosis de tantas subidas y bajadas; estímulos que han sido demasiado. Lo admito, hay algo que se ha roto. Algo ha cambiado lenta y progresivamente. Y quiero repararlo pero por más que me miro hacia dentro, busco dónde está la grieta y no consigo verla. Estoy asustada por cosas imperceptibles y no soporto esta presión.

Yo estoy aquí pero no puedo verme, al igual que en este espejo estoy encerrada en un mar abierto. Menuda locura, quizá así se sentía Alicia cuando un gato le sonrió. ¿Soy yo misma la saboteadora de mi sueño? Me he dado cuenta de que hay algo mucho más doloroso que la decepción y es el perder de vista aquello que siempre te habías considerado. 

Quizá no soy tan valiente, quizá no soy tan "yo".


viernes, 17 de abril de 2020

Sr Okamba

Desde pequeña aprendí a trepar por mi cuenta;
y  aunque nunca creí en los cuentos, 
he entendido que si me lo propongo
no me parará ni el viento.

Y en medio del huracán,
aunque el frío me entorpezca;
treparé cada centímetro de esa corteza
por conseguir tu corazón
y ser dueña de tu amor.
¿Qué más puedo decir?
si me dejaste sin razón.

Desde que te vi, empecé a sentir
que mariposas salían del letargo dentro de mí.
En medio de aquel bosque solitario y peligroso,
me dijiste ¡Ten cuidado que puede haber osos!
En el Yosemite,
canto y bailo entre las ramas,
esos primeros metros no me pusieron trabas.

Pero entonces me pesaba el cuerpo,
me dolía y estremecía sin entender qué había abierto:
una caja de Pandora, un ritmo que me atonta;
¿o será esa sonrisita cuando bailas una conga?

Y no importó porque ni las cuestas
pueden parar un llama que no cesa. 
Me ayudas a deshacerme de todas las maletas.
Me calmas y a la vez me tensas
si me pides que me bañe contigo en la bañera.
Ese fuego que en las manos quemaba
cuanto más cerca de la cima estaba.

Con un sistema de puntos me hiciste ver verdad:
que tus actos al cielo o al infierno te pueden llevar.
No hay blanco ni negro contigo
si entre todos encontramos la salida al laberinto.

Hazme reír como si no hubiera mañana,
por fin te vislumbro arriba;
y desde aquí puedo besarte la barbilla.
Pero eso ya no me preocupa más,
si mi año empezó como debía empezar,
bajo fuegos artificiales en un cielo dorado,
proyectando el beso de quien había encontrado.

Como me gusta Baobab.
Muchas gracias, de verdad.

viernes, 10 de abril de 2020

Florecer en abril

¿Cómo se escribe una historia de amor cuando no sabes deletrear "amor"?
Si las dudas de lo que empecé a ver en ti y en mí, jamás llegaron a resolverse en un "nosotros". 
Si en el camino empecé a tropezar al segundo paso y el peso de tu adiós fue el título de mi historia. Los protagonistas de unas páginas en las que las letras no tienen orden ni concuerdan con los tonos de este corazón hecho pedazos. 

Solamente quería conocerme desde la perspectiva de tus ojos.
Solamente quería andar por una cuerda a tu lado.
Solamente quería desgarrar por una vez al miedo y pintar de otro color el cielo.

Lo que más me dolió, como una daga amarga y envenenada, no es que no seas tú. Esto es puro egoísmo; enmascarado de literatura hacia los demás, cuando lo que más me importa es que jamás encontraré a nadie a quien contarle mi historia de amor. Porque, despersonalizando tu figura, todos mis intentos de comprender a qué huelen los besos se esfuman como la fragilidad de las conexiones que establezco.

Siento dentro una sutura cosida con los hilos de cada fracaso, un hueco en el que tiro cadáveres de "loquepudoserynoserá". Como si este vacío se pudiera llenar con tener a alguien al lado, en vez de como realmente se curan las heridas: desde dentro y poco a poco.

¿Llegará el día en el que encuentre un remedio para la soledad y que realmente me aleje de este estado de letargo en el que tengo la sensación de haber vivido desde hace siglos? ¿Pasará el liviano calor de enero para dejar paso a un florecer en abril?

jueves, 2 de abril de 2020

Puzzles, mecanografía y bizcochos

Todos estamos aprendiendo mucho de esto. 
Cada uno a su forma,
algunos a frenar el ritmo y a ajustarlo con una realidad que se va ralentizando y acelerando a ratos.
Otros del silencio que te ofrece estar contigo mismo.
Hay quien se da cuenta de que nunca es tarde para acabar los puzzles que dejamos a medias, apuntarse a un curso de mecanografía o hacer los 165 bizcochos del libro de recetas. 
Y, sin embargo, todos nos estamos dando cuenta del tipo de sociedad que somos; de lo mucho que necesitamos ir a bares y terrazas o a dar un paseo.

Porque ahora somos conscientes que estar a merced de una tragedia mundial, nos puede pasar. De que somos vulnerables y tenemos un principio y un final.
Igual que un tsunami arrasa Haití o un atentado que se lleve por delante la vida de miles de personas. Pero ahora nos damos cuenta de la debilidad humana porque nos ha tocado de cerca y, precisamente hablando de tocar, necesitamos el contacto de los nuestros.

Recuerdo cómo me emociona ver lo mucho que mis amigos quieren a su familia:
Ainoa se apunta a un reality show con su abuela, a la que adora. 
Marta me trajo un pan casero que hizo, con el que pude disfrutar del cariño que cada bocado de esa masa me demostraba.
Arnaud se tiró minutos abrazando a su perro después de meses sin poder jugar con él.
Cómo estar 5 minutos en el Chillax para hablar de nuestras cosas es un gesto de quienes no compartimos apellido pero nos queremos con naturalidad.

Y es que creo que nunca había estado preocupada. Hablo de estar realmente preocupada. Leo las noticias que me llegan de mis seres queridos por la mañana y me tiro las noches desvelada (puede que porque en este país no saben lo que son las persianas). O por las sirenas de policía que escucho cada dos por tres. O por la incertidumbre de todo.

Gracias a los que me escribís y llamáis. Resulta que me doy cuenta de que aunque hace tiempo que no hablemos y distancia de por medio, la gente buena que ha pasado por mi vida sigue estando de una forma u otra.

La lección que estoy trabajando para que se me quede grabada a fuego no es estar conmigo misma. En este caso, creo que estoy aprendiendo a manejar el perdón. Quiero perdonarme por las veces que no he bailado, reído, perdonado, pedido perdón, sido valiente o agradecida, por mi manía estúpida de no saber dar abrazos largos; y que ahora echo de menos.
Así que voy a intentar aplicar los puzzles en los que tienes que observar y encontrar soluciones, la mecanografía en la que trabajas de forma disciplinada o hacer un bizcocho con cariño y sabor a este momento para defenderme de la situación. 

domingo, 22 de marzo de 2020

Una palmera en el ojo de la tormenta


Hacía meses que no le decía tantas veces a mi padre “te quiero”. Y muchos que él no colgaba cada llamada recordándomelo a mí también. Puede que nunca nos lo hayamos dicho el uno al otro tantas veces seguidas.
Pero también hacía mucho, por no decir “nunca”, que no me enfrentaba a una situación así. Hoy es sábado y tan solo lo sé porque lo marca el calendario. No hay nada que me evoque el día de la semana que es: no tengo que ir a clase, no tengo ninguna reunión, no tengo amigos con los que quedar hoy para contarnos qué tal ha ido la semana.
Todos se han ido. Mucho se ha acabado. Y aunque me siento como si estuviera en un sueño en el que soy una palmera doblada en medio de un huracán, sé que no acabaré partiéndome en dos y dejando un tronco roto. Siempre he sido una pieza completa, pero parece que últimamente no hay “siempre”, ni “nunca”.
Hoy he sido muy tonta y muy lista a la vez. Alguien ha lanzado una moneda al aire y ha caído de canto, dejándome al descubierto y con poca capacidad de acción. Me han robado, y lo sé, y poco puedo hacer. Pero no es solo el dinero, me duele cada pensamiento que desencadena la situación del coronavirus. Me duele por mi futuro, por el de la gente que vive en la calle y sé que puede morir. Me duele por mi familia, por mis amigos. Me duele por Javi. Me duele por mí.
Hemos declarado lo que ha pasado, tengo pruebas de todo, tengo la razón. No sirve, ¿por qué? Porque el mundo no funciona así; el mundo es un lugar en el que gana más veces el diablo que el bien. Y en el que existe egoísmo por un paquete de arroz. Existen las enfermedades que arrasan con todo y dejan un vacío de verdad, no como el que sientes solo cuando se cancela un viaje que tenías planeado; es más del tipo no poder volver a ver a quien quieres.
Y quiero que mi mundo sea uno en el que mi padre me escriba “qué haces golfanta? Ponte a estudiar” en vez de uno en el que me dice “No te vuelves loca que le den por el culo al dinero. No vayas a sitios con riesgo de coronavirus. A veces $4700 no es nada; hay otras cosas que valen mucho más. Eres muy joven todavía para aprender eso pero hazme caso”.
Siempre tienes razón. Bueno, no siempre, pero te quiero con toda mi alma.

Llevo un rato en blanco. No sé qué más puedo decir porque solo me apetece llorar. ¿Por eso acabo con un “te quiero”? Porque son dos palabras que lo dicen todo cuando no queda nada más que añadir. Como esos finales de película que son broches perfectos y que tanto me gustan.
Cuando lloro, no me salen las palabras. Me acuerdo cómo solía pensar que era porque el cuerpo y la mente son tan inteligentes que van al mismo compás. Cuando la cabeza necesita limpiarse, el cuerpo la ayuda poniéndote un límite para que no te salgan las palabras. Tu mandíbula desatada te ruega que te centres en sacar lo que tienes dentro. Las lágrimas escuecen en los ojos para que los cierres y mires lo que tu interior te quiere mostrar. Las manos están frías y cuesta moverlas para que ni siquiera dejes que tu comunicación verbal hable por ti.
También tengo presente que el globo terráqueo tatuado en mi espalda me recuerda cómo los segundos y los minutos son tan solo la invención del hombre para contabilizar el tiempo. Un tiempo que pasará a la misma velocidad independientemente de cómo esté yo. Porque la Tierra seguirá girando; me suba o me baje del carro.
Y también recuerdo como Mari me dijo “crécete ante las adversidades, porque van a ser muchas”. Soy valiente o al menos me he mentido suficientes años como para creérmelo a estas alturas y no abandonar. Me he quedado aquí, asumiendo las consecuencias y, ahora que Conse y Cuencias han llegado, les voy a plantar cara de la mejor forma que sé.

A palm tree in the eye of the storm

I haven't said "I love you" to my father that many times in months. And many that he didn't hang up every call reminding me too. We may never have said it to each other that many times in a row.



But it was also a long time ago, not to say "never", that I was not faced with such a situation. Today is Saturday and I only know that because it's on the calendar. There's nothing to remind me of the day of the week which is: I don't have to go to class, I don't have any meetings, I don't have any friends to meet today to tell us how the week went.
Everybody's gone. A lot of it's over. And although I feel like I'm in a dream where I'm a bent palm tree in the middle of a hurricane, I know I won't end up splitting in two and leaving a broken log. I've always been a whole piece, but it seems like lately there's no "always" or "never".

Today I was very stupid and very smart at the same time. Someone flipped a coin and it fell on its side, leaving me exposed and with little capacity for action. I have been robbed, and I know it, and there is little I can do about it. But it's not just the money, it's every thought that triggers the coronavirus situation that hurts me. It hurts me for my future, for the future of the people who live on the street and I know they can die. It hurts me for my family, for my friends. For Javi. For me.

We have declared what happened, I have proof of everything, I am right. But still not fine, why? Because the world doesn't work like that; the world is a place where the devil wins more times than good. And where there is selfishness for a packet of rice. There are the diseases that wipe out everything and leave a real void, not like the one you feel alone when a trip you had planned is cancelled; it's more like not being able to see who you love again.

And I want my world to be one in which my father writes "what do you do, wolf? Go study" instead of one where he says "Don't get crazy about money. Don't go to places where you're at risk for coronavirus. Sometimes $4700 is nothing; there are other things worth much more. You're too young to learn that, but take my advice."
You're always right daddy. Well, not always, but I love you with all my heart.

I've been blank for a while. I don't know what else I can say because I just feel like crying. Is that why I end up with "I love you"? Because they're three words that say everything when there's nothing else to add. Like those movie endings that are perfect pins and that I like so much.
When I cry, I don't get the words. I remember how I used to think it was because the body and the mind are so smart that they go at the same pace. When the head needs to clean itself up, the body helps it by putting a limit on the words. Your untied jaw is begging you to focus on getting what's inside you. Tears sting in your eyes so that you close them and look at what your insides want to show you. Your hands are cold and hard to move so you won't even let your verbal communication speak for you.

I am also aware that the globe tattooed on my back reminds me how seconds and minutes are just man's invention for counting time. Time will pass at the same speed regardless of how I am. Because the Earth will keep on turning; never mind if I am in or out.

And I also remember how Mary told me "grow up in the face of adversity, because it will be many rocks on your way". I am brave or at least I have lied to myself enough years to believe it at this point and not give up. I have stayed here, assuming the consequences, and now that Conse and Quences have arrived, I am going to face them in the best way I know how.